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Inicio / Cuenteros Locales / gmmagdalena / La Historia de Ana (una historia real)

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(Reedición)

Parada frente al mar, Ana sueña con los ojos abiertos. Sus hermanas, la mayor Marietta y la más pequeña Isabella, juegan corriendo tras las gaviotas. Hace mucho frío en la escarpada costa siciliana, pero el sol ilumina el paisaje y el mar luce imponente. A lo lejos, varias barcas pesqueras tiran sus redes, con seguridad han ubicado un cardumen de sardinas o atunes.

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Es tá finalizando noviembre de 1918 y hace pocos días, exactamente el día 11 de este mes, se decretó la Paz tan ansiada, terminó la Gran Guerra y todos los pueblos de Europa de uno u otro bando salieron a las calles a festejar el fin de una de las guerras más cruentas de la historia. Ana, su madre y sus hermanas también lo hicieron, con mucha emoción y tristeza.

La Paz había llegado, pero el único hermano de las jóvenes estaba agonizando y el padre ya no regresaría. La madre viuda deberá hacerse cargo de la casa cuando el hijo muera, no hay retorno para él y cada día que pasa es una agonía para las cuatro mujeres que acompañan su sufrimiento sin medicamentos para aliviarlo. Amigas y parientas rezan formando cadenas de oración para que Dios se apiade y lleve al sufrido joven a su lado.

A pesar de ello, Ana, con sus diecisiete esplendorosos años, sueña y lo hace con el hogar que formará con su primo, en otro país, en un país dónde nada falta, dónde la gente es feliz y las guerras son pesadillas lejanas.

Hace ya casi un año que su madre permitió que iniciara una relación por carta con Francisco, un primo que apenas recordaba y que marchó hacia América cuando ella aún era una niña. Allí el joven inmigrante conoció a Ángela, una bella y frágil siciliana. Se enamoraron tan solo verse en una reunión de la colectividad y con el beneplácito de la familia de ella, se casaron luego de un corto noviazgo.

Al poco tiempo el hogar se iluminó con la llegada de una hija y un año después, la feliz pareja supo que otro hijo vendría a sus vidas. Fue otra niña, pero su nacimiento provocó la muerte de la débil madre que no soportó el complicado parto. Francisco que creía haber cumplido sus deseos de tener una hermosa familia, se encontró de una forma totalmente inesperada, viudo y con dos pequeñas a cargo.

Se negó a que los desconsolados padres de la esposa fallecida lo separaran de sus hijas, en realidad ellos querían ayudarlo sabiendo lo difícil que sería para un hombre solo, pero él era demasiado orgulloso y había querido demasiado tener esas hijas, decidió criarlas de la forma que fuera, pero, a pesar de la ayuda que recibía de vecinas piadosas que cuidaban de las pequeñas mientras trabajaba, todo se hacía cuesta arriba, por lo que, pasado un tiempo, decidió que lo mejor para ellos sería que se casara nuevamente.

Era necesario una nueva esposa que se hiciera cargo del hogar ¿pero quién?, tenía claro que debería ser italiana como él y de ser posible siciliana, pero las pocas inmigrantes que conocía, ya estaban casadas o comprometidas o eran demasiado niñas aún y él tenía apuro, debía solucionar ese problema y así poder continuar avanzando en sus objetivos de vida, tener un hogar y ser feliz en ese país que lo había recibido con tanta generosidad, algo que sabía que lograría con el apoyo de una mujer que como él, hubiera conocido la dureza de la tierra siciliana.

Un día, conversando con una de sus vecinas, ésta le recordó las primas huérfanas, las que estaban en la vieja patria y a su mente vino la imagen de Ana, una pequeña y vivaracha morena de ojos grises ¿pero cómo llegar a ella? conocía de siempre el carácter fuerte de su tía, hermana de su ya fallecido padre, a la que a pesar de no haber visto en muchos años aún recordaba como a una mujer a la que poco o nada conmovía.

La vecina vino otra vez en su ayuda oficiando esta vez de casamentera, le ayudaría a escribir una carta a su tía contándole lo que le había ocurrido y pidiéndole permiso para cortejar a Ana si es que aún era soltera, o en su defecto a alguna de sus otras hijas aunque las tres eran muy jóvenes aún, eso no sería impedimento, el estar viviendo una época de guerra, seguramente había hecho que maduraran rápidamente.

Finalmente escribió y pasado un par de meses recibió la respuesta esperada. Podría cortejar a su prima Ana, quien para su suerte aún no estaba comprometida; la tía no obstante puso una condición, un pronto matrimonio si los jóvenes coincidían en sus ideas y proyectos. Eran tiempos de guerra y la buena mujer en realidad se sentía feliz de poder casar a una de sus hijas, alejándola de los peligros que acechaban a una joven en esos días aciagos.

Más animado, Francisco escribió ahora una carta a Ana contándole todos los pormenores de su viudez y la labor que le demandaba la crianza de las dos niñas, pero sobre todo le habló de su soledad de hombre y de su tristeza y pronto, mucho más pronto de lo esperado, recibió su respuesta, una tímida y sencilla misiva escrita con una pequeña letra redondita y prolija que hablaba a favor de lo que su tía se había preocupado para que sus hijas no fueran analfabetas, como muchos jóvenes lo eran, incluso él, ya que, continuamente debía recurrir a los servicios de la buena vecina que, en definitiva, era quien leía las cartas de la novia lejana y escribía las de Francisco.

No habían cruzado más de tres o cuatro cartas y alguna foto color sepia, cuando Francisco le pidió se casara con él, podrían hacerlo antes que ella pisara suelo americano, que tuviera confianza su querida tía que él cuidaría del honor de la jovencita. Casarse de esa manera cuando arribaban las novias europeas, era algo que se utilizaba mucho en esa época entre inmigrantes. Sobre todo, eran arreglos entre familias para que las jóvenes pudieran salir de una Europa continuamente convulsionada por diferentes guerras; él haría todos lo necesario para que el propio capitán del barco en el que viajara la joven celebrase la boda al arribar a puerto.

Cuando Ana recibió esta carta y la leyó a su madre con voz entrecortada por la emoción y el temor, notó que el rostro materno se endurecía aún más, pero la valiente mujer dijo que confiaba en el hijo de su hermano y que así se haría.

A los pocos días, otra emoción atravesaría al corazón de esa madre; la ansiada Paz llegaba a Europa aunque empañada con la noticia del hijo herido. Casi inmediatamente un camión sanitario trajo al desdichado joven al hogar, acompañado por una solidaria enfermera que lo cuidó hasta dejarlo en brazos de la pobre mujer.
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Ahora Ana está en la playa, a escasos metros de la pequeña aldea rodeada de almendros y olivares, por fin puede caminar tranquila con sus hermanas, sin pensar en los aviones que como aves portadoras de muerte surcaban los cielos hasta hacía pocos días. Esos pájaros que las obligaban a vivir casi todo el día encerradas en la helada bodega y almacén familiar, un sótano revestido con piedras que su padre había construido para acopiar los frutos de las buenas cosechas y así, sostenerse sin pasar necesidades en las malas épocas.

Ana sueña con los ojos abiertos mirando el mar aunque por momentos su mirada luminosa se torna triste y una lágrima rebelde se descuelga de sus pestañas; sabe que aún deberá pasar el duro trance que significará la muerte de su adorado hermano y, luego, separarse de su madre y hermanas, quizás para siempre y eso es lo que enturbia su alegría, es como un dardo clavado en el pecho que nunca
podrá extirpar.

Pero Ana es joven, siente que el corazón se le entibia cuando piensa en Francisco, en las pequeñas hijas de él, que ya sabe que asumirá como propias, porque las ama tanto como a su padre y también sueña con ese país dónde la paz está instalada hace mucho tiempo y, a pesar de todo; a pesar de la lejanía, de las separaciones que deberá sufrir, de los recuerdos ingratos; sueña, sueña y sueña con ese mundo que no conoce pero al que siente que ya pertenece para siempre. Y así será.

María Magdalena Gabetta


Nota: Aunque esta historia ocurrió hace muchos años, es la historia novelada de mi tía abuela, tal como me la contara mi abuela hace muchos años. Falleció su hermano y al poco tiempo embarcó hacia Nueva York, el Capitán del barco la casó con quien sería mi tío abuelo, tal como él lo había prometido. No tuvo hijas propias, sus hijas fueron las hijas que él tenía de su primer matrimonio y que la adoraron como si fuera su verdadera madre, sobrevivió a su esposo y murió a los 92 años de edad a raíz de una caída sufrida en la escalera de su casa en Nueva Jersey. Mi bisabuela casó a sus otras hijas, que se radicaron una en Francia y otra en Argentina (mi abuela) y murió sin volver a ver a ninguna de ellas. Las hermanas nunca volvieron a encontrarse. La Gran Guerra era el nombre con el que se llamaba a la que luego fue conocida como la Primera Guerra Mundial, duró desde julio de 1914 hasta noviembre de 1918, en las barricadas a escasos días de que se firmara la paz, mi tío abuelo recibió la bala que finalmente acabó con su vida. Fue una de las más crueles guerras que azotaron a la humanidad. Durante la misma se utilizaron armas químicas que sembraron terror y muerte. (Por respeto a las personas que vivieron esta historia, los nombres han sido cambiados)

Texto agregado el 11-09-2018, y leído por 0 visitantes. (9 votos)


Lectores Opinan
2018-09-15 17:42:34 Una historia tan conmovedora que llega hondo. Me quedé sin más palabras...Tal vez me llevó a la historia de mis abuelas, no sé. MujerDiosa
2018-09-12 19:20:36 Una historia completa. Bella, triste y alegre a la vez. Es muy bueno que las historias familiares no se pierdan, perduren de forma escrita y no solo en el boca a boca, ese anecdotario que si bien contiene la dulzura, el sufrimiento y la emoción que partía de los labios de nuestros mayores, lo eterniza. Te felicito. Hectorfari
2018-09-12 11:14:32 La historia de la guerra, y emigrantes nuestros abuelos con la vida suspirando al temor de no seguir viviendo, partieron a nuestra tierra en busca de trabajo y paz, también mis antepasados vivieron esos momento de abandono, llegando a no ver nunca mas a sus padres y hermanos, excelente desarrollo de la misma Magda.***** Abrazo Lagunita
2018-09-12 01:25:07 Nunca voy a entender la maldad de algunas personas al colocar una sola estrella sólo para molestar estoy segura que jamás leen lo que ni siquiera comentan, escribo esto porque es más fuerte que yo lo que me provoca la estupidez de algunos. ome
2018-09-12 01:21:21 Es una historia muy conmovedora y tú la cuentas de una manera extraordinaria no se si estoy triste o alegre después de leerla pero sí te diré que despierta en mí algo que no se explicar pero toda historia que despierta algo dentro de nosotros tiene que ser muy pero muy buena. UN ABRAZO. ome
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