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Inicio / Cuenteros Locales / gmmagdalena / En busca del alma gemela

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Desde siempre supe que mi alma, o espíritu o como se llame, está dividido en dos partes totalmente diferentes. Una parte buena y generosa que es la que el mundo ve de mí, digamos que es mi cara visible, pero además, aunque parezca contradictorio, así me siento; buena hasta parecer tonta (para el pensar de la mayoría), solidaria, siempre dispuesta a ayudar en lo que me pidan y soñadora empedernida.

La otra parte es oscura, tan oscura que mi parte buena huye despavorida ante su presencia.

Cuando la parte mala despierta, también despierta la astucia y la astucia evita que el resto del mundo perciba el cambio.

Mis dos partes tan antagónicas entre sí, tuvieron desde siempre, ilusiones o deseos completamente distintos. Por un lado soñaba con encontrar mi alma gemela, mi alma gemela buena, obviamente. Anhelaba formar una pareja sólida y tener muchos hijos. Me encantan los niños, aunque algunos prefiero tenerlos lejos porque despiertan en mí deseos de dañarlos. Estoy casi segura que nunca dañé a ninguno, bueno, eso creo, porque algunas cosas se me olvidan.

Mi parte mala sólo soñaba con eso, con hacer daño, pero de ese daño irreversible, el que mata. En síntesis, soñaba con matar.

Con el paso de los años, ambas se comenzaron a complementar; fue cuando traspasé la adolescencia y comprobé que resultaba atractiva a esa clase de hombres que gustan de las jóvenes casi tontas pero con una sexualidad muy marcada. La naturaleza me había beneficiado con un cuerpo perfecto, con esa perfección de mucho busto, cintura pequeña, caderas anchas, largas piernas y eso, que no era poco, tapaba un poco mi sosera.

Mientras yo, entusiasta y enamoradiza iba en busca de mi alma gemela saltando de cama en cama; ellos indefectiblemente iban tras un sexo seguro y sin compromiso, desapareciendo sin dejar rastros una vez que conseguían sus propósitos. Aunque confieso que mi parte mala muchas veces tuvo participación espontánea en esas desapariciones.

Así fueron las cosas, hasta que conocí a Ramiro, un profesor de Literatura de buen porte y bastante atractivo, aunque tímido y romántico como yo, que ocultaba un par de ojos espectaculares bajo unos lentes que siempre sospeché no tenían aumento, pero eso era lo menos importante. Lo importante es que no me cansaba de estar con él y cada día descubría en su personalidad signos de que por fin había encontrado mi alma gemela, hasta hoy que lo confirmé totalmente, al despertar después de una noche de sexo desenfrenado y comprobar que estaba atada a la cama, con la boca amordazada y Ramiro, sin lentes, parado frente a mí con una sierra eléctrica entre las manos, dispuesto a mandarme en trozos al otro mundo.


María Magdalena Gabetta

Texto agregado el 13-08-2018, y leído por 0 visitantes. (12 votos)


Lectores Opinan
2018-08-14 00:57:26 Impresionante el argumento de tu relato. Y es la verdad, basta con mirarnos hacia adentro. vaya_vaya_las_palabras
2018-08-13 21:36:22 Muy bueno!! Es que no se puede ser bueno todo el rato, o te toman por imbécil, amén de aprovecharse. Yo a veces saco los dientes (Merlín) ***** grilo
2018-08-13 20:39:31 Felicidades Muy bien escrito Bosquimano
2018-08-13 15:32:01 Absolutamente GENIAL!!! Fascinante cuento. MujerDiosa
2018-08-13 15:31:04 Detrás de las caras se pueden esconder tantas cosas. Encontraste el alma gemela, pero la mala. Buen cuento amiga querida. Besos y rosas. sendero
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