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Inicio / Cuenteros Locales / IGnus / En la oscuridad

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Nunca sabrás en qué momento sucederá. Y eso será porque estarás dormida...

Esa noche, tuvo una extraña pesadilla. En su sueño, una voz de ultratumba le susurraba al oído la siguiente frase "Estoy aquí..."

No pudo mantenerse dormida por mucho tiempo más. Enseguida tomó conciencia de estar recostada en su cama. No obstante, no abrió los ojos todavía. Efectivamente, ella misma se sorprendió de este hecho. Siempre sintió temor de tener los ojos cerrados, y de lo que pudiera acecharla al no poder ver. Pero la somnolencia era tal, que no sentía ganas de abrir los ojos.

Pero el sueño que había tenido atenazaba sus sentidos. Comenzó a transpirar, y pese al esfuerzo que hizo por dormir, no podía conseguirlo. Finalmente, se decidió a abrir los ojos... Y no pudo hacerlo. Sus párpados parecían pegados.

El pánico comenzó a invadir el corazón de la chica, que latía con vehemencia. Parecía querer salírsele del pecho. Su respiración se agitó, y rápidamente se sentó en la cama.

Entonces se tranquilizó un poco. Pero la sensación de realidad por haberse sentado le duró muy poco: Seguía sin poder abrir los ojos.

La oscuridad invadía sus globos oculares. No podía ver absolutamente nada. Ni siquiera una claridad a través de los párpados. Pensó que la luz estaba apagada, y aún era de noche. Tal vez por eso no podía distinguir nada. Entonces se llevó la mano a los párpados, para comprobar con terror que en realidad sí tenía los ojos cerrados, pero no podía abrirlos porque estaban literalmente "pegados".

Por más que hizo fuerza con sus dedos, no podía despegar sus párpados. El pánico comenzó a atacar de nuevo. Especialmente porque le pareció escuchar algo, y además distinguió a través de sus párpados una leve iluminación pasando frente a ella. No había nadie en la casa...

—¿Quién está ahí? —Se atrevió a preguntar en voz baja y temblorosa.

No hubo respuesta.

Instantes después, comenzó a temblar visiblemente, cuando cerca de su oído volvió a escuchar la voz de su sueño:

—Estoy aquí...

La desesperación atacó sus nervios, y comenzó a manotear en todas direcciones, buscando al intruso invisible que sólo ella no podía ver.

Luego comenzó a tratar de forzar sus párpados. Parecían unidos con pegamento. Era imposible separarlos. Llegaron a dolerle, pero no podía...

Frente a su rostro comenzó a sentir un aliento caliente. En ese momento el pánico la obligó a quedarse quieta. Temía lo que le pudiera pasar, al punto que no podía mover un músculo.

Sus dedos, desesperados, comenzaron a forzar sus párpados hasta hacerla sangrar. El dolor era inaudito, pero la ansiedad era mayor. Aulló de dolor mientras su piel se rasgaba. Tiraba de sus pestañas hacia arriba, con tanta fuerza que arrancó algunas, y sus párpados inferiores comenzaron a romperse, a partirse.

Lloraba de terror y dolor, pero necesitaba imperativamente poder ver, poder observar al supuesto intruso que la aterrorizaba con su tenebrosa voz.

Entonces, luego de un gran esfuerzo logró abrir uno de sus ojos, tras literalmente rasgar la piel de uno de sus párpados.

Desesperadamente movió su ojo en todas direcciones. Una cortina roja le impedía ver con claridad. La sangre que manaba de su ojo caía hacia su pómulo, y corría luego hacia abajo por su mentón, hacia su cuello. El líquido caliente fue dispersándose poco a poco, y pudo comenzar a vislumbrar su cuarto en semipenumbras: No había nada allí. No había monstruo, no había fantasma, no había zombies... Nada.

Entonces, comenzó a arrepentirse de haber sentido tanto pánico al punto de desgarrar uno de sus párpados. Razonando un poco más ahora, pensó que debía concurrir a un médico.

Pero algo aún hacía que sus latidos no frenaran su loca carrera: La puerta de su placard estaba entreabierta, y ella recordaba haberla cerrado.

No sin dificultad, mirando con un solo ojo, mientras su sangre continuaba manando ininterrumpidamente, se acercó temerosamente al placard.

Tomó valentía, y abrió la puerta de par en par...

Sólo tuvo unos segundos para observar su propio cuerpo, antes de que la vida la abandone, cuando el pequeño ser que se encontraba dentro del placard, con un movimiento certero de su machete, cortó su cabeza de un solo tajo, y luego, sosteniéndola erguida, apunto la mirada de su único ojo abierto hacia su cuerpo, que se derrumbaba sin vida en un charco creciente de sangre.

Texto agregado el 04-10-2016, y leído por 192 visitantes. (5 votos)


Lectores Opinan
2016-10-05 02:02:05 Pero ese desgarrar de piel propia y solo imaginar los párpados con sangre y ese dolor con tal desasosiego y esa sed de ver, deja un tremendo escalofrío y con el latido altivo… que más decir, si todo los créditos los tienes. marcellasant
2016-10-05 02:01:08 Hacía demasiada falta algo de terror. Hacía falta algo como tus escritos. En las primeras líneas sentí esa fragancia de años adolescentes cuando los íncubos sobresaltan las noches calmas... qué impresión da tal cosa y sobretodo el no poder abrir los ojos y con ese peso sobre sí que mantiene inamovible a cualquier cuerpo. En una noche solo se veía qué pasaba en sombras frente a una pared. marcellasant
2016-10-04 22:36:08 ahhh buenísimo y un final rotundo. Felicitaciones !! sheisan
2016-10-04 19:01:37 IGnus, te pasaste! wow... MujerDiosa
2016-10-04 17:33:42 Terroríficamente bien escrito, con una sensación de escalofrío in crescendo que desemboca en un final espeluznante. Tersamente luminoso tu lado oscuro. -ZEPOL
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