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Inicio / Cuenteros Locales / IGnus / La sopa

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Azucena era una chica feliz. Tenía una hermosa familia, vivía en una bonita casa, disfrutaba de cada cosa de la vida… ¡Y tenía un novio formidable!

Su nuevo novio, “Harry”, era el chico más encantador del mundo. Muy atento con ella, pese a su edad se comportaba como todo un caballero. Además, era muy divertido y poseía el don de siempre hacerla reír. Y por si todo esto fuera poco, era tan parecido a un cantante de turno, ¡que todas sus amigas estaban verdes de envidia!

Hoy sería un día especial para Azu, ya que su novio la había invitado a cenar a su casa, para presentarla a sus padres. Ella quería estar perfecta para él, así que se pasó casi toda la tarde acicalándose para verse aún más bella. ¡Quería quedar bien ante los que podrían en un futuro ser sus suegros!

La casa era enorme. Azucena pensó que toda su casa, cabría perfectamente en sólo la sala de estar de la casa de Harry. La mesa donde iban a comer, era enorme, y su superficie era de cuarzo negro. Para la ocasión, los padres de Harry habían hecho que la servidumbre decorara la casa como si fueran a recibir a una reina… ¡Y así se sentía ella!

Por suerte, recordaba algunas clases de ceremonial que le habían dado en el instituto, así que por lo menos supo que los cubiertos debían tomarse desde afuera hacia adentro. ¡Y había muchos cubiertos junto a su plato! El padre de Harry entonces, habló con ellos, interesándose un poco en la vida de Azu, quien se consideraba una chica “promedio”, y trataba de caer lo mejor posible, hablando poco y sonriendo mucho. Afortunadamente para ella, los padres del chico eran muy amables y comprensivos, y la trataron casi como a una hija.

Poco antes de hacer servir la cena, el padre dijo:

-Espero que te guste la sopa… nosotros tenemos la buena costumbre de tomar un buen plato de sopa todos los días. Aún recuerdo aquellas épocas de escasez, cuando apenas podíamos conseguir un plato de sopa caliente para mantener a la familia…

La señora lo detuvo, antes de que el padre continuara con su sermón, y pidió a los mozos que comenzaran a servir.

Azu sentía una terrible incomodidad. Ella simplemente detestaba la sopa. De hecho, sentía mucho miedo de ella. Tal vez era algo un poco extraño, y sus amigos a veces se reían de ella por ese motivo, pero no podía ni ver la sopa de cerca, sin que se le ericen todos los vellos de la nuca.

Observó el plato que colocaron frente a ella, tratando de sonreír con agradecimiento. Cuando vas a comer a casa de tu novio/novia, aunque te sirvan zapallos con jalea de chocolate, los comerás para quedar bien, así que ella haría su mejor intento…

Mientras tanto, trataba de hacer un poco de tiempo conversando con la madre de Harry, e intercambiando opiniones con el padre acerca de diversos libros.

Entonces Harry le recordó:

-Mi amor, tu sopa se enfría…

Ella dirigió una mirada hacia el caldo, y le pareció que el mismo se movía por sí solo. Daba la impresión de que una cara se estaba formando en la superficie…

Observó de reojo a los demás, pero todos bebían de sus platos sin percatarse de nada.

Cuando volvió a observar su plato, su cuchara casi cae de su mano. ¡Flotando en medio de su sopa había un ojo humano!

¿Cómo era posible que nadie lo vea?. ¿Estaré alucinando? (se preguntaba).

El terror que sentía por la sopa, se estaba acrecentando a cada instante. El ojo en su plato había girado para observarla con su iris desprovisto de párpados, y ella no sabía qué hacer para ocultar su rostro de pánico.

-Mi amor, ¡te sucede algo?. ¿no quieres la sopa?

-No… estaré bien. Sólo fue un mareo repentino… -Atinó a decir.

-Pero se te va a enfriar la sopa, mira, ya está casi helada. –Dijo Harry, mientras con su propia cuchara tomaba un poco de la sopa de Azucena, y en el mismo movimiento, se llevaba el horrible ojo, hacia la boca.

Ella quiso gritar, decirle que no lo haga, avisarle que había un ojo espantoso en su cuchara… Pero las palabras no salían de su boca. Estaba petrificada por el espanto. ¡Y él no veía el ojo!

Cuando vio como lo llevaba a su boca, y pudo observar cómo él mordía el ojo, mientras un poco de sangre chorreaba por su mentón, fue cuando Azu perdió completamente el control de su conciencia.

Se puso de pie de un salto, y con un grito muy estridente se escapó corriendo. Bajó las escaleras saltando los escalones de dos en dos, y llegó a la calle en un santiamén.

A partir de ahí nadie pudo dar más datos a la policía, porque comenzó a correr por la calle hasta perderse de vista.

Nadie nunca volvió a encontrarla. Jamás.

Texto agregado el 17-11-2016, y leído por 269 visitantes. (6 votos)


Lectores Opinan
2016-11-18 14:56:05 Me ha gustado el desarrollo, pero coincido en que te quedas con ganas de un final. FERMAT
2016-11-18 12:15:36 Ignus, tu relato es bellísimo, ameno, fluido, de final inesperado, et´cetera. ¡Vamos, que me gustó mucho. Un abrazo Marthalicia
2016-11-18 03:50:16 fascinante historia bien construida que cautiva al lector hasta el final. Admito, final inesperado e impredecible. Me gustó, felicidades!! clandestino
2016-11-17 21:56:56 Me gustó tu relato, no obstante, esperaba otro final. Un abrazo, sheisan
2016-11-17 18:32:03 Está excelente, sin embargo queda una impresión de que faltó algo. MujerDiosa
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