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Inicio / Cuenteros Locales / DesRentor / La Brisca Sabatina

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El tumulto no es mayor a un puñado de treinta personas llenas de canas y vestones grises que aluden a la gran imagen de una bandada de palomas picoteando migas en las vértices de las veredas. La mayoría sentadas de a cuatro, murmurando al nivel del poco silencio que hay a la intemperie de la calle donde todos los fines de semana la brisca se hace una con la tarde y las bocinas de las micros que pasan asaltando la esperanza de hacer volar las cartas en cualquier momento. Los tatas no fuman ni beben mientras se desarollan las partidas porque necesitan sus dos manos libres para el juego. Se mueven suaves como ancianos que son, doblando el cuello para reconocer las caras de las figuras que saludan desde el papel termolaminado. Ordenando por pinta, número y valor preparan a futuro el movimiento que dará a su pareja la señal de golpear la mesa con el puño armado de valor y marcar el mono o figura sobre los naipes lanzados. A veces chistan los dedos repetidas veces y mueven sus gorras con el ánimo de aturdir el sueño después del almuerzo. Carraspean un poco o se encogen de hombros lamentando la mala mano o el azar de la repartición del mazo. Miran de reojo al público espectador y dan la vida por explicar un buen truco al borde de la tos y el reflujo de la empanadita y la cañita de vino que se sirvieron antes de estar presentes aquí. Aplauden felices el triunfo y sin dejar la humildad de lado dan palmadas en las espaldas de sus compañeros y contrincantes mientras revuelven y vuelven a partir. Dicen que no hay mejor premio que pasar la tarde en la plaza y dan las gracias, una vez más, por la grata presencia de los compadres que a su buena edad celebran también estar dando la mano a los amigos y a las cartas, y no a los familiares de los que dejaron el cuerpo y el alma, jugando ahora en las mesas del "caballero". Agachan sus cabezas saludando y miran sobre sus anteojos pegoteados por el sudor y el calor del sotavento del puerto fingiendo un profesionalismo de campeones y dueños nada más que de la idea de llegar a sus casas a tomar la once acompañados de un tango y un buen mate.

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Hay una imagen que acompaña este relato, la pueden encontrar en:

https://www.facebook.com/escritosgonharry/photos/a.974982472656291.1073741828.517611471726729 /975403072614231/?type=3&theater

Texto agregado el 27-01-2018, y leído por 0 visitantes. (0 votos)


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