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Inicio / Cuenteros Locales / DesRentor / Invasión

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Existe una versión de ti flotando en el mar que ve pasar los acorazados preparando las armas llenas de polvo y sal que forjarán la sangre de aquellas costas bombardeadas, esculpidas y cinceladas en donde me encontraré de brazos abiertos sorteando las balas, los cañones y las minas antipersonales destinadas a destruir el sentimiento de vacío que llevo por dentro en este momento.

De brazos abiertos he dicho, porque los recibo bienvenidos, con ganas de partirme la cara, agujerearme el pecho y quedar tetrapléjico con tal de erradicarlo. Negándome a la capacidad de hacerme cargo de él (porque no sé cómo), me acerco a la costa para ver el reflejo de las explosiones que iluminan este rostro cansado, lleno de tierra y arena mojada y que solamente deja rastros de surcos en mis mejillas y en mis entrañas producto del sudor y las lágrimas.

Escucho el estruendo de un temor eterno, aviones en picada ametrallan la esperanza al mismo tiempo que ejércitos marchan invadiendo cada trozo de ilusión y camiones y trenes hacen vibrar las calles, puertas y ventanas por donde entra el humo y ese olor de pólvora quemada que se asemeja al pulso con el que escribo estas palabras. Los soldados pasan abriéndose camino cantando canciones que están plasmadas en esta guerra llena de pena y de rabia simbolizadas en una bandera con mi nombre que flamea a lo lejos en un techo de mármol rodeado de fuego y humo negro a lo lejos en la cima de un cerro de una tarde nublada.

Estoy cansado, lo reconozco. Tambores, guitarras, metalófonos, violines y susurros forman la melodía de este apocalipsis mental. Un holocausto lleno de rojo y metal que cubre esta ciudad escondida en los terrenos de mi sentir y pensar. Una guerra que continúa y yo transformándome en el peor criminal. Un preso político de mi estima y mi moral que ilumina las retinas de los testigos silenciosos que me ven pasar. Un prófugo de la escritura que acelera el paso de huida mimetizado entre las tropas del sentimiento y la verdad.

Hoy tuve miedo de seguir escribiendo. Un fusil me apunta hacia el cuello. Reconozco la cara de una mujer de los llanos. Feliz estoy de saber que la resistencia ha llegado.

Texto agregado el 15-08-2017, y leído por 20 visitantes. (0 votos)


Lectores Opinan
2017-08-16 02:24:58 El miedo viene les viene a muchos de distintas formas. eRRe
 
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