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Inicio / Cuenteros Locales / martilu / ¡Ostiones a los cuatro quesos!

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¡Ostiones a los cuatro quesos!

Si me dieran a elegir un bocado antes del cadalso sin duda elegiría ostiones a los cuatro quesos.
Todo comenzó con una salida de a tres.
Siempre es sabido que tres son multitud y que cuatro son dos parejas.
Bebimos café en La Perla.
Escuche a Lea que tuvo un desperfecto con el colectivo en Castelar pero se entretuvo leyendo a Gabriel García Márquez,durante el viaje.
Después se encontraron con Amado y salieron del auto a saludarlo, mientras yo me quedaba adentro, pensando lo cosmopolita que son los Bini Rodríguez.
Y otra vuelta a la Confitería. Otro café, dos cortados y una larga noche para sobrellevar el show de Fernando Peña. Uno de sus últimos…
AL restaurant Toronto lo abrieron a las 21,30. Comenzamos con chop bue con salmón rosado. Ángel una copiosa ensalada verde con tonalidad bordeaux, lechuga arrepollada y repollo, aceitunas negras, berenjenas en escabeche.
Los temas tratados variados así como los manjares.
El proyecto del viaje a Italia y que si Ángel no toma ninguna decisión hace la de Poncio Pilatos .
Por mi parte opinaba que tenemos que enfrentar el desafío del temor a lo desconocido, porque sino nunca sabremos lo que nos hubiera deparado el destino. Claro que opinar de la boca para afuera es fácil porque la que viajaba es ella dejando una caterva de hijos y padres en delirante ambiente diletante.
Íbamos a ver a Peña con su obra “El Niño Muerto”
Llegamos exhaustos al teatro, todo el viaje mirando el celular todos y cada uno cuatro segundos. Al finalizar la cena pidieron un Chandon que bebí en copa ancha porque en copa angosta no me entra la nariz.
El complejo la Plaza es muy laberintico. Tiene callejuelas, un anfiteatro, locales y una confitería vitreada dotada de un baño nauseabundo en el subsuelo.
Al subir en el ascensor los tres, Ángel, Lea y yo no me percate de lo que ocurirria después. Idas y venidas que te dije y que vos no me contestaste, y algunos insultos e improperios entre los cónyuges, que hacían que yo mirara hondamente al del ascensor espejo para que me tragara.
Al teatro entramos después de los 400 espectadores porque Ángel era el que tenía las entradas y luego de que tocara en el ascensor todos los botoncitos, fruto del Champagne Chandon, que nos habíamos bebido.
El telón se abrió y a mí me dio alegría ver a Ronnie Arias como maestro de ceremonias, a Peña como sor Juana Inés de la concha consagrando al bebe homosexual y colgándole un feto, atado con un alfiler del habito con un gancho... Siguió su nacimiento por un telón negro con una vaina roja de labios mayores por la cual emergió pariéndose y las enfermeras que lo querían sacar y el que quería entrar y ellas que lo querían sacar de los pies. Por fin salió cantando... Soy un niño muerto con un cordón umbilical que no paraba nunca de salir. Sus padres vieron qué su andar era muy felino seduciendo y chupando su chupete ávidamente, su icono futuro de felación constante. La que escucha a Peña era yo así que lo conocia en su infinidad de personales a los cuales les daba vida propia como un caleidoscopio de su propia imagen especular.
Me toco pasillo. Ya en su anterior espectáculo al que asistí se metía con el público así que eso me exponía con un poco de pudor.
Fernando se dirigió a su auditorio, a los de la primera fila aludiendo que tenían el escenario la altura de la nariz y que vender esas primeras filas era todo un augurio para ellos, los valientes.
Yo en séptima fila transpiraba. Durante una hora y media en una sala de terapia intensiva, donde transcurría la obra de teatro, goce cada uno de los dialogo y los monólogos.
Termino el espectáculo y ¿qué fue lo que paso?. Nos perdimos de nuevo.
El esperando en Montevideo y Sarmiento y yo bajando con Lea por las escaleras. Peña había susurrado en cierta parte que el que se enoja necesita abrigo y protección justo lo que no hacemos cuando nos enojamos que seria sumergirnos como ostiones en la valva tapados sin asomar la nariz fuera para recibir la caricia anhelada.
A Hilen la hija de ambos la fueron buscar a la casa de una amiga y el inicio la marcha sin que ella hubiera puesto los pies adentro. Así estaban las cosas.
Cuando llegamos a nuestro hábitat, les comente lo luminosa que estaba mi calle, es que el intendente estaba de parabienes a los que los dos contestaron un con gruñido.
Todo lo que paso después corre por cuenta de ellos y la vuestra.

Texto agregado el 27-08-2016, y leído por 54 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
2016-08-27 22:18:11 tiene puntos interesantes, en otros me he perdido seroma2
 
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