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Inicio / Cuenteros Locales / gmmagdalena / La Musa

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Era el atardecer de un caluroso día de verano, salvo algunos chicos jugando en la arena de la plaza, unos pocos paseantes buscaban el alivio que brindaban los bancos cercanos a la fuente y bajo la sombra de las centenarias palmeras. La brisa que se filtraba entre los tilos cercanos aromaba el aire y contribuía a la sensación de frescura del lugar.

La muchacha sentada a un costado de la fuente alimentaba las palomas con unas migas que sacaba del bolsillo de su pantalón que parecía no tener fondo. Las aves la rodeaban confiadas, algunas se arrimaban incluso a picotear de su mano.

Desde un banco cercano, una anciana de gruesos anteojos observaba la escena atentamente.

La mujer, que hasta un rato antes estaba entretenida con su tejido, lo había abandonado a un costado, atraída por la pálida belleza de la joven y su aparente tristeza. Era una chica como muchas otras, rubia, delgada, vestida con un pantalón amplio y una pequeña blusa que hacía más frágil su figura. Era una chica del montón, sin embargo despertó la curiosidad de Nuria.

Al mirarla, pensó en sus queridas nietas que vivían en la ciudad cercana y a las que veía muy de cuando en cuando; observó que la muchacha no era mucho mayor que ellas, quizás apenas un par de años. Respondiendo a un impulso, guardó el tejido en una bolsa de red y levantándose, se dirigió hasta la fuente con la intención de iniciar un diálogo. Sin pensar que podía ser inoportuna, con su simpatía natural, se acercó a la joven saludándola afablemente

- Hola . Es una hermosa tarde ¿verdad?-

- Hola. Sí, es una tarde hermosa respondió la muchacha.

Al verla de cerca quedó deslumbrada por su belleza; unos rizos dorados enmarcaban un rostro de facciones delicadas y suaves. La joven, a su vez, recién pareció percatarse de la presencia de la anciana cuando escuchó el saludo; no obstante, le sonrió como si la conociera de toda la vida, sin dar muestras de que le molestara en lo más mínimo que alguien hubiese invadido su privacidad.

Tenía una mirada inteligente y diáfana y en ella no había rastros de la tristeza que Nuria había pensado encontrar. Inmediatamente comprendió que lo que ella desde lejos había creído era una postura de desconsuelo, no era más que una postura de relajación, de alguien que disfrutaba del ambiente que la rodeaba.

Ahora era ella quien miraba a Nuria con creciente interés..

- ¿Sos una musa? la voz era tan hermosa como la sonrisa.

Nuria no pudo menos que reír por la ingenua pregunta.

- ¿Por qué me preguntas eso? ¿qué te hace pensar que soy una musa?

- Se que lo sos, aunque me lo quieras ocultar.

- ¿Como te llamás muchacha?

- Castálida

- Qué nombre extraño.

- No respondiste mi pregunta.

Nuria se despojó de sus lentes y miró a la joven como reconociendo a una par; la mirada de ambas era dulce e inteligente.

- Fui una musa respondió sin encontrar la razón del porqué lo hacía Lo fui hace mucho tiempo agregó, recordando que cuando era joven y bella había inspirado poemas de amor al que fuera su esposo.

- Lo sabía. Veo tu belleza y veo tu alma, sé que hermosos versos han brotado en un corazón enamorado para homenajearte.

- Hace ya tanto tiempo......

- Ahora mismo hay alguien que te piensa y está escribiendo su mejor poesía de amor para vos.

- ¿Ahora?

- Sí, ahora.

- Ya soy una mujer anciana, nadie volverá a escribir una poesía de amor para mí.

- Sí lo hará. Pronto volveremos a vernos, quizás no aquí, pero seguramente nos volveremos a encontrar, entonces me dirás que tuve razón respondió Castálida mientras se levantaba de su asiento y comenzaba a caminar alejándose, seguida por las palomas.

Nuria quedó un rato sentada mirando a la extraña muchacha hasta que la vio cruzar la avenida y perderse en la distancia. Con un profundo suspiro volvió a tomar su bolsa de red y se alejó hacia su hogar, era hora de regar sus plantas.

- ¡¡Abu, Abu!! ¡¡¡Por fin llegaste! la voz de su nieta Aldana la recibió apenas traspuso la puerta de su casa.

- ¡Aldana! ¡¡¡qué alegría mi vida!!! Nuria abrazó a su nieta más pequeña, mientras sus ojos buscaban al resto de la familia. Su hija y su yerno estaban en el marco de la cocina con unas copas de refresco. Aparentemente recién llegaban y se veían risueños por la sorpresa que le estaban prodigando. Adoraban a esa mujer y cada vez que sus obligaciones se lo permitían, corrían a verla para disfrutar de su compañía.

¡Abu! Sonia, una joven adolescente, se abalanzó sobre la abuela y la llenó de besos - ¡Abuelita, mirá lo que hice para vos!! - y sin darle respiro para reponerse de la sorpresa, la tomó de la mano llevándola apresuradamente hacia la mesa del comedor, dónde una hoja escrita reposaba junto a un pimpollo de rosa.

- ¡Mirá Abu! Te traje un regalo.... ¿Sabés una cosa? .....Voy a ser poeta anunció muy seria la jovencita - Hoy mientras pensaba en vos y en lo hermosa que sos abuelita querida, escribí mi primer poesía. Te quiero tanto.



María Magdalena Gabetta

castálidas(Del gr. Kastalia, fuente del Parnaso.)
s. f. pl. MITOLOGÍA Denominación que se da, en la mitología griega, a las musas

Texto agregado el 29-09-2018, y leído por 0 visitantes. (10 votos)


Lectores Opinan
2018-10-01 17:39:22 Yo diría que toda mujer en algún momento de sus vidas será musa de un poeta, y aunque al pasar el tiempo deje de serlo otra musa, en el camino, la reconocerá como tal. vicenterreramarquez
2018-09-30 13:29:09 Que lindo texto querida Magda. Salidos de un alma limpia. La belleza solo se incrementa con el paso del tiempo. Cinco aullidos atemporales yar-
2018-09-30 11:46:49 Encantador relato y mejor enseñanza ***** grilo
2018-09-30 05:49:47 La buena vibra es eterna. Ni el deterioro físico puede con élla. Te felicito. peco
2018-09-30 03:48:04 Me encanto leerte...un texto adorable Magda. Hace unos meses ,pensé que nunca mas recibiría un arreglo de flores.Y cuando fui a comprar unas flores para mi madre,que si estuviera viva cumpliría años,el joven que me atendió me sorprendió muy gratamente al regalarme un pequeño ramito de gardenias.Saludos annablaum
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