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Inicio / Cuenteros Locales / IGnus / Jack el StRipper - 4 de 5 - Un show exclusivo

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Preciosas.

Las cinco eran sencillamente hermosas. Rara vez Jack tenía la suerte de ejercitar su arte ante mujeres bellas. Casi siempre se trataba de viejas aburridas, que no lo incentivaban ni un ápice. Pero esta vez, la suerte quiso que un pequeño grupo de jóvenes mujeres lo contrataran para un acto exclusivo.

Se preparó durante días. Quería demostrar que era el mejor, porque así podría asegurarse el trabajar para ese grupo exclusivo y tal vez para sus amigas.

Ellas se encontraban sentadas a una mesa. Varias bebidas alcohólicas acompañaban la velada, y la música suave acompasaba el momento. La reunión era íntima, y las luces bajas seducían a los ojos de Jack, que se encontraban perdidos en algún lugar de las curvas de las chicas.

Había dos rubias, dos morenas y una pelirroja. De lejos se notaba que la pelirroja era la líder del grupo. Si bien todas conversaban, la taheña llevaba la voz cantante, e imponía los temas de charla. Las demás la escuchaban con atención.

Jack se limitaba a bailar cerca de ellas. Las mujeres apenas si le prestaban atención. Estaban concentradas en su conversación, y el stripper era un "adorno" más en aquel lugar.

A Jack no le gustaba. Por un lado, la perspectiva de actuar para un grupo de mujeres hermosas había disparado sus hormonas. Pero por otra parte, la indiferencia; el hecho de ser tratado como un objeto decorativo le quitaba interés al asunto.

Aún no había comenzado a quitarse la ropa, cuando al pasar junto a la pelirroja, ésta apretó fuertemente sus nalgas a través del pantalón. Jack estaba acostumbrado a los abusos de las clientes, y aunque generalmente le disgustaban, no en este caso. La chica era demasiado hermosa y se podría decir que a Jack le gustó que ella lo tocara de aquella forma.

Un poco más incentivado entonces, comenzó a bailar con más esmero en torno a la mesa, tratando de captar la atención de las presentes.

Poco a poco, los ojos de las chicas comenzaron a fijarse en su figura, que él dejaba entrever a retazos entre las prendas que se iba quitando.

Estaba ya bastante excitado cuando la pelirroja comenzó a mirarlo atentamente, y las otras chicas, como siguiendo sus mandatos hicieron lo propio.

Entonces, él comenzó a improvisar como nunca lo había hecho. Todas esas chicas le encantaban, y en su mente transtornada por las experiencias esotéricas que vivía diariamente, las imaginaba a todas como fantasmas. ¡Cómo le gustaría tenerlas a todas juntas en su cama, flotando centímetros por encima de su cuerpo! ¡Lo que daría por una experiencia como esa!

Las imaginaba, entrelazando sus energías ectoplásmicas mientras virtualmente se besaban, y al mismo tiempo acariciando sus puntos más sensibles. ¡Serían diez manos iridiscentes recorriendo su cuerpo palmo a palmo! ¡Serían cinco ávidas bocas impalpables saboreando insaciables la enhiesta firmeza de su virilidad!

Una idea se estaba forjando en su cerebro, pero no se decidía a llevarla a cabo. ¿Por qué no, después de todo? ¿Quién podría culparlo? Estaba el destripador... seguramente él cargaría con toda la culpa, y lo haría gustoso...

Entonces Jack, sin dejar de bailar entre las mujeres, se quitó gran parte de la ropa que lo cubría, dejando al descubierto mucha piel. En verdad, lo que buscaba era el puñal que guardaba dentro de su ropa interior. Una vez que logró tomarlo, lo aprovechó en su acto, simulando una ficticia lucha con un enemigo imaginario. Al mismo tiempo, la afilada hoja cortaba sus propias prendas, que caían al suelo. Los ojos de las mujeres echaban chispas. Finalmente había logrado captar toda su atención.

Realizando una serie de movimentos dignos de un ninja, utilizó el puñal para cortar el aire cerca de las chicas. Ellas, visiblemente excitadas por el peligro, y por los movimientos sensuales que Jack intercalaba, no atinaron a predecir lo que sucedería luego.

En el momento menos esperado, Jack acercó el cuchillo a la garganta de una de las rubias, y sosteniendo su cabeza con la otra mano, le efectuó un corte recto en la yugular.

La sangre saliendo a borbotones comenzó a bañar la mesa, y a las demás chicas, que desconcertadas observaban a su amiga desangrándose.

Pero Jack no perdió el tiempo, y continuó moviéndose con precisión y belleza. Como ejecutando un raro arte, se acercó a la chica de al lado (una de las morenas), y clavó el puñal en medio de su pecho, para luego girarlo a fines de que el aire ingrese en la herida. No contento con esto, hundió el cuchillo en su abdomen, e instantes después sus entrañas comenzaron a asomar por el enorme tajo que él le había practicado.

Sin detenerse ni un segundo, cortó a otra de las chicas por la espalda, y a otra en el cuello. Mientras ellas intentaban en vano detener la sangre que les llevaba la vida, él culminó su sanguinario acto clavando con gran fuerza el puñal en la parte superior del cráneo de la pelirroja. Sus ojos desconcertados aún lo observaban fijamente cuando retiró el cuchillo, y una cantidad exorbitante de sangre comenzó a salir por la herida.

Su escultural cuerpo, estaba totalmente regado por la sangre de sus víctimas, algunas de las cuales todavía gemían en el suelo.

Jack se dedicó entonces a terminar de abrir a las chicas que le faltaban, extrayendo de cada una algún órgano diferente. Un hígado por aquí, un pulmón por allá, un riñon más acá... Todo pasaba por sus manos, e incluso llegó a saborear la sangre directamente desde ellos.

Había hecho una maravillosa carnicería en ese lugar. Y lo mejor de todo, es que cada una de esas cinco chicas volverían... como siempre, para satisfacerlo en las formas más retorcidas que su enajenado cerebro podía imaginar. No veía la hora de tenerlas a las cinco juntas. Seguramente sería la experiencia más increíble que cualquier mortal pudiera resistir. Pero él ya no se sentía un mortal cualquiera. Él era "Jack el STRipper".

Una sonrisa ladeada y ridícula torció su rostro al darse cuenta de que la palabra "Stripper" (desnudista), incluye la palabra "Ripper" (destripador).

"Esas cosas curiosas de la vida" —Pensó, sin dejar de sonreír.

Texto agregado el 13-10-2016, y leído por 42 visitantes. (3 votos)


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