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Inicio / Cuenteros Locales / antonio89 / Como el agua y la medianoche.

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Como el agua y la medianoche.

1

La tierra se eclipsa, los muertos renacen, los campos se atiborran de almas en pena, el sol se esconde asustado, la luna reina, ríe feliz. Ha llegado el tiempo de su dominio, las nubes son negras y uniformes, están sin vida, sin magia, el cielo no nos cobijará como antaño. La tierra sucumbe y mi alma se entristece, quedamos pocos, ya no somos numerosos. No luchamos por nuestra vida con ahínco ¿Quién será nuestro guía, el protector de estas almas errantes? ¿Quién vendrá en nuestro auxilio? Estamos famélicos, sin pan ni agua. Cansados de comer barro e insectos, solo bichos y serpientes.

2

No amanece, y tú no te dignas a aparecer, te has mudado al otro cuarto. No me tocas, ni te excitan mis caricias, mis besos para ti ya no son ardientes ni fruto de pasión. Estoy solo, tu desamor me tiene en los huesos, ni ánimos de coger algún alimento tengo. Y esta negrura que persiste como una rueda que gira y gira por una cuesta que no tiene final. ¿Quién iluminará los recónditos lugares de mi corazón? ¿Quién devolverá la vida a este cuerpo que ha perdido su calor febril? ¿Tú? No lo creo ¿Una amante? Carezco de alguna, perdí el encanto de mi juventud. El fuego de un amor extraviado se cuela por la ventana de mi habitación, el deseo, el fulgor de una pasión incontrolable se posa con lujuria en mi carne flácida. Vuelvo a sentirme vivo.

3

Hoy desperté apoyado en la almohada en que solíamos compartir, ahora está fría, triste, un riachuelo salado nocturno la ha empapado. Me levanto a duras penas, me acerco a la ventana, el día sigue siendo noche, una bruma gélida envuelve la ciudad. Me dispongo solicito a seguir durmiendo, cuando de repente unos coros a lo lejos despiertan una chispa en mi corazón marchito. Una marcha está en camino, cánticos de amor y de una gloria perdida se alzan con fervor hacia el firmamento. Veo cruzar frente a mis puertas a miles de personas desde niños hasta ancianos- gritan con entusiasmo: ¡Derribad a los opresores! ¡Haced temblar a los que nos han quitado el sol! ¡No más tierras yermas, no más naturaleza corroída, no más fuegos fatuos, no más lluvias de cenizas, no más almas en pena, no más muertes sin razón! ¡Derrocad al Usurpador! Un viejito con rostro esperanzado le da una flor a una niña, esta sonríe y le da un beso en la mejilla.

La flor refulgía como un sol, sus pétalos cambiaban de colores. El arcoíris se reflejaba en su tallo- pensé- Hasta en el peor de los tiempos la belleza se muestra, se hace ver sin importar el precio o consecuencia. Una lágrima caprichosa desciende por mi ojo izquierdo, cae en mis labios secos. He comprendido que aun ante toda medida se puede volver a las raíces, que podemos dar batalla, quizás al final del camino no quede nadie para contar nuestra historia, sin embargo, al menos no pereceremos de rodillas. El día sigue siendo noche y la noche obscuridad total. Olisqueo el aire, el viento ya no es tan opresor. La luz brilla por su ausencia, aunque es posible que vuelva, cuando el día vuelva a ser día.

Texto agregado el 24-08-2016, y leído por 134 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
2016-08-24 15:38:56 En esta vida, todo es posible. La belleza puede perdurar aunque sea en nuestra mente. Me gustó tu cuento.***** ome
 
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