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Inicio / Cuenteros Locales / IGnus / El "Rodilla"

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La hinchada era un océano de gritos en estado de ebullición. Los equipos habían salido a la cancha, y la euforia de los simpatizantes se hacía sentir, en una marea de aliento que bajaba desde las tribunas.
El Campeonato Mundial era un festival de colores, algarabía y cánticos. Los hinchas naranjas atiborraban las gradas; gritaban, saltaban, cantaban y alentaban a su equipo, con una energía que hacía sentir muy pequeños a los pocos simpatizantes de la tribuna opuesta, quienes se encontraban en obvia desventaja numérica. Sin embargo, la pasión por los colores hacía que sus gritos se multiplicaran tratando de superar en fuerza a los del equipo contrario, y por momentos lo lograban.
La instancia era decisiva, estaban en la fase eliminatoria, había que ganar cada partido, y los argentinos se las verían en figuritas para tratar de vencer a los holandeses, quienes además de ser los mejores de Europa, contaban con la ventaja de tener miles de simpatizantes, que no dejaban de agitar banderas y gritar por los colores de su país.
Un hombre mayor, pequeño y frágil debido a su edad, estaba buscando un asiento entre los simpatizantes albicelestes. Tal vez uno más que podía ayudar a incrementar el aliento. Sin embargo, algunos hinchas de las gradas superiores, enseguida reconocieron en él una potencial manera de contrarrestar las dificultades de jugar en cancha y país ajenos: ¡el recién llegado era totalmente calvo!
Enseguida, todos procedieron a frotar su pelada, a fines de atraer la buena suerte al equipo. El calvo se dejaba hacer con una media sonrisa de resignación. ¡Seguramente lo mismo le pasa en todos lados!, pensaron los miembros de la barra.
Al rato, un ataque de la «naranja mecánica» dejó a un delantero solo, con grandes posibilidades de concretar. Los más cercanos al anciano se apresuraron a frotar la pelada, y un defensor alcanzó a evitar el inminente gol, al «cazar» la pelota al vuelo justo sobre la línea.
Segundos después, a partir de ese despeje se vino un contraataque que terminó en gol argentino. El estadio enmudeció por unos instantes, y enseguida comenzó a hacerse sentir la hinchada: «¡Vamos, vamos, Argentinaaa!»... «¡Vení, vení… Bailá conmigo…». Y los hinchas literalmente bailaban de alegría en las tribunas.
Desde ese momento, frotar la calvicie del hombre, se había convertido en una condición indispensable para lograr el éxito. El partido terminó 3 a 0 a favor de los sudamericanos, y los hinchas festejaban como nunca. Incluso levantaron en andas al pelado, al grito de «¡Rodilla!, ¡Rodilla!, ¡Rodilla!». (Lo apodaron así, en alusión a que la rodilla es tan lisa como la calva).
Desde ese día, en cada presentación de su seleccionado, no hubo un partido que los hinchas no busquen al «Rodilla» entre los asistentes. Era fácil de ubicar, visto de arriba. Su calva blanca resplandecía en las tribunas, y con el «Rodilla» en las gradas, el triunfo era seguro. Cuando eran minoría en las gradas, la fuerza de su frágil presencia era suficiente para dar vuelta cualquier resultado, y cuando eran mayoría, los partidos resultaban en un festival de goles.
El equipo trepaba más y más en el torneo, acercándose cada vez más a la final, y todos atribuían su buena fortuna al amigo calvo, quien de a poco se fue haciendo conocido, incluso entre los jugadores, algunos de los cuales dedicaban sus goles al suertudo benefactor.
Era el último partido del Mundial, la final tan esperada, ¡Y contra los locales Brasileños!. ¡Los archirrivales!
Los plateístas llegaron temprano, para conseguir un buen lugar en las tribunas. Un grupo de amigos le guardaba el lugar al «Rodilla», no vaya a ser que se quede afuera…
Pero el pelado no aparecía por ningún lado. No se veía su lisa cabeza en ningún lugar de las gradas. No estaba.
El desaliento pronto se impuso entre los hinchas. ¿Cómo podía ser?. El «Rodilla» no podía faltar a un partido tan importante. «Le debe haber pasado algo», murmuraban los de la barra.
Empezó el partido.
El equipo rival rápidamente tomó el dominio del balón, ante el desconcierto de la selección albiceleste, que no la veían «ni cuadrada». El encuentro parecía un monólogo de los verde amarelo.
Y finalmente pasó lo inevitable: ¡Gol!, para Brasil…

Mientras tanto en la tribuna todos estaban desesperados por cómo le iba al equipo, y se consultaban entre ellos para ver si alguien lo había visto al pelado. Finalmente, un chico que dijo ser su sobrino, dio la información que dejó a todos pasmados: «Mi tío está enfermo. Lo internaron ayer»
El dato pasó de boca en boca, y al poco rato llegó incluso hasta el cuerpo técnico. La pesadumbre entonces los invadió a todos. ¡Sin el «Rodilla» era derrota segura!. Los jugadores mostraban un tremendo desgano, y el espectáculo se volvió aburrido. Todo eran avances y pelotazos de los Brasileños, que cada vez se acercaba más al segundo gol, y estaban literalmente «bailando» a la selección Argentina.
En eso, un notero de la televisión argentina, que conocía al viejito, (y que le había hecho una nota, debido a su repentina notoriedad), al enterarse del hecho, preguntó al sobrino acerca del hospital donde estaba internado el pelado. Enseguida le pidió al camarógrafo que lo acompañara, y salió corriendo para el hospital.
Terminó el primer tiempo. La mala puntería de los verde amarelos había logrado que el marcador no aumentara la diferencia en contra, pero eso no duraría, seguramente en la segunda etapa rematarían el partido.
Durante el entretiempo, la pantalla gigante del estadio mostraba avisos comerciales y algunas noticias locales. De repente, la transmisión fue interrumpida por una noticia en vivo, que mostraba una imagen que a todos los presentes se les hacía familiar. Era la calva del «Rodilla», en primer plano. Cuando la cámara se alejó un poco, se lo pudo ver, en su cama del hospital, con un banderín celeste y blanco en sus manos.
El silencio en el estadio fue absoluto. Todos dejaron de gritar, incluso de moverse. Todo el mundo estaba pendiente de la imagen en la pantalla.
Entonces se escuchó la voz frágil del anciano:
—¡Amigos!. —Dijo—. ¡Los estoy viendo por la tele!
«No se preocupen, que estoy bien. Agradezco al señor periodista que vino aquí a visitarme, y quisiera dedicar unas palabras a los hinchas y a los jugadores»
En ese momento, los jugadores estaban saliendo a la cancha, y se quedaron todos mirando a la pantalla, sorprendidos.
— Hoy no pude ir al estadio, como algunos se habrán dado cuenta, porque tuve que internarme aquí. Me van a realizar una operación muy riesgosa, y tengo un poquito de miedo. Ustedes no saben cómo quisiera yo en este momento tener a otro pelado aquí, a quien frotarle la calva para que me traiga suerte en la intervención.
En ese momento, hasta los jugadores brasileros observaban la pantalla, conmovidos por lo que veían.
—Sin embargo, ya que la única pelada aquí es la mía, entonces les voy a dedicar lo que sigue a todos los que están allá. Ojalá ganen, lo merecen por la garra y pasión que el equipo ha demostrado hasta aquí. Ustedes pueden hacerlo; son los mejores jugadores, con «Rodilla» o sin «Rodilla». Porque lo que ustedes tienen, por sobre todas las cosas, es un corazón que late en sus pechos por nuestro país.
Entonces el calvo le hizo un gesto al periodista, quien se acercó, y luego de verificar que el camarógrafo estuviera tomando la imagen en primer plano, frotó la calva del anciano con su mano, mientras él señalaba hacia la cámara y se ponía la otra mano en el corazón.
El gesto del «Rodilla», que se veía en la pantalla gigante, emocionó a todo el estadio. Los jugadores lloraban conmovidos. Entonces, a uno de ellos se le ocurrió una idea, y pronto se la transmitió al resto del plantel. Se aseguraron de que las cámaras enfocaran al equipo a pleno, y entonces todos se agacharon, y frotándose las rodillas desnudas, señalaron hacia las cámaras, diciendo:
—¡Para vos, «Rodilla!»
El anciano, visiblemente conmovido, dijo:
—Gracias, muchachos, ahora seguro que saldré bien. ¡Vayan y ganen la Copa!
Y una enorme ovación tronó en el estadio.
Finalmente, gracias a la «inyección» de aliento que el pelado les dio, (O tal vez gracias al frotamiento de su lisa cabeza), los jugadores dieron vuelta el partido, y ganaron el Mundial. El festejo fue impresionante.
Sin embargo, muchos comenzaron a preguntarse qué habría pasado con el calvo. ¿Había salido bien de la operación?. El festejo no estaba completo sin él.
Todos miraron hacia la pantalla gigante, donde aparecían las últimas noticias al respecto. La expectativa carcomía los nervios. El notero, intrépido, luego de revolver medio hospital, había logrado dar con el cirujano que lo operó, y le preguntó:
—Doctor, ¿Cómo salió la operación?. ¡Un país entero espera su respuesta!.
Transcurrieron eternos segundos hasta que el médico comenzó a hablar, durante los cuales los hinchas mordieron las banderas y gorros, mientras miraban con ojos ansiosos hacia la pantalla.
—La verdad es que el espíritu de este hombre es muy fuerte. A su edad, necesitó mucha fuerza para salir bien, pero la operación fue todo un éxito.
Toda la cancha explotó en una tremenda ovación.
—¿El paciente está consciente?. ¿se encuentra bien?
—Sí. Apenas despertó preguntó cómo salió el partido. ¡No podíamos dormirlo porque no dejaba de frotarse la pelada!
Estas últimas palabras del médico provocaron un estallido de risa en el estadio, y un festejo que duró hasta muy entrada la noche. Desde entonces, el «Rodilla» tiene su platea gratuita asegurada, regalo de los jugadores. Además, todos los integrantes del equipo estuvieron de acuerdo en obsequiarle una camiseta autografiada por todos ellos, junto a una réplica de la Copa, en miniatura, que en su base tenía grabada la siguiente frase:
«Para el “Rodilla”. Un verdadero ejemplo de que el corazón y el espíritu, son más valiosos que la buena fortuna»

Texto agregado el 22-06-2017, y leído por 39 visitantes. (2 votos)


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