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¿Es el hombre sólo un fallo de Dios, o Dios sólo un fallo del hombre?

Friedrich Nietzsche (1844-1900) Filósofo alemán.

[...]

Año terráqueo 1001 luego de la migración. Sólo quedan tres mil quinientas estaciones. El resto fueron destruidas durante la guerra post Tierra.

Tal vez el error de quienes planificaron la gran proeza de trasladar a los seres humanos a estaciones espaciales, fue llevar también a los políticos.

La tercera parte de la población ya había sido aniquilada en la Tierra, a causa de la polución y las enfermedades. Y luego, la tercera parte de los sobrevivientes fueron exterminados por la ambición de poder de unos pocos.

Finalmente, los militares tomaron el control de las gigantescas estaciones, y establecieron un orden que, acatado por todos, contribuyó a mantener con vida a la mayoría.

En principio, se dictó la ley marcial. Los primeros en ser ejecutados fueron los políticos corruptos, lo que contribuyó a la mansedumbre del resto.

Empero, los militares organizaron a la humanidad en forma óptima. Por ejemplo, se adoptó el esperanto como lengua única, limando así asperezas entre países que ya no tenían razón de existir.

Cada estación espacial era un mundo en miniatura. Construidos con la mejor tecnología, eran capaces de albergar a decenas de millones de personas.

A lo largo del último milenio, la conciencia colectiva de los humanos se había afianzado. Pensaban ahora como conjunto, y actuaban en consecuencia. El objetivo de la humanidad era, de alguna manera, encontrar un mundo similar a la Tierra, para afianzarse allí.

El plan maestro consistía en viajar con las estaciones espaciales (lentamente, no podían moverse rápido), hacia el centro de la galaxia, circulando por las espirales. Cada estación disponía de pequeñas naves llamadas "Jumpers", que permitían realizar un salto astronómico de altísima velocidad. Estas naves monocomando, podían viajar a miles de veces la velocidad de la luz; aunque exigían una cantidad de energía considerable para realizar esta proeza.

A partir del año 375 después de la migración, los científicos hallaron la manera de crear esferas de Dyson (enormes estructuras capaces de absorber toda la energía que rodea a una estrella).

A partir de ahí, los viajes de los Jumpers se hicieron más frecuentes, y la sociedad se organizó definitivamente para buscar la "Tierra Prometida".

Desde niños, los humanos eran ya seleccionados y preparados para colaborar en una de las cuatro castas principales: Armeano (Militar), Astronomisto (Astrónomo), Saltisto (Saltador) o Pobolo (el pueblo en general).

Básicamente, los militares eran los gobernantes. Los astrónomos buscaban mediante telescopios aquellos planetas que eran prometedores, y finalmente los saltadores viajaban allí, en un viaje relámpago de una sola persona, para verificar de cerca, ya que no podía moverse toda la estación por una falsa alarma.

En los últimos centenios no se había encontrado aún ningún planeta habitable similar a la Tierra, pero cada "Saltisto" no perdía la esperanza de alcanzar la gloria como salvador de la humanidad.

Vince estaba a punto de realizar su último salto. Los saltistos eran modificados genética y físicamente para soportar las enormes aceleraciones del viaje, así como para incrementar sus reflejos. A esa velocidad, cualquier obstáculo por pequeño que fuese resultaba en muerte segura. Sus cerebros, una mezcla de neuronas y positrones, eran el triunfo de la tecnología sobre la naturaleza. Desgraciadamente, cada salto disminuía la esperanza de vida del tripulante en forma significativa, por lo que cada uno podía realizar una cantidad finita de viajes.

Vince esperaba firmemente tener suerte esta vez. Ya había saltado diez veces. Estaba acostumbrado a eso. El viaje fue para él casi una rutina. Además, deseaba pensar eso, para no sentirse ansioso.

El planeta era definitivamente prometedor. Grandes mares cubrían su superficie, rodeando vastos continentes.

Vince entró en órbita del planeta, y acercó su nave para en la siguiente pasada observar un poco más del mismo.

Abundante vegetación prometía alimento, al tiempo que oxígeno para respirar.

Una vuelta más, y pudo comprobar que la atmósfera tenía la densidad y presión adecuadas. Además, en un acercamiento pudo visualizar un gran animal marino. ¡Había vida animal en el planeta!

Ya emocionado, continuó realizando acercamientos, y sus observaciones confirmaban que finalmente estaba ante aquello que la humanidad había buscado durante casi un milenio.

De pronto, en un vuelo casi rasante, alcanzó a ver algo que lo dejó un poco perplejo: había unos seres junto a un lago. Eran humanoides, pero portaban cuatro brazos. En un primer vistazo, creyó percibir que estaban capturando animales marinos con una suerte de trampas... Realizó una nueva pasada, ahora más cerca y observando con atención, y en otro sitio encontró edificaciones, señal unívoca de civilización. ¡El planeta estaba habitado!

En ese instante, sus circuitos positrónicos colapsaron. ¡A lo largo de tantos años de búsqueda, la humanidad nunca imaginó que su Tierra Prometida estuviera ocupada!

Los circuitos de su cerebro no estaban preparados para esta paradoja, y colapsaron, presentando frente a sus retinas la palabra "MISFUNKCIO", (mal funcionamiento, en esperanto).

El saltisto sabía que no podría regresar sin la asistencia de su cerebro positrónico. De hecho, se sorprendía de aún estar vivo, y razonar con coherencia... o eso intuía, ya que no podía estar seguro de nada. Rió entre dientes, luego de bautizar "Misfunkcios" a la raza que había descubierto.

¿Qué pasaría a estos habitantes cuando llegaran los terrestres? Tal vez serían exterminados. O en todo caso seguramente terminarían por morir a causa de la polución que los humanos parecen llevar a donde van.

Vince no deseaba permitir que eso suceda. Él estaba modificado genéticamente. Él era Superior. Su mente era privilegiada. No existía nadie que pudiera resolver ese problema en ese sitio. Sólo él.

No dudó un segundo en tomar su decisión definitiva: La pila hipoatómica de su nave era la manera lógica de terminar con el inconveniente: Sólo debía estrellar su pequeña nave atómica en la superficie para evitar todo ese sufrimiento a los inocentes que esperaban abajo. Sólo Él tenía ese poder.

Y no era para menos. El dios de los "Misfunkcios" no defraudaría a sus hijos.

Texto agregado el 11-10-2016, y leído por 56 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
2016-10-13 02:00:29 Una original revisión al problema que la humanidad se plantea sobre su existencia, aspirando a hallar la solución siempre en sí mismos y por ende en esta vida. Si la cita del buen Friederich alude al desamparo del hombre por parte de Dios, este hombre del futuro devenido divinidad por su situación hace algo parecido, suponiendo un bien en ello: no revelarse, desistir de su propia empresa en pos de otros. Es raro, pero es propio de este mundo. Buen cuento. litomembrillo
2016-10-11 19:20:39 Saludos a Misfunkcios, el Colón del nuevo mundo. ***** grilo
2016-10-11 16:34:55 Imaginación y talento que rebalsa e inunda la página. Redacción impecable y aleccionadora. -ZEPOL
 
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