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Inicio / Cuenteros Locales / atolonypico / El buen puerto.

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Por fin habíamos arribado a buen puerto. Los vencejos habían vencido nuevamente el invierno.
Al entrar a la población, como centinelas eternos, nos aguardaban aquellos árboles- que de tener más cultura identificaría- pero que cabe decir que eran muy altos. Entre aquellos robles o chopos el viento cimbreaba las hojas dando una sensación de frescura durante el estío, mediante la impresión de que al menos había algo que se movía en aquel mundo derretido de la canícula. Colgados de los árboles los colegiales nos dedicábamos durante aquellos largos veranos a decir mentiras y hacer pequeñas acrobacias. Desde los árboles cercanos al lavadero se atisbaban las corvas de las lavanderas. No se recataban demasiado con los infantes y dejaban ver todo aquel resplandor blanquecino de aquella época. A veces el movimiento de alguna rama delataba la mano nerviosa de algún precoz en aquellas lides amatorias. Que siempre ha sostenido uno que en el amor y el sexo hay continuidad y vecinería.
La precariedad asolaba todos los rincones excepto el de la imaginación que parece ser conjugaba bien con aquella situación de privaciones intestinales.
Aquel carácter se había formado por dificultades y trabajos arduos y penosos. La fiesta y el ocio se habían conocido allí de soslayo mientras que del trabajo se tenía más que constancia. Pero entre aquel mundo de endorfinas laborales brotaba el ingenio y el bagaje de la cultura popular se acrecentaba por las privaciones alimenticias y el esfuerzo físico.
Tanto ejercicio provocaba esbeltez y buenos colores, y como era algo obligado, la moda era la blancura y cierta prestancia de carnes. Las mujeres ocultaban el rostro del sol con sombreros y pañuelos alrededor de la cabeza para evitar el bronceado de la piel. Esto nos puede poner sobre la pista de que la moda deriva del lujo y del capricho: de lo que no se puede la gente permitir.
Para las fiestas del patrono o patrona de la villa había que tener dos duros en el bolsillo y ropa limpia sin mayores adornos. Lo demás era trabajar y trabajar.

Texto agregado el 21-11-2017, y leído por 0 visitantes. (1 voto)


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