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Inicio / Cuenteros Locales / Marthalicia / El libro perdido

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Hay veces que pienso que mis libros –o por lo menos, algunos de ellos- se burlan de mí. Estoy convencida que no lo hacen por maldad. Lo hacen solo para gastarme bromas. Sucede así: de pronto recuerdo una frase, una palabra que leí hace años en un libro. Sé que lo tengo, sé que lo leí en un determinado año, pero no lo encuentro. Tenía una tapa amarilla. ¿O beige? No me puedo acordar. Lo leí justo cuando estaba interesada en hacer un trabajo sobre la situación de la mujer en la Edad Moderna ¿en la Edad Media? Me escucho rogándole a Jesús su ayuda para encontrarlo. Inmediatamente me reprocho por molestarlo por cosas tan personales y hasta caprichosas. Me acuerdo de Martín Heidegger afirmando la impertinencia de los entes en desaparecer cuando los buscamos y en presentarse ante nuestras narices, cuando no nos interesan. Pienso en dejar de buscarlo, ya aparecerá cuando no lo esté buscando. Pero, mi deseo de encontrar aquella frase tan importante en este momento para mí, me impide que abandone la búsqueda. Ésta se vuelve cada vez más urgente, más frenética, más desesperada. Me siento y tomo un mate. El mate es un amigo fiel en las buenas y en las malas. Pero ahora no me doy cuenta si está bueno o lavado y ni me importa. Cierro los ojos para ver si enfocando los estantes y recorriéndoles lentamente, tal como los tengo en el recuerdo, descubriré su ubicación. Estoy a punto de llorar por momentos. También de putear, no al libro. Eso jamás. Si no lo encuentro es porque mi memoria se toma descanso y me deja tildada. O las neuronas se desconectan y producen eso que llaman “lagunas”. Pues, ahora, a mí se me produjo un océano y no haytutía. Abandono mi trasero como peso muerto sobre el sillón y dejo caer los brazos desalentada a mis costados.
¡Qué mierda me está molestando en el asiento! ¡Ay, ay, ay, aquí está el hijo de puta! Por fin lo encontré. Claro, si anoche lo preparé para leer lo que quería citar. Mi libro querido. Gracias por encontrarte. Gracias por aparecer. Esta vez se te fue la mano haciéndome bromas. Lo beso y lo beso una y mil veces. Lo acaricio y dulcemente lo abro allí, justo allí donde hace tantos años dejé la hoja doblada en la esquina; y la oración subrayada amorosamente con lápiz de mina blanda para no hacerlo sufrir.
(15/10/2016)

Texto agregado el 15-10-2016, y leído por 182 visitantes. (10 votos)


Lectores Opinan
2016-10-18 15:36:51 Muchas veces nos sucede eso pero tu le has dado un toque mágico y de cierto humor a la perdida de ese libro. Saludos elpinero
2016-10-17 22:56:03 *** elvengador
2016-10-16 03:22:32 Tierno, inocente y muy cotidiano, yo soy mas vaga, lo dejo dormir en el rincon de las cosas perdidas y me hago la desisteredsada, cuando menos se lo espera, sale a ver que ocurre, porqué no le presto atención, y entonces lo atrapo. Muy original. Gracias KQ58
2016-10-16 00:03:16 jajaja sinapsis culina!!.. Un abrazo muy ameno tu relato sheisan
2016-10-15 23:38:43 ¡Eres entretenidísima...! ***** calara
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