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Inicio / Cuenteros Locales / justina1111 / A veces un no es mejor

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El reloj me decía acusadoramente que me faltaba una hora para llegar a tiempo a mi cita. Yo, como siempre, andaba tarde. Acababa de maquillarme y bañarme. Con un poco de desesperación buscaba en el closet algo que ponerme y como de costumbre: mientras más apurada, más indecisa. Al final terminé eligiendo una blusa color crema discreta y unos pantalones negros. Elegante pero no formal. No quería llegar tarde y siempre lo hacía, pero esta vez era importante.

Llegué justo un minuto después de las cinco. Ya él estaba allí esperándome, dando vueltas nervioso, lo cual no hizo más que incrementar los nervios míos. Nos saludamos, nos dimos un fuerte abrazo más para asegurarnos que era real, y entramos. Nos mandaron a sentar. Nos sentamos como dos colegiales, esperando por la amonestación del director.

Mientras estábamos sentados allí, pensé en lo segura que estaba de esa decisión. Y lo feliz también. Mis pensamientos fueron interrumpidos cuando nos mandaron a entrar: “Clara Velázquez y Alberto Pérez pueden pasar.”

El padre nos invitó a entrar en su oficina. No era ni modesta ni ostentosa. Era más bien antigua. El padre Juan se veía con toda la potestad que no solo le otorgaba su cargo, pero también un largo escritorio de roble antiguo, con algunos documentos y detrás de él un gran cuadro de Jesús crucificado. A los lados en las paredes colgaban otros cuadros menos impactantes. Había un archivero. Y un pequeño closet, el cual imaginaba yo, era donde reposaban las diferentes sotanas de uso para la misa.

“Bueno,” dijo al fin el padre, “¿entonces ustedes se quieren casar?” Yo miré al Padre Juan, miré a Alberto y entonces Alberto le respondió: “Creo que si no fuera así no estuviéramos aquí”. Yo casi me muero. Lo habíamos hablado de antemano. Alberto no era muy creyente del catolicismo. Pero me había prometido su mejor comportamiento. Me lo prometió, Lo miré de reojo y quise por lo menos darle un buen pellizco, cosa que no podía. Pero en fin. Reuní todo mi valor y le dije al padre: “Si, Padre. Hicimos la cita con ese fin. Tenemos la fecha planificada para el 31 de julio.” El padre comenzó a hacernos las preguntas de rigor: que tiempo llevábamos juntos, estábamos seguros de hacer ese compromiso ante Dios por toda la vida, que creía yo de Dios, que creía Alberto de Dios. Al final nos dio cupo para un retiro pre-matrimonial de un fin de semana.

Cuando salimos, ya estábamos discutiendo. Yo estaba furiosa con Alberto por su falta de respeto, él estaba como si nada criticando al padre. Cada cual nos dirigimos a nuestros carros en dirección al apartamento. Ya teníamos 4 meses conviviendo juntos. Había sido una lenta evolución que había pasado sin darnos cuenta. Los dos vivíamos solos. Empezamos a pasar fines de semanas juntos. Luego empezamos a mudarnos mutuamente…a dejar cosas aquí y cosas allá. Hasta que nos planteamos en serio la cuestión. Ya teníamos más de año y medio juntos. Nos queríamos a rabiar. Cogíamos la hora de almuerzo del trabajo solo para “un rapidito”. En las mañanas no nos alcanzaba el tiempo para nada eso sí, nada de locuras antes del trabajo. Los dos puntuales y apurados, apenas nos alcanzaba el tiempo de arreglarnos, hacer el café, lo habitual.

Obvié las famosas señales de alarma, los celos desmedidos, el control. Yo era feliz. Su familia me quería. La mía lo quería a él. ¿Que más podía pedir?

Pasaron los días y llego el retiro del fin de semana para parejas. Muy lindo todo. Hasta que dijeron o mejor dicho advirtieron que ese retiro era para parejas que no convivían. Salí desolada. Yo podría mentirle a cualquiera. Menos a Dios. A Dios no podía.

Contra todo consejo llame al cura y le expliqué (que no se lo había dicho) que Alberto y yo convivíamos desde hacía 4 meses. Hizo un largo silencio y me dijo que nos quería volver a ver el siguiente miércoles a las 7 pm.

Volvimos ese día., más puntuales que el anterior. Esta vez, para mi gran sorpresa, el padre nos entrevistó por separado. Luego nos hizo entrar a su oficina a los dos. Cuando estuvimos sentados. Nos dijo: “Lo siento pero no los puedo casar por la iglesia.” “¿QUE?” Exclamé sorprendida. “¿De qué habla?” “Lo siento hija,” dijo el padre, “si quieren esperar un año o más quizá lo podamos volver a hablar.”

Cuando salimos yo no entendía, yo estaba furiosa. Muchas amigas me dijeron que cambiara la iglesia. Al final nos casamos en una boda por lo civil, celebrada en la playa.

Estaba feliz y muy segura del paso que daba. Mi vestido sencillo. Mi familia y la de él reunida y los amigos. iFue un bello día! Firmamos el registro a la caída del Sol y disfrutamos el resto de la noche.

El matrimonio fue un fracaso. El primer año peleamos y nos dejamos. Me arrancó un pedazo de mi amor por él. Después de eso no volví a ser la misma. Al final terminé pidiendo el divorcio.

El día que le puse el divorcio, saliendo de la oficina del abogado, me fui directo a la Iglesia a ver al cura. A preguntarle porque no nos quiso casar por la iglesia.
Me senté obstinada a esperar mi turno. Y entré. (Después que no nos quisieron casar yo me había alejado casi totalmente de la iglesia). Le miré al padre a los ojos, “Padre Juan,” ¿se acuerda cuando vine a pedirle que me casara hace poco más de un año y nos negó la boda?” “A ver, hija, ¿qué paso?” “¿Quiero saber el motivo?” Aquí le tuve que relatar los pormenores y el solo me respondió: “Es que yo aparte de cura he hecho muchos cursillos de pareja y demás. Y vi que no iban a congeniar.”

Salí de la iglesia con más preguntas que respuestas. Como son todos los misterios de la vida. Pero tenía una sola cosa clara: A veces un No es mejor. Y sin más, seguí descomponiendo una vida para empezar a componer una nueva.

Texto agregado el 23-10-2017, y leído por 123 visitantes. (5 votos)


Lectores Opinan
2017-10-24 21:03:19 La vida es una aventura, en lo!personal no necesito papeles y menos padres para demostrar mi cariño. Cinco aullidos libres yar
2017-10-24 08:55:19 Tu texto está escrito en una forma coloquial, transparente, inteligible, perfecta. Anclándome en la historia, lamento que el sacerdote no haya explicado el por qué de su reticencia a formalizar el sacramento. Con base en su experiencia, un NO se justificaba, pero un no EXPLICADO era requisito ineludible. Hasta el curandero menos calificado te explica el por qué de la pócima que te receta. Discrepo: la convivencia previa no es garantía ni de éxito ni de fracaso. -ZEPOL
2017-10-23 21:35:06 La convivencia es muy, muy difícil y complicada. No siempre sale bien. Recuerda que: "No hay mal, que por bien no venga". grilo
2017-10-23 17:55:12 Esperaré... yar
2017-10-23 14:51:55 Es cierto eso de que a veces un no es mejor. Por más que uno quiera decir Sí, no siempre es lo indicado. Buena historia. sofi_al
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