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ESCUCHADOS

Un día, una semana, un mes. Las cosechas se perdieron. Siendo el agua de temporal la única que riega las cosechas de San Gaspar. Los campos están arruinados; maíz, zanahoria, col, lechuga, aun en las tierras rumbo al volcán, la papa. Estas resistieron un poco más por la cercanía a la nieve derretida. Aun así, sino llueve en julio, todo es inútil. Los más viejos no recuerdan una sequía tan fuerte. Los manantiales disminuyen de nivel, el agua en pozos tan abundante normalmente ahora escasea. Algunos están secos. La ayuda externa, escasa, prácticamente nula. Lo abrupto de los caminos y la abulia de las autoridades.

Se convoca junta vecinal en la delegación. Nombre que pomposamente se le pone a un cuartucho en medio del caserío, que también funge como escuela cuando hay maestro.

- A ver, a ver. Ya somos suficientes. Arrejúntense – dice el viejo Porfirio, mientras sus bigotes se erizaban por si solos.

Los vecinos con desgano rodean un improvisado templete, hecho sobre tablones viejos, y vigas. El viejo trepado en él contempla beatíficamente a sus paisanos. Su larga vida le permite conocerlos a todos y hasta su historia particular. Con ademanes pausados levanta los brazos y acomoda a distancia a los que llegan retrasados. El calor es insoportable, casi los 40 grados centígrados. En una región fresca por la altitud a que se encuentra, más extraño. Sus raídos pantalones de manta necesitan desesperadamente una lavada, pero en las circunstancias actuales, impensable. Además, a él no le incomoda. Saca su pañuelo de la bolsa izquierda y con sus nervudas manos lo lleva a su frente. Gruesas gotas de sudor se impregnan en la tela.

- Bueno, empecemos – dice solemnemente.

Como sucede en las comunidades pequeñas de México, la autoridad es nombrada por los mismos vecinos. Porfirio no la busco, solo acepto la encomienda de servir a sus paisanos. Es viudo de hace años, oportunidades no le faltaron de “arrejuntarse”, pero se sentía a gusto con la soledad y el recuerdo de su Remigia. No le dio hijos, pero lo acompaño hasta que Dios y la virgencita se lo permitieron. Un rayo de sol oblicuo da directamente sobre la cara del viejo, el techo, sobra decirlo, tiene innumerables huecos, que ya nadie se ocupa en reparar. Da un paso hacia atrás, fijándose en no pisar muy en la orilla y soluciona el problema.

- Vecinos, no tengo que platicarles el problema – dijo con claridad, estamos abandonados a nuestra suerte y si no hacemos algo, nos va a cargar la chi…

Hubo un murmullo de aprobación, de las cuencas de las morenas caras, salió una mirada angustiada.

- No quiero renegar de nuestra sagrada fe – hace una pausa teatral -, pero hemos rezado todas las aves Marías y no hemos obtenido respuesta.

Las viejas se santiguan y se envuelven afanosamente en sus viejos chales, mientras aprietan con fuerza sus rosarios. Los más jóvenes, al verlas, esbozan una sonrisa. No es que non tuvieran fe, es que casi se les ha agotado por la sed. Los largos recorridos a través de caminos agrestes para encontrar un mísero arroyuelo, les permitía llenar unas cuantas vasijas. Estaban curtidos, se les ha secado el alma. Porfirio que es muy receptivo a las manifestaciones espontaneas, continua apresuradamente:

- Es sabido por todos que nuestros antepasados Matlazincas rara vez carecían de agüita, es mas era tan abundante que se obtenía con solo hacer un “joyo” de un brazo.

Voltea a ver a la concurrencia. Sus ojos ávidos descubren que aun los más reacios aceptan lentamente inclinando la cabeza. Dos jóvenes se mueven casi imperceptiblemente colocándose más adelante. Estiran un bulto que traen envuelto en tela. Lo ponen a los pies del viejo. Porfirio se inclina y con cuidado toma el bulto. Quita la tela y aparece la figura hecha en arcilla de Tlaloc. Deidad de la lluvia en la mitología azteca. Es contemplada detenidamente. Con colores brillantes en rojo, amarillo y azul. En su mano levantada lleva una espiga, de maíz. Y en su cabeza adornada con un vistoso penacho de plumas de quetzal reina un continente severo, pero a la vez cariñoso, para con sus hijos, el pueblo original, secular, tal vez milenario. Ahora vuelven a él, parece complacido. Solo solicita de ellos algo pequeño, casi nada… un sacrificio humano.

Los dioses prehispánicos se alimentaban de sangre humana. En épocas pasadas la obtenían de prisioneros en las guerras floridas. Por ello los aztecas eran un pueblo eminentemente guerrero. Necesitaban alimentar a sus dioses.

El viejo Porfirio lo sabe, y sabe que el pueblo de san Gaspar ha tomado ya una determinación. Gente habituada a pocas palabras, reserva sus energías a los hechos. Desde los más triviales, hasta los trascendentales.

Porfirio lo sabe. Baja del templete con el bulto en las manos. Le hacen una valla, mientras abandona el recinto, algunos tocan sus viejas ropas. Al poniente, a dos kilómetros están las antiguas ruinas arqueológicas, fiel testimonio de una época de esplendor, que ahora parece alcanzarlos a través del tiempo. en ellas hay un montículo que se conoce como “piedra de sacrificios”, al lado del cual hay un pozo, del cual nadie sabe su profundidad. En él se lanzaba al sacrificado, después de sacarle el corazón.

El viejo Porfirio camina tranquilo, sereno. Ha tenido una buena vida. Ahora tal vez tenga una buena…

Todos se retiran en silencio. Un silencio respetuoso, supersticioso.

Un par de sombras se deslizan tras el viejo, a prudente distancia.


al pie del volcán xinantécatl
toluca, méxico
diciembre 2017

ray…


Nota;
Dos días después, amaneció lloviendo en San Gaspar. Del viejo Porfirio nunca más se supo nada.

Dedicatoria;
A sheisan y Victoria, cuyo cariño y amabilidad tapizaron mi camino de regreso a la página.

Texto agregado el 29-12-2017, y leído por 0 visitantes. (12 votos)


Lectores Opinan
2018-06-03 22:46:33 Excelente tu relato, aunque ese final abierto me dejó con deseos de seguir leyendo. Atrapante y rico en imágenes. Me encantó. Magda gmmagdalena
2018-05-28 16:53:26 La historia prehispánica de nuestros pueblos es muy vasta, misteriosa y extraordinaria. La Fe que se profesa es intensa y muchas veces increíble. Felicidades por esta participación. De igual manera gracias por tus comentarios a mis letras. Saludos. clandestino
2018-04-16 13:36:31 Hubiera preferido una danza de la lluvia, tambien es efectiva satini
2018-02-23 02:31:45 tlaloc,por cierto esta relacionado con las fuerzas destructivas dela tierra como los terremotos. se dice que los sacrificios que pedía no eran de ancianos, sino de niños. me gustó tu historia deimos
2018-02-11 18:43:48 Tu camino de regreso a la página, perece que se ha cortado (tal vez, hacer un alto en el camino, sea bueno para tomar aire y seguir) Tu relato me lleva a un México real, cierto, tal vez diferente a como estamos acostumbrar a leer en las guias de viajeros y en las crónicas de la delincuencia. Tú eres México, Yar. Todo lo demás son accidentes en la carrera.+++++ crazymouse
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