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Inicio / Cuenteros Locales / -ZEPOL / ESCRITOR MALDITO

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Cubierto por el légamo del camino lo encontré sentado al borde de una vereda. Tiritaba bajo la llovizna. Pequeños surcos de lodo bajaban desde su frente y siguiendo un cauce sinuoso se perdían en el cuello de lo que un día fue una camisa blanca.

Lloraba.

- ¿Cómo te llamas? pregunté indiscreto.

- Maldito - me contestó con una voz que me sonó a desgarrado lamento de un alma en pena.

-¿Maldito? ¿Y qué nombre es ese? – porfié.

- “Nací hace muchos siglos, mucho antes de que construyeran los muros de Babilonia. Por una afortunada contingencia salvé la vida de Anajel, uno de aquellos antiquísimos seres venidos de Antares y que la leyenda consideró dioses. Era un escritor eximio conocido en muchos planetas. Agradecido y dotado de poderes sobrehumanos quiso premiar mi hazaña dándome a beber la ambrosia de la vida sin final y eso fue, a la vez, una gracia y una maldición. En adelante, me dijo, tu talento será imagen y semejanza del mío. Te concedo una fantasía que te permitirá ser dueño y señor de las letras de este planeta”.

Las desatinadas palabras del indigente me sorprendieron. Obviamente, el hambre, la intemperie y la miseria habían trastornado sus facultades, pues me costaba imaginar que aquel sujeto pudiera ser algo más que un pobre menesteroso.

-“A partir de ese día –continuó con un lenguaje que discrepaba de su estampa – las vocales danzaban ante mí como náyades borrachas de placer, las consonantes modulaban canciones más hermosas que las entonadas por las sirenas de Ulises. Las elegías, doloras y epopeyas, las cantatas, teogonías o novelas, la tragedia o el teatro – cualquier género literario que jamás se haya imaginado – caía bajo el poder de mi plectro. No había secretos guardados en el bargueño de la creatividad que mi destreza no desempolvara ni diccionario que no enriqueciera con la plétora fecunda de mi entendimiento. Era nigromante a la hora de imaginar, virtuoso a la hora de componer, diestro al enhebrar rimas, excelso e ingenioso al rematar mis historias. Fui aclamado como maestro de la lírica, preceptor inalcanzable de la métrica, mentor eximio de las mentes más ilustres”.

Confundido por la exuberante facundia de sus términos – ¿Y por qué nunca se ha oído hablar de ti? –aventuré tímido y picado por una creciente curiosidad.

– Vengo desde la oscura profundidad de los siglos. He rebotado a placer de un milenio a otro y me he divertido sembrando discordias y envidias. La cerámica del palacio de Antipas reflejó mi estampa, alimenté la animadversión que Aristófanes sentía por Sócrates e hice que en sus comedias lo presentara como un demagogo que inculcaba sandeces en la mente de los jóvenes; en la Academia de Atenas le di clases de retórica a Plutarco, intenté que Sófocles aprendiera a tocar la lira pero su oído musical era nefasto e irónico le sugerí dedicarse mejor a escribir tragedias. Para mi sorpresa lo hizo. Discutí un par de églogas con Virgilio, me emborraché con Boccaccio y entre risotadas impúdicas imaginamos historias eróticas. Le sugerí malvadas intenciones a Macchiavello. El espacio y el tiempo eran, para mí, patio de recreo. Salomé premió una de mis odas con un baile cuyos detalles, por hombre no detallo; Cleopatra me encargó un poema de amor para Marco Antonio, escondí en el baúl donde guardaba mis escritos a Mata Hari cuando huía de los alemanes… y en la antigüedad, hasta el gran Homero me consultó una vez un dato incierto…

- Bueno, ya te escuché bastante… - repliqué ante aquel despliegue de alucinada demencia.

- No. No te vayas. Te lo ruego. Debes escucharme hasta el final. Cierta noche…

Calló como si un súbito lazo de emoción le apretara la garganta.

- Cierta noche llegaron a Jerusalén unos Magos de Oriente siguiendo una estrella. Me preguntaron. Les pregunté. Me hablaron de un niño cuya sabiduría superaba la de los sabios y los astrólogos de todos los siglos y cuya palabra trascendería las eras. ¿Alguien más diestro con la palabra que yo? ¡Imposible! Mi soberbia enceguecida pudo más que mi sapiencia. Les hice perder el rumbo y retardé lo más que pude la ventura de aquellos viajeros.

Rabioso y presa de un escabroso arrebato me dormí borracho en los brazos de Friné, mi hetaira favorita. Esa madrugada, en medio del vaho etílico que no me permitió discernir si fue sueño o realidad se presentó ante mí, Semjäse, la morena reina de ERRA, decimo tercer planeta a partir del centro de las Pléyades.

- “Has estado bajo escrutinio y por mucho tiempo he defendido tu proceder desenfrenado argumentando la fragilidad y el barro de que estás hecho. Pero al negar la luz que los Magos te pedían rebasaste la tolerancia del Supremo. De ahora en adelante, y por siempre, estarás condenado a vivir sin encontrar paz ni consuelo. Escribirás, pero nadie te leerá. Reclamarás atención, pero nadie se fijará en ti. Desearás fama y reconocimiento, pero el anonimato será tu distintivo. Tu pensamiento vacilará incapaz de afirmarse, igual que el reflejo de la luna riela sobre las olas sin aferrarse a ninguna. Si alguien pregunta por tu nombre le dirás que eres un escritor maldito. Ese será tu nombre. Ese tu destino. Ese tu castigo”.

Entre receloso y compadecido lo miré, absolutamente convencido de los estragos que puede hacer en la mente de una persona la falta de alimento y de cuidados. Alargué la mano y le ofrecí unas monedas pero él continuaba ausente vagando en el universo de sus pensamientos, con la miraba perdida entre las gotas del cada vez más fuerte aguacero.

Ante su prolongado mutismo decidí marcharme. Al pasar junto a él tropecé con un morral repleto de papeles. La lluvia desleía la tinta de los escritos…



Texto agregado el 07-01-2018, y leído por 0 visitantes. (19 votos)


Lectores Opinan
2018-01-09 09:47:53 me rindo ante sus pies MAESTRO yosoyasi
2018-01-09 06:32:30 Muy buen relato, son muy vívidas las imágenes que proyectas. Saludos, Carlos. carlitoscap
2018-01-09 04:00:21 Imagino que Gilgamesh tendría esa misma edad, mañana le pregunto que le parece este excelente relato... poemss
2018-01-08 04:00:50 Un gran cuento del género de la literatura fantástica. Un despliegue sorprendente de imaginación. Hasta podemos suponer en el espantoso castigo -el peor para un escritor- un sesgo irónico auto referencial. Me gustó tu cuento. Gracias. y felicitaciones. Ricky1811
2018-01-07 18:50:05 Expectacular cuento. Espero no sea autobiográfico. Jah!! ****** grilo
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