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Inicio / Cuenteros Locales / tsk / Sillas.

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Aquella silla era una de un auténtico rey; de un rey de estar por casa, pero de un rey. Era una silla dura para no regalarse a ningún tipo de flaca pasión, mas, por otro lado guardaba el decoro exigible al cargo. Desde allí aquel rey hubiera dictado sentencias, habría recibido embajadas y gobernado en general aquella parte del mundo sobre la que se extendiera su reino. Era una silla de un rey de ser y de estar; de una pieza, vamos.
Sin embargo yacía arrumbada en un rincón sin que nadie le hiciera el menor caso, aunque vagamente todo el mundo reconocía cierta prestancia en aquel mueble rodeado de polvo y de telarañas. Para nada una silla de ver la televisión; era una silla de acción y no de reposo, una silla beligerante como pueda ser una bota de montar o un caballo. Y sin embargo nadie preguntó por ella durante años hasta que, a punto de hacerla desalojar el propietario de aquella tienda de antigüedades, entró un hombre que la había visto desde la calle y exclamó: si no es la silla de mi tío Eustaquio es que tiene un par igual. Le dieron la vuelta y el carpintero había grabado debajo: para Eustaquio Fontaneda, rey de la industria galletera; Aguilar de Campoo, Palencia, a veinticinco de Enero de mil novecientos treinta y dos.

Texto agregado el 07-11-2017, y leído por 0 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
2017-11-08 11:56:10 No era cualquiera, tenía nombre y apellido!.Original. Un abrazo, sheisan
 
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