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Inicio / Cuenteros Locales / unabrazo / Ellas y yo

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Devoraba todo lo que tuviera enfrente: donas, pastelitos, galleticas dulces o saladas, refresco, pizza, todo en tanto estuviera al alcance de mi mano. Sólo para luego vomitarlo todo de forma inducida. Ya me habían diagnosticado con Bulimia, pero no existía psiquiatra capaz de ponerle freno a mi adicción. Pero me mantenía delgada y eso era lo único que me importaba. El único inconveniente era que no podía salir con chicos pues mi aliento siempre olía a vomito. Tenía 18 y empezaba la universidad ese verano. A mitad de carrera logré por fin controlar mi desorden alimenticio. “Felicidades Martha!” “¡Qué bien Martha, te felicito!” “¡Martha que bueno que lo lograste!” Ovaciones como ésta las escuchaba de familiares y amigos cercarnos.

Pero no duró mucho. Lentamente me fui extinguiendo y no sé cómo empecé a dejar de comer. Los primeros síntomas negativos que ni siquiera noté fue una masiva caída de cabello, mi dentadura sufrió daños y yo, que medía 1.83 llegué a pesar tan solo 70 libras. Pero mi reflejo, o lo que el espejo me devolvía era mi figura ideal. Contaba al día las rositas de maíz que me iba a comer para poder mantener “mi peso ideal”. No entendia por qué mi familia casi lloraba cuando me veían. Y es que yo no veía la calavera deforme en la cual me había convertido.

Todo esto hasta que conocí a Rafael, o Dr. Rafael, experto en desordenes alimenticios. Me comenzó a tratar en la primavera del 95 y en un año logró que aumentara mi peso en 15 libras y aprendiera a reconocer los detonantes que me activaban en anorexia. Lo mejor de todo, empecé un ciclo donde me redescubrí a mí misma. Ya para el verano del 98 yo gozaba con 120 libras y un amor propio saludable pero lo mejor: Rafael o Rafa y yo nos habíamos enamorado. No puedo negar que nuestra relación fue determinante para mi recuperación (era el único que me había aceptado tal cual era).

Hoy día tengo empleo, estoy comprometida y doy charlas en grupos de ayuda para ambas enfermedades. Conservo las fotos y no puedo creer cómo me veía (y cómo no me veía) pero los recuerdos internos que conservo me acompañaran toda una vida: el mal sabor del vómito que me dejaba la bulimia y la obsesión desmedida de la anorexia.


“De acuerdo con la Asociación
Nacional de Desórdenes Alimenticios,
hasta 70 millones de personas
(Tanto hembras como varones)
sufre algún tipo de trastorno alimenticio.”
fuente: eatingdesorderhope.com


Texto agregado el 05-10-2018, y leído por 0 visitantes. (4 votos)


Lectores Opinan
2018-10-05 16:13:30 Dos enfermedades terribles! por suerte ¿tu protagonista? loogró superarlas, conozco personas que no pueden lograrlo. Besitos. Magda gmmagdalena
2018-10-05 14:21:54 Eso debe ser terrible. Muy bien narrado. MujerDiosa
2018-10-05 13:18:30 Wow!!! Descifrar el miedo a la obesidad debe ser todo un triunfo. sigfrido
2018-10-05 12:00:30 Así, tal como lo cuentas suele ocurrir. Tremendo! !***** grilo
 
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