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Inicio / Cuenteros Locales / grilo / Los mongoles...

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Lo que el pueblo mongol nos enseñó

“Todos los hombres que conozco son superiores a mí en algún sentido. En ese sentido, aprendo de ellos.”

(Ralph Waldo Emerson)


La leyenda de Gengis Kan ha perdurado a lo largo de los siglos: un conquistador bárbaro, que cruzó Asia y Europa aterrorizando al mundo civilizado saqueando, matando y arrasando las culturas que encontraba a su paso. Hasta que, un buen día, su vasto imperio desapareció sin dejar rastro, ya que los mongoles no eran capaces de crear nada que pudiera llegar hasta nuestros días.

Esa es, más o menos, la imagen mental que tenemos todos cuando pensamos en esta figura histórica.

Sin embargo, esta descripción sería, como poco, un retrato impreciso del personaje.

En realidad, Gengis Kan fue una de las mejores mentes militares que han existido, en buena medida porque fue un perpetuo estudiante. Sus increíbles victorias fueron, a menudo, resultado de su capacidad para absorber las mejores tecnologías, prácticas e innovaciones de cada nueva cultura con la que su imperio entraba en contacto.
Bajo su mando, los mongoles fueron implacables “robando” y absorbiendo lo mejor de cada pueblo que conquistaban. No inventaron, ni construyeron maravillas, ni dejaron su huella en el arte, pero con cada batalla y enemigo su imperio aprendía e incorporaba algo nuevo.

Kan no era un genio. Como señalan sus biográfos “el suyo fue un ciclo permanente de aprendizaje pragmático, adaptación experimental y revisión constante, conducidos por una voluntad disciplinada y centrada como ninguna". Fue el mayor conquistador que ha existido porque estaba más abierto a aprender que cualquier otro.

La organización de las unidades en el campo de batalla, la forma de abordar la contienda contra ciudades fortificadas, o la importancia de ganarse el corazón de las gentes de los territorios que conquistaba fueron aspectos de la guerra que fue aprendiendo y que le permitieron agrandar y conservar en el tiempo sus dominios.

Aunque los mongoles parece que se dedicaron casi en exclusiva al arte de la guerra, supieron sacar provecho de cada persona con conocimientos que encontraron. Con una filosofía de libertad religiosa y de convergencia de culturas expandieron cultivos y tecnologías por medio mundo, propiciando de esta forma que surgieran nuevos inventos como los cañones, que fusionaban la pólvora china, el manejo del fuego de los árabes y el trabajo del metal europeo.

Cada victoria y avance hicieron mejor a Kan, pero también le obligaron a superar situaciones a las que no se había enfrentado antes.

De igual forma, a medida que nuestra vida avanza, nos vamos encontrando con nuevos retos, teniendo que afrontar nuevos problemas. El vendedor, cómo gestionar. El directivo, cómo delegar. El chef que abre su propio restaurante, cómo conducir con éxito esa otra parte del negocio.

También se incrementa la presión para fingir que sabemos más de lo que realmente sabemos, o que ya lo sabemos todo. Hace falta humildad para reconocer la máxima de Sócrates: que sabemos menos, aunque cada vez sepamos más.

No se trata de algo trivial. Como observó John Wheeler, físico teórico que ayudó a desarrollar la bomba de hidrógeno: 

“A medida que crece nuestra isla de conocimiento, también lo hacen las orillas de nuestra ignorancia”.

A todos nos amenaza el canto de sirenas del ego y la autocomplacencia y nos sentimos tentados a “soltar el timón” dejándonos ir.

Sin embargo, el conocimiento y el dominio de una materia son un proceso fluido y continuo. Por eso no basta con ser un estudiante al principio del camino, cuando somos jóvenes. Es una posición que uno ha de asumir de por vida. Aprender de todos y de todo para evitar que nuestra nave choque contra las rocas.

Otro error habitual es permanecer en nuestra zona de confort. Ésa que impide que nos sintamos estúpidos, pero en la que no se nos desafía a reconsiderar lo que creemos saber; la que nos proporciona una falsa sensación de seguridad al ocultar nuestras debilidades. A veces, hasta que es demasiado tarde.
La solución es tan sencilla como inicialmente poco apetecible: elige un libro sobre un tema del que no sepas casi nada. Entra a una sala donde seas la persona menos culta o conocedora de la materia. Esa profunda incomodidad, esa reacción defensiva cuando nuestro ego y convicciones se ven amenazados… ¿se te ha ocurrido provocarlas deliberadamente?

Con las empresas pasa algo parecido. ¿Por qué a algunas les cuesta tanto adaptarse a los cambios? En buena medida, porque han perdido la capacidad de aprender, de plantearse desafíos a sí mismas.

"Un país, no deja de ser una empresa. Funciona idem
Por eso no la puede dirigir un cantamañanas!! "
(Grilo)

Corrijo!. Como poder puede, algunos lo han hecho y otros están en ello....Donald Trump....el profeta-coleta....
Lo que no deben!!.

USA sería un Holding....


La mayoría intentamos imponer nuestros valores y controlar aquello con lo que nos encontramos. Lo que hizo diferentes a los mongoles fue su capacidad para evaluar cada situación objetivamente y, si era necesario, sustituir las antiguas prácticas por otras nuevas.

Sigamos siendo estudiantes. La oportunidad está presente en cada recodo de la vida.

Dejar de aprender es, en el fondo, una forma de morir.

 

Texto agregado el 09-10-2016, y leído por 109 visitantes. (7 votos)


Lectores Opinan
2016-10-10 17:11:49 "Poderosos" * Julia_flora
2016-10-10 17:11:02 Muy buen ensayo, coincido con -Z; aunque no crees que tanto oficio por aprender de la guerra nos ha estancado?? Si todas las culturas hubieran optado por usar su intelecto en construir y seguir enriqueciendo, el mundo hubiera sido de otra manera, la maldita pólvora, los cañones, las bombas nucleares y asì se creen "poderes", te recomiendo a Focault sobre su concepción de poder. aBRAZO! Muy interesante . Julia_flora
2016-10-10 01:45:40 Interesante y polémico, esto último para quienes quieran hacerlo. sagitarion
2016-10-10 00:46:39 Mas allá de la discusión sobre la genialidad de KAN hablas de la importancia no menor del aprendizaje, y en ésta afirmación otra vez considero que estás acertado ya que la genialidad parecería ser espontanea y quizá también todos somos genios en potencia sin embargo a falta de una genialidad no manifiesta; el aprendizaje y la continua asimilación es una forma muy loable de lograr resultados geniales. Saludos! TuNorte
2016-10-09 16:19:50 Un texto interesante donde se aprende. Muy bueno. Saludos NINI
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