La Página de los Cuentos
Tu comunidad de cuentos en Internet
[ Ingresa
|
Regístrate ]

Menu
Home
Noticias
Foro
Mesa Azul
Eventos
Enlaces
Temas
Búsqueda

Cuenteros
Locales
Invitados


Inicio / Cuenteros Locales / MujerDiosa / "Una historia de vida" Segunda parte.

 Imprimir  Recomendar
  [C:585776]

La segunda vez en que pensó huir, ya había nacido la beba y eso a él lo volvió casi loco. Quería un varón, no una nena que para su concepto, servía para pocas cosas. Necesitaba un varón para que sus amigos como él lo felicitaran; con una nena, sólo consiguió que se burlaran.

Llegó furioso a la casa, María recién estaba recuperándose, y él agarró a la beba de la cunita que en ese momento lloraba, y la zamarreó como se le dio la gana, para después tirarle una patada entre los gritos de auxilio de la madre. Hasta que por último la agarró del piso, como un pobre bultito de color rosado y la estrelló contra la pared.
Después fue a tomarse unas copas para pasar el mal rato.
La madre se levantó temblando y tomó a la criatura entre sus brazos. Estaba con su cabecita destrozada, no respiraba ni tenía el más mínimo movimiento, el cuerpito colgaba laxo…
Se fue de la casa a los pocos minutos, agarró todas sus pertenencias, dejó las de la nena. Ya no tenía caso llevarlas. Y la cargó en brazos llorando a lágrima viva.
Nunca más se supo de ella.

Ariel se disgustó bastante pero al tiempo, encontró una nueva mujer para hacer de ella una víctima más.
Pasaron unos años. Maria consiguió un empleo y en sus ratos libres, prosiguió con sus estudios de medicina. Le faltaba poco en realidad, era una alumna brillante, y los finalizó con tanto éxito que el Decanato de la Facultad, la recomendó a los mejores centros de salud privada. Hizo una carrera impresionante, alcanzando el puesto de Directora del Sanatorio Allende en la ciudad de Córdoba, Argentina. Uno de los tres mejores de Latinoamérica. También rehízo su vida personal junto a un hombre excelente. Con él tuvo dos niños sanos, hermosos, y todo marchó sobre ruedas. Al fin sentía felicidad plena en su vida.
Se dio cuenta que podía crear las mejores circunstancias y que en realidad, dependía de ella más que de nadie.

Desde aquel suceso terrible, infortunado, que sucedió con su hijita, pasaron más de veinte años. Cierto día, la llamaron de otro Centro Médico para derivar un paciente muy grave. Se había caído, infectándose ambos brazos. Como no se cuidó en lo absoluto, rápidamente la infección se convirtió en una septicemia generalizada que le provocaba dolores tremendos pese a la morfina. Estuvo días y noches sufriendo horrores. Descuidado, mal alimentado, con cirrosis, y síntomas de una fuerte gripe –que más tarde, resultó otra cosa- poco se podía hacer a estas alturas. Se hablaba de tener que amputarle todos los miembros.
Le comentaron que era un caso único, todo el cuerpo tomado y repleto de pus pese a la enorme batería de antibióticos. Además presentaba otros síntomas extraños. Cuando haciendo a un lado sus compromisos, fue a visitar al paciente, apenas pudo creer lo que veía, era Ariel. Estaba muy desmejorado y no la reconoció. María lo revisó y le llamó mucho la atención además de la carne en colgajos que presentaba en algunos lugares, unas feas y oscuras marcas, también unas ampollas llenas de un líquido negro que mandó a analizar. Resultó una bacteria de los estreptococos del grupo A, propiciadora del virus fascitis necrotizante vulgarmente llamado: virus come carne.
Cuando tuvo el resultado de Laboratorio, se dio cuenta que lo habían traído muy tarde para salvarlo. Al día siguiente, a él le bajó la presión y tuvo un shock tóxico, cayendo en la inconsciencia. Poco después, murió.

Ella lo miró antes que se lo llevaran, observó sus manos y brazos con los que tantas veces la había golpeado, con los que había destrozado a su beba, miró su garganta con los ganglios tomados, casi negra, esa garganta que había proferido en su contra insultos, maldiciones, gritos, y ahora ella y sus miembros, todo su cuerpo, habían estado pudriéndose literalmente en vida. Miró todo eso con una inmensa compasión. Había pedido Justicia, sólo Justicia Divina. No estaba alegre, sólo contempló a los hados del Destino haciendo su labor.
Luego se retiró.

Texto agregado el 08-03-2018, y leído por 0 visitantes. (24 votos)


Lectores Opinan
2018-03-21 15:40:43 Una narración ágil. Una historia triste, pero real. Y un recurso humano final con caracteres de santidad. Te felicito. peco
2018-03-20 09:18:27 impactante tema . Solo recinbió lo que Dios mandó yosoyasi
2018-03-11 15:39:41 Diosita, la historia impacta realmente, la justicia llego pero no sé si el Señor haría esto. Doloroso y triste pero tan bien escrito, te felicito mi Diosita, eres una grande.*********** ABRAZO Abrazo Lagunita
2018-03-10 19:08:54 ¡Que historia Mujer! Por la vigésima parte de lo que narras, era una lacra humana este pobre infeliz. Siento que además de este final, merecía todas las rejas del mundo, es cierto que venía marcado, si su padre hubiese tenido su merecido sería otra la historia. Ahora, a pesar de estos conatos propiciados por ciertos imbéciles, con la lucha de la Mujer y el apoyo nuestro todo cambiará con seguridad. Un beso, Carlos. carlitoscap
2018-03-10 16:22:11 Pasa tantas veces. Y también que le desees lo peor a alguien y que cuando le sucede, no sientas más que compasión. Nilope
Ver todos los comentarios...
 
Para escribir comentarios debes ingresar a la Comunidad: Login


[ Privacidad | Términos y Condiciones | Reglamento | Contacto | Equipo | Preguntas Frecuentes | Haz tu aporte! |
]