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Inicio / Lista de Foros / Literatura :: Cuentos *SUPER* cortos / Ponle cuento al poema VIII - [F:2:117]


alqutun,27.12.2002
Donde vas de madrugá
con mantoncito de flecos
y la carita tapá
 
AnaCecilia,27.12.2002
Donde vas de madrugácon mantoncito de flecosy la carita tapá

María


María tomó su bolso apresurada, para arrojarse a los brazos de la noche. Cansada, caminó las calles de su adolescencia, ahora vestida de otras ropas. Sus ojos negros asomaban en la oscuridad, como dos escarabajos brillosos, escapando de los comentarios; debajo, el colorido de la blusa se perdía en el borde de sus pechos; gigantes; airosos; para terminar en una pollera diminuta, encima de los glúteos. Y sus tacos se incrustaban en las sombras que la llevaban al amanecer, bajo un semblante trasnochado; en una suerte de autopista al olvido, donde los autos esquivaban el bosquejo de su piel, aturdida en la penumbra. Ya cuando la luz, comenzaba a infiltrarse en la ciudad dormida, su cara era cubierta con un enorme mantón, por cábala o pudor, para terminar el día de “trabajo”, a costa de los transeúntes. Dicen que ese día su regreso fue coartado por un hombre, que después de golpearla brutalmente, le murmuró al oído: “Donde vas de madrugá
con mantoncito de flecos
y la carita tapá”.

Ana Cecilia.
 
maravillas,27.01.2004

-Dónde está mi mantón negro, Rosa?, si, el de los flecos.

-Todas las noches la misma historia Candelaria. Y ayer era la del alba cuando llegabas, con la cara arrebolada y un brillo en los ojos qué!…, miedo daba verte, y mas espanto mirarte!.

-Y dale, Rosa, y dale .... A ti qué te importa?. Dime dónde esta la mantilla, y calla!. Sigues obcecada y furiosa. A ti qué mas te da, tonta?.

- Me da!, claro que me da!. Un día se va saber todo, niña. Y nos vamos a tener que ir del pueblo. Ya! ya,…, ya sé que no te importa, pero antes me harás sacar todos los ungüentos y pócimas de la jícara para curarte ese alma manida de tanto ofrendarla; y querras que le dé al corazón un buen masaje, para que salga de ese arrechucho que te está trastornando el sentido. No ves, que estás como ida?. Que pasas el día sólo esperando la noche, niña.

- Tú, qué sabrás, Rosa!. Ya estás con tus imaginerías y tus aprensiones. ¡Me quiere! , Rosa, ¡ me quiere!, y yo tengo el alma loca.

-Por eso sales arrebujada, Candelaria, con mantoncito de flecos y la carita tapá?; viniendo de madrugá?, -dime-.

-Siii, de madrugá, vengo!. Todita embriagada de luna y.., los oidos llenos de escuchar luceros. Como embalsamada en palabras. Ay Rosa , y el cuerpo!. El cuerpo de labios lleno y embarazado de besos.

- Dónde vas de madrugá, -niña-, con la carita tapá?.

-No voy, Rosa, ebria de amores, vuelvo!.



 
NINIVE,29.01.2004
El tonto del pueblo cantaba una copla en el medio de la plaza mientras la gente salía de misa. Lo miraban con compasión y pocos reparaban en sus palabras.
¿"Dónde vas de madrugá
con mantoncito de flecos
y la carita tapá"?
El novio de Carmelita notó el temblor de la que sería su esposa en pocos días y que su carita de santa se demudaba.
_ ¿Qué te pasa?
_ Me dió frío_ ciñó el mantón a su cuerpo.
_¿Frío? pero si debes tener fiebre, tu cara está roja como una llama.
 
alqutun,29.01.2004
Magnífica historia Nínive. Gracias por tu aportación.
 
NINIVE,01.02.2004
test
 
alqutun,31.10.2005
Busco escritor/a que se anime a continuar, el tema se presta. Ánimo, vista y al toro.
 
Gadeira,03.11.2005
SOLEÁ
(Una noche cualquiera de finales del siglo diecinueve , en una ciudad del Sur de España.)

Soleá, abandonó la mancebía en cuanto despachó al último cliente. Eso hacía ella con su sexo, despacharlo como si fuese una mercancía para vender a granel al primero que asomara por el mostrador preguntando por ella.
En el umbral del 31, el brazo flácido de la Lola, la puta mayor,” La madame”,como se hacía llamar ante los clientes, impidió el paso a la joven mientras mostrándole la mano derecha extendida, conminaba a Soleá a darle las tres cuartas partes del jornal sacado aquella noche.
De un golpe y con la mirada asqueada, la joven depositó el dinero en la mano de la mujer y salió a la calle. Si se daba prisa, aun podría coger abierta la tienda del Saturnino y llevar queso y vino a su padre.
El ultramarinos estaba vacío, a Saturnino se le escuchaba toser en la trastienda .La ocasión se las pintaban calva .Soleá echó mano de un cuarto de queso y una botella de manzanilla y salió corriendo del local como alma que lleva el diablo. Alguien desde el otro lado de la calle se había percatado de los movimientos de la joven sin que ella se diese cuenta..

Al cruzar el puente…
-¡Eh!.¿Quién anda hay?.¡quién anda ahí le digo!.¡Alto a la Guardia Civil!.
Soleá inmutada se abrió paso entre las sombras.
_Hombre…¡Pero si es la Soleá.¿Se puede saber dónde vas de madrugá con mantoncillo de flecos y la carita tapá?.
_Viene a visitarme a mí sargento Peralta, pierda cuidado .Dijo el teniente interponiéndose entre la joven y el subordinado.
Soleá, miró al teniente alto y rubio que la observaba al pasar cada mañana, desde la puerta del cuartelillo cuando se dirigía al mercado. Agradecida por no denunciarla; la muchacha condujo al teniente hasta la pared y comenzó a desabrocharse el corpiño mientras buscaba la boca del militar.
_¡Vete Soleá!, Tápate y vete.¡Maldita sea mi estampa!.Estoy casao, por lo que más quieras .¡Déjame Soleá!.¡Vete! Llévale el queso y el vino a tu padre.
El teniente apretó la mandíbula y los puños y dejó que los ojos negros de Soleá se perdiesen confundiéndose con la noche.

Gadeira.03/11/05.


 
alqutun,03.11.2005
Preciosa historia llena de sentimiento y que te reconcilia al ver reflejada en ella la bondad de alguien que no hace uso de sus prerrogativas para abusar de una marginada que se le entrega impotente.
 
alqutun,04.12.2005
Anímate a continuar, ¡¡anda!!.
 
El_Capitan,04.12.2005
A Rob le gustaban las barras Guerlain y el Habit Rouge. Untó sus labios de rojo. Su bolso llevaba vacío demasiado tiempo y el pintalabios lo había robado en una tienda de hindúes. Sabía a culo. Se empolvó la cara y luego la nariz, con diferentes sustancias.
Ajustó la peluca rosa y las tetas de goma. Esta noche sería la Emperatriz Eugenia y ningún príncipe se le escaparía de entre las manos.
Enfundó los pies torcidos en los tacones negros, con punta de chúpamela. Se echó la mantilla por encima, con los flecos acariciándole la espalda, y salió a la calle.
 
alqutun,05.12.2005
Muy buena historia Capitán espero la continuación porque este es solamente el principio, ¿no?.
 
alqutun,29.05.2007
Sigue amigo/a
 



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