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Inicio / Cuenteros Locales / gsap / Aprendiendo a hacer galletas de Navidad (o casi)

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Mi madre y yo somos muy distintas pero nos amamos y mantenemos una excelente relación (salvo excepciones en las que discutimos, no se crean que todo es color de rosas).

Yo no la llamo mamá, sino "Pepa", igual que todos en su mundo cercano: familia y amigos.

Por ésta época del año, la Pepa y su amiga Ana María preparan galletas de Navidad, en un comienzo eran solo para la familia y luego, los que las probaban querían más y de allí nació la idea de venderlas.

Ana María tuvo un infarto hace unos meses y aún no se repone bien, así es que le propuse a mi mamá ayudarla a preparar las galletas para poder aprender. Ana María y mi mamá me ofrecieron ser "socia" pero me negué porque no quise que tuvieran que repartir sus ganancias conmigo sin saber bien los gajes del oficio... tal vez más adelante.

Llegué a la casa de la Pepa (mi mamá), almorzamos y comenzamos con la preparación. La Pepa comenzó a explicarme varias cosas, entre las cuales mencionaba utensilios que yo jamás había visto y ni siquiera se me ocurría para qué podían servir.

Mi mamá encendió la radio, justo en un dial con música antigua: boleros, tangos, etc., una que otra canción de Serrat y otras por el estilo, le pedí que la dejara ahí porque sé que le gusta y a mí también...

Mi primera tarea fue rallar dos jengibres, obviamente me saqué un par de pedazos de dedos pero no se lo comenté a la Pepa. Después me pidió que enmantequillara las latas del horno, éso si que lo hice súper bien, claro que me demoré harto rato porque yo soy bastante lenta, la rapidez no va conmigo.

La Pepa me preguntó si es que había terminado con las latas unas tres veces, cuando mi respuesta fue afirmativa, me dijo que necesitaba que rápidamente separara las yemas con las claras de 21 huevos porque las yemas se necesitaban para la masa y las claras para el glassé... bué, hice lo que pude, me concentré y le imprimí velocidad a mis movimientos, iba bastante bien hasta el huevo número diez, pero miré a mi mamá y me di cuenta de que estaba aguantando la risa, claro, yo creo que nunca me había visto tan concentrada haciendo cosas a tanta velocidad, así es que me reí y me desconcentré por lo cual rompí un par de yemas sobre las claras y puse un par de claras en las yemas... la Pepa dijo que no importaba, a la vez que sacaba las claras de la masa. Al terminar, encendí un cigarrillo y me preparé un té porque pensé que ya estábamos listas con las galletas, la respuesta de mi mamá fue "pero si recién estamos comenzando" y se rió.

Luego, me pidió que pusiera las galletas en las latas y me preocupara del horno y recalcó: "siempre hay que enmantequillar las latas antes de ponerlas en el horno", así es que éso me quedó clarito... es que, a veces, los mensajes que me daba, eran ambiguos, por ejemplo, me decía "ya" ¿cómo puedo saber yo lo que significa "ya"?, entonces me quedaba quieta esperando a que me diera otra señal más específica mientras pensaba: ¿querrá más harina? ¿más café? ¿le paso el jengibre? ¿enciendo el horno? (¡¿cómo se enciende el horno si no es ni parecido al de mi casa?!)

La Pepa se ríe con mis preguntas, bueno en medio de toda la preparación yo bailo, me río, le digo cosas graciosas, canto, etc., debo confesar que la música que escuchamos fue genial, tuvimos suerte.

´La Pepa encendió el horno mientras yo ordenaba las galletas en una lata y la metía al horno, luego la segunda lata. Al rato, la Pepa me pregunta:

-¿Están listas para sacar las galletas?
-¿Y cómo voy a saber si están listas? -respondí-
-Mira -dijo la Pepa abriendo el horno- tomas éste palito (brocheta) se la entierras a una galleta y si sale seco, están listos.
-¿Y cómo sé si está seco el palo? ¿no hay otro indicador?
-Claro -respondió- puedes sacar una galleta y probarla
-¿Caliente?
-Sí pues mujer, pero no una galleta entera, la partes, la miras y ves si está seca y si tienes duda, la pruebas -concluyó haciendo la muestra- están listas, saca la lata.

Saqué la lata y se me corrió el toma ollas, así es que la lata caliente me quemó dos dedos pero no solté la lata (ahora tengo tres ampollas) . Me pregunto cómo es que las mamás saben todo... me preguntó: "¿te quemaste?"... "sí, pero poquito", le dije y ella se dio vuelta y rió en silencio mientras uslereaba la masa.

Al rato agarré el ritmo, sacaba las latas, guardaba las galletas listas, enmantequillaba las latas, ponía las galletas y al horno, luego las miraba a ver si estaban listas.

En conclusión, creo que casi aprendí a hacer las mentadas galletas de Navidad y si no fue así, no importa, la real ganancia fue haber pasado una tarde con la Pepa, realizando un proyecto en común, conversando y riéndonos de lo lindo.

Texto agregado el 30-11-2017, y leído por 0 visitantes. (12 votos)


Lectores Opinan
2017-12-01 09:24:27 Bien por mi niña!! lo has hecho genial, he disfrutado con tus galletas. ELISATAB
2017-11-30 23:17:09 Que deleite tu historia. Quiero una lata de esas galletas impregnadas del amor y la sabiduría de ambas. Las abrazo full, bien full SOFIAMA
2017-11-30 19:35:02 Las mamás se las saben todas.Tu relato me encantó pues me transportó a la época de mi mamá,cuando preparaba sus especialidades de navidad (Hojuelas,arequipe,natillas,etc.UN ABRAZO. gafer
2017-11-30 19:07:29 Muy lindo, al igual que Sheisan, me pareció estar viéndolo. Lindo y rico, rico...***** grilo
2017-11-30 18:56:41 Tienes toda la razón, la madre es el mejor regalo que tenemos y si tienes la suerte de tenerla, aprovecha a estar con ella, nadie podrá enseñarte nada mejor que ella. ome
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