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Inicio / Cuenteros Locales / gmmagdalena / Incomunicación

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A veces cuando ella pasaba a su lado, él la miraba como queriendo decir algo, luego sacudía la cabeza tratando de espantar una mala idea y seguía con su trabajo.

Durante años trabajaron juntos; él, jefe serio y concentrado; ella, secretaria de rápidos reflejos, atenta y silenciosa, una sombra tras el gran hombre, brindándole apoyo y eficiencia, sacrificando horas de su vida privada en pos del triunfo de él.

Se entendían perfectamente en sus tareas con el simple intercambio de pocas palabras. Ella estaba siempre atenta a sus gestos y cumplía satisfactoriamente sus exigencias.

Él, apenas si le agradecía, daba por sentado que las cosas debían ser así.

Una mañana en su casa, después de una larga noche de oscuros pensamientos que no lo dejaron conciliar el sueño, decidió retirarse de la empresa que tanto le había costado construir, delegando toda la responsabilidad en su segundo en el mando.

Nadie supo el motivo por el cual se despidió tan abruptamente de todos y abandonó su prestigiosa carrera. Aludió que encontrándose en edad madura, ya había cumplido 50 años, quería dedicarse a viajar por el mundo, conocer gente y disfrutar de sentirse libre y sin responsabilidades; cosa que jamás había hecho.

Ella lo despidió con lágrimas en los ojos, lo extrañaría, había sido una buena persona a pesar de su seriedad y pocas palabras. Trabajó tranquila a su lado y aprendió a conocerlo y apreciarlo.

Él se despidió con un nudo en la garganta, el mismo que se le había formado la tarde que buscando unos documentos en el escritorio de ella, había visto una foto, donde su imagen sonriente y feliz se reflejaba junto a la de dos niños con su misma sonrisa y su rubio cabello alborotado. Se enojó con su propia ceguera y comprendió en un solo instante que no sabía nada de su vida, envidió la felicidad de ese rostro y sintió el agobio de la soledad y de la pérdida que ese conocimiento significaba. Fue un tajo sorpresivo para esos pensamientos que muchas veces lo habían asaltado de confesarle su amor y que había alejado tan tontamente de su mente, postergando el momento y perdiéndola irremediablemente.

Ella había soñado que él alguna vez le diría que la amaba, pero al pasar los años e ir perdiendo sus esperanzas, había decidido dedicar todo su amor a sus sobrinos, que no sólo reinaban en su corazón sino en una foto que amorosamente había colocado sobre su escritorio para verlos a diario. Ahora, definitivamente sólo ellos le quedaban.

María Magdalena Gabetta

Texto agregado el 26-08-2018, y leído por 0 visitantes. (15 votos)


Lectores Opinan
2018-08-28 04:55:12 Muy buen texto. ¿A quién no le ha pasado algo parecido? Cruzar o no cruzar el río...esa es la cuestión. Saludos. rekharey
2018-08-28 03:25:58 Suele suceder, es una historia cotidiana, pero muy bien contado por ti, feliz noche, un abrazo nelsonmore
2018-08-28 01:50:46 Casos de la vida real... Bonito texto Magda Kahedi
2018-08-27 21:00:14 Muy humano y sentido. Estupendo giro final ***** grilo
2018-08-27 18:59:48 Triste historia. mialmaserena
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