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Inicio / Cuenteros Locales / gmmagdalena / El Título

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Había sido una mala noche. No pude pegar un ojo y destrocé la almohada de tanto sacudirla de un lado a otro, mientras las ideas sin cesar me martirizaban el cerebro, como si fuera una pobre hoja azotada por el viento. ¿El viento de dónde? El viento que me entraba por un oído y salía por el otro, alborotándome las imágenes que una maquinaria descontrolada lanzaba como pelotas de ping-pong, sin acertar un tiro.

La tarde anterior me había encontrado con Facundo. Venía con cara de felicidad caminando hacia mí sin verme, la mirada perdida quien sabe en qué quimeras. Tuve que tocarle del brazo para que me viera.

- ¡Ehh Facu!¿qué pasa que andás con cara de haber ganado el premio mayor de la Lotería?
- Hola, hola contestó, mientras enfocaba sus ojos miopes en mí.
- ¡Elisa! ¡Terminé mi novela! me dijo sin más al reconocerme.
- ¿Tu qué?
- ¡Mi novela, mi novela! repitió como un loro, completamente extasiado con semejante noticia.
- ¡Felicitaciones Facu! la felicitación me salió bastante falsa, en realidad a mí me lo pareció, no sé a él, porque estaba tan contento que no se daba cuenta de nada.

Inmediatamente y sin aviso, comenzó a contarme todo lo relacionado a su obra, casi sin respirar. Molesta, lo interrumpí aduciendo un compromiso y lo dejé con la palabra en la boca huyendo de su relato, acuciada en realidad por la envidia que me producía que tamaño idiota hubiera logrado una novela, cuando yo hacía meses que ni siquiera encontraba un título.

- Tenés que pensar un buen título y de ahí arrancás ése había sido el consejo de Juliana. Me lo dijo muy seria una tarde que tomábamos mate, sentadas en el cordón de la vereda de su casa. Juliana tenía veleidades de sabihonda y escritora, aunque jamás le había leído una mísera línea. Salvo un mal discurso para una reunión de ex compañeros de estudios, cuando ya todos estábamos medio borrachos y nada parecía malo. Esa noche la aplaudimos a rabiar y de ahí tomó vuelo.

- ¿Pero ..... no debería pensar primero en una trama? pregunté estúpidamente.

- No, para nada. Primero el título, tiene que ser genial, algo que atraiga la mirada de todos en cualquier librería que se exhiba, que no pase inadvertido en una biblioteca y que las personas recuerden fácilmente para transmitirlo de boca en boca cuando lo recomienden.

Después de ese consejo habían pasado varios meses y ningún nombre me parecía demasiado bueno para mi novela. A veces pensaba alguno y rápidamente me daba cuenta que, o era espantoso o ya estaba escrito. Me sentía perdida y sin poder arrancar en lo que sería la novela mejor escrita de todos los tiempos, superior a cualquier obra conocida hasta la fecha, estaba segura.

Fue entonces cuando me encontré con ese idiota feliz de Facundo diciéndome que había escrito una novela y el mundo se me vino abajo. ¡No podía ser! Yo era la que tenía que escribir primero una novela para que mis amigos me envidiaran.

Rumiando mis celos volví a mi casa y me encerré en busca de inspiración. Hice todo lo posible para lograr imaginar un nombre, no comí (el hambre inspira), fumé y bebí (todos los escritores lo hacen) ¡Nada! Ni el más miserable de los títulos se presentaba en mi imaginación.

Cansada y medio mareada me acosté, con las consecuencias que ya conté, dar vueltas y vueltas sin lograr nada. Finalmente llegó la mañana y con los ojos como huevos fritos me arrastré hasta mi oficina, a pasar uno de los peores días de mi vida. Rogando no encontrarme con el motivo de mi desvelo, el odiado (había pasado a esa categoría durante mis horas nocturnas) Facundo, que como era previsible y para coronar mi desgracia, trabajaba en el mismo edificio.

A la hora del almuerzo bajamos todos a la cafetería del subsuelo y allí, tal como lo suponía, me encontré con el esperpento que continuaba con su cara de felicidad catatónica.

En una demostración de total auto flagelación, que a mi misma me asombró, me acerqué a él y, como continuando la conversación que había interrumpido la tarde anterior, sin siquiera saludarlo le espeté

- ¿Y cómo se titula tu obra maestra?

Sorprendido me miró y sonriéndome desde su cumbre de estupidez me contestó.

- ¿Sabés que aún no lo pensé?

María Magdalena Gabetta

Texto agregado el 19-09-2018, y leído por 0 visitantes. (10 votos)


Lectores Opinan
2018-09-20 08:00:54 Me parece una historia increible, pero también la de más fácil entendimiento para el que alguna vez a puesto una palabra a continuación de la otra. Hablo del meollo del cuento, no de la maestría de la narración. Te felicito. peco
2018-09-20 02:45:52 Me encantó! Lástima la mala noche pasada! Jajajaj! Clorinda
2018-09-19 19:31:57 Genial!! ***** (Para éste, yo lo habría llamado auto flagelación como mencionas) grilo
2018-09-19 17:36:33 ¡Muy bueno! Quienes escribimos, muy bien sabemos de esto que tan bien detallas en este cuento, desde el principio hasta el final. vicenterreramarquez
2018-09-19 17:09:14 Muy bueno. Marcelo_Arrizabalaga
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