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Atisbo en la vida de Gloria

Había peleado con Carlos, a quien recién acababa de conocer, por lo mismo: un engaño. Y ahora se encontraba divagando en la falsedad de los hombres que habían pasado por su vida últimamente menos uno que eran más o menos enemigos. Ese era tan honesto que iba por el mundo como si nada le importara. Pero ni pensar nada en el plano sexual o amoroso.

Hasta que un día se lo tropezó de camino a la universidad. Tuvieron chance de intercambiar dos o tres ideas y más bien, ¿Simpatizaron?

De todas formas algo ocurrió que iba sobre sus capacidades: empezó a soñar con él. Y no sólo eso, en su sueño él le hacía el amor salvajemente y en la realidad ella sentía el orgasmo inducido por dichas sensaciones oníricas. Era tan real que se despertaba jadeando y gimiendo su nombre: iLuis! Oh Luis! Ya a la segunda vez decidió increparlo pese a la enemistad. Él se rio de ella. Y de su fantasía. ¿Qué esperaban?

Era como si él se hubiera adueñado del mundo de sus sueños. Nunca soñaba nada interesante pero a la tercera vez que empezó a soñar con él, se despertó espantadaya estaba húmeda, ya estaba deseosa, ya estaba lista para él en su sueño. Decidió acosarlo. Sin tregua ni sombra. Le escribía, le describía lo que sentía en sus sueños y más aun lo que quería: Quería que la hiciera suya por una noche solamente. Una noche le bastaba para satisfacer su curiosidad. El seguía reticente. No es el tipo de hombre que va por ahí formulando palabritas bonitas. No. Este es un tipo tan honesto que hasta llega a ser cruel. Y cuanto más lo era más le gustaba. Y cuanto más le gustaba. Más le excitaba. Y cuanto más le excitaba más le pedía.

Hasta que un día coincidieron como a las tres de la mañana en un bar. Los dos pasados de tragos y no tuvo que pedir. La llevó de la mano por todo lo que quería. Desde una mirada sensual y arrasadora hasta hacerla sentir mucho más de lo que soñó. La acarició lentamente mientras le hablaba con una voz de terciopelo y se dejó ir. Se dejó ir tanto que para volver le dio trabajo. Sólo venía de vez en cuando él se lo provocaba. Hasta que finalmente llegaron juntos.

Fue una sola noche. Una sola experiencia Le encantó. Ahuyentó los sueños y se quedó el recuerdo. No fue la misma cuando lo veía. Se humedecía, se derretía entera y quería tenerlo de vuelta otra vez más aunque sea. Sin embargo, fue un trato de una noche y en una noche quedó todo el deseo, el sexo, la sensualidad que guardaba y que le abrió ese día.

Ahora. Ahora solo es cuestión de tiempo para cerrar todas esas emociones. Esconderlas y desaparecerlas. ¿Y quién sabe? Serian dos desconocidos con recuerdos en común


Texto de justina1111 agregado el 06-11-2017.
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