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Inicio / Cuenteros Locales / (umbrio) - [U:umbrio] 


La mano

Hace treinta días maté a mi esposa. La estrangulé.

Y mientras su cuerpo convulsionaba desesperado, yo reía sádicamente. En determinado momento, tratando de prolongar su agonía, aflojé mis manos para que inhalara vida por breves segundos. Quería darle la oportunidad de articular una frase y sentir la satisfacción de escuchar de sus labios un último e impotente insulto, una última injuria, una súplica, tal vez.

Pero no fue así.

Mirándome con un atisbo que parecía provenir desde los linderos del más allá, dejó escapar un balbuceo sibilante que más que vocablo era una promesa indefectible de funesto cumplimiento.

- “Volveré”

Por esas razones que la razón ignora, aquella palabra inflamó mi arrebato hasta el borde del colapso, y terminé mi tarea con una satisfacción que se me antojaba deliciosa, macabra y gratificante como un orgasmo a las puertas del infierno.

En la soledad del campo y con la oscuridad por cómplice no me fue difícil deshacerme del cadáver, pero desde aquel día, esa palabra resuena en mi mente con ribetes obsesivos de acoso y persecución.

Cuando la noche está por convertirse en aurora siento la presencia de Valeria rondando mi cama, y en la penumbra me parece que su mano, fría con hielo espectral, toma mi mano tibia, esa mano que le dio muerte y la acaricia como tratando de convertirla en una aliada comprometida con su venganza…

Para mi sorpresa, una madrugada dejó de venir y su presencia se esfumó. En realidad, ya no fue necesaria pues, a partir del día siguiente comenzaron los extraños sucesos que desde entonces me atormentan.

***************

Jadeo. Despierto sofocado y sudoroso. El aire no llega a mis pulmones y la angustia se agiganta en proporción directa a mi ahogo.

Mi mano derecha está férreamente asida a mi garganta y aprieta. Aprieta. Aprieta hasta que la conciencia se va convirtiendo en un puntito luminoso decreciente.

Y cuando la pequeña luz se transmuta en un ronco estertor de agonía, mi mano, mi mano que ha cobrado vida propia, afloja la presión y el aire penetra en los pulmones con un retumbo que más que una respiración es un bramido escalofriante y aterrador.

A continuación, moviendo los dedos como desentumeciéndolos, se acomoda suavemente entre las sábanas, mientras una risita sardónica golpea mi imaginación.

Resoplando agitado permanezco largas horas sentado en la penumbra de mi habitación contemplando aquel engendro. Trato de sacudirla pero no obedece. Como si de un ser vivo se tratara, extiende los dedos, da la impresión que se acomoda y se duerme.

Noche a noche batallo por no dormir, pero al final el cansancio me vence. Por fracciones de segundos pierdo la conciencia pero enseguida, como resorte activado por el instinto de supervivencia, alzo la cabeza y abro los ojos.

Y lo primero que veo es a la mano.

Y está ahí. Quieta. Inocente. Despreocupada. Sabiendo que su momento llegará. Dormir se ha convertido para mí en el peor castigo. Y mientras insomne permanezco anhelante, mil pensamientos cruzan delirantes por mi mente, pero aquella palabra, su última palabra martillea mis sienes como un herrero maldito condenado a golpear eternamente en el yunque de mi conciencia con un mazo de culpa y tribulación.

Anteanoche desperté sobresaltado y vi con asombro como la mano acariciaba a la otra y desde entonces he comenzado a temer que también esa, como si se tratara del contagio inevitable de una peste medieval, comience a hacer lo mismo.

Escribo esto con mi mano izquierda pues soy zurdo. Veo con horror como la mano comienza a despertar. Tal parece que un ente misterioso le informa que ya es de madrugada. Los dedos están crispándose, se asemejan a un tigre que tensa todos sus músculos antes de dar el salto asesino.

Por Oscar López Guerra (ZEPOL)




Sin duda alguna uno de los mejores cuentos que he leído dentro y fuera de la página. Completo: ritmo, tensión, tono narrativo y cautivante.


Bibliografía:
La caja (Cuento, 650 palabras)
El arte de engañar (Cuento, 1577 palabras)
Puerta al infierno (Cuento, 975 palabras)
los valientes (Cuento, 981 palabras)
Trazos de vida (Cuento, 1087 palabras)
Vinculos (Cuento, 1701 palabras)
El último día (Cuento, 1918 palabras)
El amor en tiempos de influenza (Cuento, 1348 palabras)
Rojo y negro (Cuento, 1062 palabras)
El precio (Cuento, 736 palabras)
El tulipan negro (Cuento, 1583 palabras)
Héroe y villano (Cuento, 1052 palabras)
Sacrificios (Cuento, 1412 palabras)
Relaciones letales (Cuento, 1769 palabras)
Segundo intento (Cuento, 1915 palabras)
Sin palabras (Cuento, 282 palabras)
El juego de la vida (Cuento, 2170 palabras)
Noche de duelo y ópera (Cuento, 1074 palabras)
El beso de la muerte (Cuento, 1592 palabras)
El muro (Cuento, 1089 palabras)
El mensajero (Cuento, 2325 palabras)
Los cuatro elementos (Cuento, 875 palabras)
Abjuración de vehementi (Cuento, 1991 palabras)
Algoritmos (Cuento, 1282 palabras)
La noche del Nahual (Cuento, 1518 palabras)
El sueño (Cuento, 729 palabras)
La herencia (Cuento, 912 palabras)
La encrucijada de Sócrates (Cuento, 1298 palabras)
El secreto de las grullas (Cuento, 2236 palabras)
Cacería humana (Cuento, 1093 palabras)
El Guardián (Cuento, 541 palabras)
Olvido (Cuento, 720 palabras)
Historia sin fin (Cuento, 923 palabras)
Juguetes (Cuento, 884 palabras)
Afán creador (Cuento, 636 palabras)
Criaturas (Cuento, 1365 palabras)
Los pergaminos de Ur-Nammú (Novela, 2166 palabras)
Centurión (Cuento, 1314 palabras)
A la larga uno se acostumbra (Cuento, 752 palabras)
Sin escape (Cuento, 963 palabras)
Parásitos (Cuento, 1112 palabras)
Irreparable pérdida (Cuento, 358 palabras)
Hetaira (Cuento, 933 palabras)
Bacante Sacra (Cuento, 918 palabras)
Prostituere (Cuento, 824 palabras)
Geisha (Cuento, 1278 palabras)
Ahuiyani (Cuento, 736 palabras)
Jinetera (Cuento, 596 palabras)
La pasión de Ahmed (Cuento, 890 palabras)
Quique (Cuento, 935 palabras)
Reencarnación (Cuento, 1042 palabras)
Deja vu (Cuento, 640 palabras)
Lado oscuro (Cuento, 1830 palabras)
Sacerdote (Cuento, 376 palabras)
De trilobites y otros sortilegios (Cuento, 1331 palabras)
Por un reino (Cuento, 663 palabras)


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