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Sorpresa en Diciembre

Es la media noche. Por la ventana se cuela la brisa que llega de un mar lejano. Frente al monitor ella recita un poema en voz baja. Visualiza las imágenes. Piensa en su juventud. Inquieta,baja hacia la cocina para tomar un vaso de agua fresca. Regresa para apagar la computadora y vuelve a leer. Con prisa escribe un comentario al autor. Se desviste. En la penumbra, el esposo la espera reclamando su cuota de intimidad. Media hora después ella se ducha: el agua tibia sobre la piel le recuerda un fragmento de la poesía. Abre con arrebato la llave de agua fría; causándole un resoplo y una inspiración violenta. Apaga la luz y piensa que mañana será un día de trabajo duro.

En un punto distante él da lectura a los comentarios que su poema ha motivado. Uno de ellos dice: “La forma en que ofrece sus versos se aparta de lo clásico. Pero es más audaz. El contenido es de un erotismo que sacude, sin que tropiece con lo vulgar. Atte. ”. Sonríe, y contesta dándole las gracias. La invita a intercambiar opiniones, por lo que añade su dirección electrónica.

Ella sale muy temprano a caminar. Desayuna e inicia labores de supervisora de una compañía distribuidora de libros infantiles. Él es un agente viajero que se dedica a la venta de refacciones para autos. A ambos les queda algún tiempo libre que lo disfrutan contestando mensajes de agradecimiento a las personas que reseñan sus escritos; después coinciden ocasionalmente para platicar por el Messenger. Ella en su casa, él sólo cuando encuentra el servicio en los pueblos o ciudades que visita.

Veinticinco años atrás.

Los turistas salían en grupo; le decían la pequeña. Cuando no la veían, la buscaban preguntando por ella.
La tarde vieja caía sobre los árboles. Los aparadores fulgían luces multicolores. Ella miraba el vestido, la bolsa, el zapato, y la orfebrería trabajada en plata. Pero hay un collar, que no está en ninguna vitrina. Lo vende un artesano que los teje con hilo y cordones de luna y poco a poco va forjándolos con grecas, cruces y tejos entreverados de colores; es el amarillo el color que mejor resalta. “ Es la piedra del tigre, así le decimos allá de donde vengo. Ésta, tiene forma de corazón y será de buena suerte para el amor, cómpremela güerita” Se cuelga el collar y el corazón atigrado parece sentirse bien en el nacimiento de sus pechos. Las mujeres maduras ríen y aplauden el buen gusto. Caminan mirando las estatuas que adornan la banqueta y llegan a una parte muy arbolada donde un saltimbanqui actúa. Es una alameda.

Él llegó a la ciudad para hacer un curso sobre ventas. Éste había finalizado y tendrían una ceremonia con algunos empresarios. Faltaban aún dos horas y decidió dar un paseo por la alameda. Poco después, se encontraba entre la gente que aplaudía las gracias del bufón.
Cuando el artista terminó, cae un aguacero, el gentío se dispersa. Él encontró una saliente de un pequeño kiosco y ella también. Está inquieta, nerviosa, viendo para todos lados tratando de encontrar a las compañeras de viaje. Él se percata.

— ¿Busca a sus familiares?
Ella no supo qué contestar, pues ignoraba las intenciones de él.
— No desconfíe, —dice— sólo trato de ayudar.
Ella sonrió nerviosa.
— Gracias. —dijo despacio.
El chubasco no cede y la humedad redobla el frío. Ella tembla. Él sacó el paraguas.

— ¿Desea que vayamos al café que está enfrente?

Los dos bajo el paraguas tenían que mirarse y él vio el color azulado de sus iris.
—Sus ojos tienen la belleza del cielo.
Ella se sale del paraguas y mira hacia arriba. Él sorprendido. Luego irrumpe en una franca carcajada.
—Es usted muy irónica… sólo quise decir del cielo limpio, no éste…
Casi para llegar al restaurante,
—Lléveme a dar una vuelta, hay una estatua que no pude verla. —le dice.
— Nos vamos a mojar más.
— ¿Es de sal?
Se van perdiendo entre el agua y el correr de la gente. Sonríen. Al salir de la arboleda ella escucha que su nombre es pronunciado a coro.

—Allí están mis amigas, ¡es usted muy gentil!


Él se quedó atónito. Tocaba su boca sin creer aún que los labios de ella lo habían besado. Preguntándose el por qué. Ella se perdió de su vista cuando alcanzó al grupo de amigas.

Presente


“Este día ha sido pesado. Tuve que internarme entre los pueblos del valle con temperaturas hasta los cuarenta grados, o más. La venta fue pobre ; regresé al hotel empanizado por el polvo, cansado y pidiendo a gritos un baño. Tu correo es un estímulo para no enojarme con la vida. La lectura que me ofreces de la visión del principito me produce una emoción plena, me hace verte rodeada de niños, escuchando atentos las historias que les cuentas”.

Ella le hace llegar una serie de fotos. Una llama la atención: es una joven demacrada, de mirada ausente. Está recostada en una poltrona. Explica en el correo que un día antes tuvo vómito, que recién había llegado de un largo viaje.
En la noche dormido, veía los ojos de la joven: parecía un ave que entra y sale por la ventana de su mente. En la mañana decide ampliarla y observa que el vómito no puede dar una mirada tan lejana. Se lo refiere. “Eres muy imaginativo” -le contesta. Él no insistió pero a hurtadillas veía la foto y descubría la sensación de haberla conocido antes; sin embargo meditó que era lógico, pues tenía fotos actuales.

La ocupación de ella era adiestrar a los trabajadores para facilitarles la venta de los libros, así como supervisarlos en el campo. Ese día terminó su actividad. estando cerca de la casa de sus padres, fue a visitarlos. Su mamá salía del baño. Sentada en el tocador le ordenó: “Por favor, ve a mi recámara y tráeme mi collar de oro… si no lo encuentras allí, mira en el guardajoyas que me regalaste”.
Efectivamente no estaba en el primero y miró en el segundo: Era una canasta de mimbre de colores, y recordó el obsequió que hizo a su mamá. Tomó el collar de su madre, pero arrastró otro al mismo tiempo. Al observar los cordones de plata que servían para mantener fijas las obsidianas, recordó el viaje, la compra, la tormenta. Se percató que la piedra atigrada del collar había desaparecido. Sutil, le comentó:” ¿No te acuerdas? ¡Qué memoria tienes! me dijiste que te lo guardara y eso hice, allí está, como me lo diste. Nunca más lo volviste a mencionar, pero si deseas… llévatelo”—Le contestó su mamá.

Tanto para él como para ella, el tiempo corrió como los trenes subterráneos. Los sueños se quedaron en alguna parte de la vida y llegaron los deberes y la crianza de la prole. Muchas alegrías se abrieron a medida que los hijos crecían; el tiempo era un constante caer de hojas en las que las obligaciones entraban temprano y salían muy tarde. Es como estar en un permanente claroscuro, o como si los días hicieran la misma coreografía. Ella estaba unida con un corredor de bolsa, hombre prudente, sin tacha, que le exigía atención. Él, en otro punto de la tierra, se percató que el sueldo que ofrece una empresa sólo es para subsistir, por lo que intentó abrirse paso por sí mismo; pero las condiciones del país no le favorecían. Salía muy temprano y dormía en hosterías pobres para no excederse en gastos. El tiempo se le iba en visitar pequeños talleres y ofrecerles su mercancía.

En los últimos años los días empezaban con ese gris sucio; a medida que volaban las horas, la mácula iba dejando lugar a `pequeños brotes que llegaban pálidos y por la noche toman un tono verde incierto. Leer los correos que intercambiaban los hacía mecerse en otro espacio, salirse del tiempo. Para Navidad habían acordado intercambiar regalos, sin tener que comprarlos. Algo de ellos.

Al abrir el paquete él se encontró con un collar de obsidianas sujetos por hilos de plata; ella con una piedra en forma de corazón con un ámbar trozado por rayas negras que le recordaba los destellos amarillos de las lámparas y la penumbra parda de los álamos.

Texto agregado el 15-12-2004, y leído por 657 visitantes. (12 votos)


Lectores Opinan
2006-01-17 01:00:25 Me gustó! En este cuento se ve la capacidad que tienes para cambiar de escenarios y mostrarnos cosas intensas en cada uno de ellos. Te seguiré leyendo y comunicándome contigo por el MSN. Miles de besos estrellados. ctapdb
2005-02-22 18:42:22 El tiempo es una maquinita inalterable y despiadada, jamas da tregua, no me di cuenta en que momento deje de sujetarme de la falda de mi madre para no caer y cuando es que camino solo por el mundo de los adultos, bueno solo espero que el amor me dure mucho mas de veinticinco años, y me imagino que para ese entonces el messenger llegara a ser suplantado por alguna nueva y revolucionaria invención, tal ves tocarse atraves de la pantalla oh una teletransportacion, bueno disculpe mi amplitud, saludos con muchisimo afecto. Aramis
2005-01-16 13:22:17 La historia y la narración excelente. Lo encontré un poco largo, lo que hizo perderme en algunas partes. Felicitaciones. jorval
2004-12-29 00:52:07 hay cierta carencia para ser un cuento, pues imagino que para involucrarme en el cuento debo estar tan absorta en él que nada me distraiga y sin embargo me perdía, al final lo he entendido, pero me dejó cierto sabor a insastifacción. (Bueno éso es lo que sentí al leerlo) _Libelula_
2004-12-25 18:04:29 Muy buen texto. Mandeville
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