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Inicio / Cuenteros Locales / Nazareo_Mellado / La ilusión de libertad

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La consciencia es el primer barrote de nuestra cárcel
Cuando llegamos a la vida, nos resulta imposible saber que tan libres éramos. Al poco andar, justo en el momento de recibir el despertar de nuestra consciencia individual, perdemos la libertad de haber elegido disponer o no disponer voluntariamente de ella. Nuestra consciencia disfrazada de libertad se presenta aparejada con un mandato ineludible e inherente a nuestra creación, esto es: la imposición a una búsqueda incansable e inalcanzable de un estado de satisfacción o lo que es lo mismo, de una sana conducta de rehuir a toda costa de los estados de insatisfacción. Esta imposición resulta ser el motor que moviliza la voluntad a lo largo de nuestras vidas, cuyos estados de prosecución delineó claramente Maslow en su pirámide.

La libertad social es el torpe intento de libertad de otros
Al despertar a nuestra consciencia social, nos damos cuenta que estamos recluidos inevitablemente en una prisión hecha con barrotes entramados de las imposiciones culturales, ideológicas y sociales, que tampoco expresamente tuvimos la oportunidad de elegir. A pesar que siempre dispondremos de visiones disidentes al sistema establecido, estas no son más que torpes intentos de imposiciones de libertad, producto de las visiones de otros, que por lo general representan solo una alternancia en la forma de concebir una sociedad más justa. La historia se encuentra hecha de esta extensa cuasiestática condición donde nada pareciese cambiar revolucionariamente y donde los intentos del ejercicio de la libertad se pasean entre minorías que al establecer sus visiones de sociedad, terminan siempre de una u otra manera subyugando la libertad individual a favor de los sueños de otros.

En otras palabras, somos niños aventurándonos en una plaza de juegos, creyendo elegir el columpio en desmedro del resbalín. Ignorando que el hecho de disponer de alternativas de elección, presume un intento de elección anterior del ejercicio de la libertad de otros, de quienes soñaron la plaza de juegos. Podríamos conformarnos en asumir la libertad como la posibilidad de elegir entre alternativas previamente escogidas para nosotros confiando en la buena voluntad de quien realizó la elección. Lo que me resulta escalofriante en relación a esta concepción de esta libertad confiada, es nuestra voluntaria incapacidad de no cuestionar el origen del mandato de jugar, para engañarnos, adoptándolo como si fuese un ejercicio voluntario de nuestra propia libertad y no una imposición presunta e inherente a nuestra condición de niños.


La distopia del ejercicio de la libertad
Aún así, confiando en que seremos capaces de ejercer nuestra libertad, desechando las dos inhabilitaciones expuestas con anterioridad, es imprescindible que para poder ejercer nuestra libertad, deberíamos disponer en primer lugar de un abanico ilimitado de alternativas y en segundo lugar, de una capacidad ilimitada de percepción para discriminar entre todas ellas, lo que claramente no es ni remotamente cierto a la luz de cualquier pensamiento. La enorme mayoría de los individuos se conforman con las limitadas opciones disponibles ante sus ojos, ante sus sentidos, sobre estimulados por el entorno que los contiene y que los inhabilita a pensar las infinitas opciones disponibles que se les abren a la realidad desde su propio interior. Solo una pequeña parte de la humanidad ha edificado una realidad invisible con la ayuda de instrumentos para percibir lo que no podemos percibir y con modelos que emulan de forma simplificada el comportamiento de los fenómenos de la realidad, de modo de ser ilimitadamente capaces de pensarlos relegando nuestros sentidos al necesario estado en el cual no limiten nuestra capacidad de soñar creativamente en el ejercicio de nuestra libertad.

La utopía de la libertad absoluta
El primer paso hacia la libertad plena, comienza por rechazar los condicionamientos culturales, ideológicos y sociales de turno, el siguiente paso claramente se encuentra soslayando nuestros torpes sentidos, de forma que al apagar los estímulos exteriores se abra una realidad mucho más ilimitada en opciones desde nuestra propia consciencia hacia la existencia. Sin embargo nuestra consciencia aún desconectada de los sentidos, inhabilita el ejercicio de la libertad plena a causa del imperativo de la búsqueda de la satisfacción inherente a nuestro diseño evolutivo de creación. En consecuencia debemos, además de renunciar a nuestros sentidos, renunciar además a la consciencia, para lo cual debemos morir o padecer una enajenación completa a la realidad como la conocemos.

Conclusiones
El hecho de considerar una existencia sin consciencia y además en ausencia de sentidos, nos lleva a una serie de paradójicos cuestionamientos, tales como: ¿La muerte es una liberación? ¿Es posible ejercer la libertad sin consciencia? Podríamos dedicar extensas teorías especulativas respecto de estos cuestionamientos, parados sobre la vereda de enfrente, sin embargo estaremos de acuerdo en que la libertad absoluta podría darse definitivamente después de la vida como la conocemos y en una realidad alterna e incomunicada de la nuestra que salvaguardara el secreto a nuestra ávida necesidad por descubrirla. Finalmente si nos circunscribimos a nuestra realidad donde es imposible ejercer la libertad sin consciencia, podemos concluir que efectivamente se nos presenta como una posibilidad irrealizable. Pero no debemos estar tristes con este hecho, pues la necesidad de ejercer nuestra libertad plena, es solo una imposición más de siglos humanidad que nada tiene que ver con nuestro verdadero diseño de creación.

Texto agregado el 08-12-2017, y leído por 0 visitantes. (4 votos)


Lectores Opinan
2017-12-09 03:23:32 No estoy de acuerdo. Si para ti solo vale tener instintos aulla como un perro y levanta la patita para mear. DELL
2017-12-08 20:06:28 ¿Vos se droga? + cleptomana
2017-12-08 18:39:40 Tu texto lo voy a copiar y leer cuando esté con más tiempo, sin duda lo merece. Te abrazo. MujerDiosa
2017-12-08 18:20:36 me encanto la reflexion que haces... aun me tienes pensando perlita
 
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