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Inicio / Cuenteros Locales / Taramustra / El cuerpo que cambiaba

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El cuerpo que cambiaba
Aurelio Tardefresca llevaba muchos años de relación con su amada Samanta Gunterherberth. Siempre había sido muy feliz junto a ella, porque él la amaba tal como era y siempre había sido. Su cuerpo matemáticamente simétrico y sus labios que siempre decían las mismas cosas bellas al amanecer y al atardecer se mantenían imperturbables en su viaje continuo por la cuarta dimensión, y él podía observar como el mundo detenía sus procesos naturales en aquel bello cumulo de polvo cósmico que eran sus dopantes ojos color atardecer marciano. Los años de relación pasaban como para las hojas el viento y la dulzura del perfume de su presencia volvía maravillosa la incertidumbre de ver ser tan hermoso después de que partía, tierna y satisfecha, a su casa. Pero un día Aurelio Tardefresca espero su llegada tan constante como siempre pero a su llegada el notó que uno de sus brazos lucia más largo que el otro. Tu brazo está más largo, dijo él y ella está igual que siempre, nada ha cambiado, y el estuvo prestándole atención a su cuerpo pero sobre todo a su brazo, y en la tarde después de que almorzaron le dijo de nuevo tu brazo está más largo que el otro y ella nada ha cambiado. Se fue a dormir pensando en su amada Samanta Gunterherberth pero sobre todo en su brazo, ya que pensaba en ella todas las noches pero esta vez pensaba más. Al día siguiente Aurelio Tardefresca espero la llegada de su amada pero cuando ella llegó el notó que una de las piernas lucia más ancha que la otra. Le inquiero sobremanera los bultos de carne que parecían acumularse en la parte alta de la pierna y preocupado le preguntó qué pasó con tu pierna, y ella no pasa nada, no pasaba nada ayer y no pasa nada hoy, ¿es que nuestra relación se ve afectada por preocupaciones tontas? Y el tu pierna se ve muy mal y es preocupante y ella lo mira con enojo y si no vas a dejar de alucinar cambios inexistentes me iré y se fue molesta a casa. Y Aurelio Tardefresca pensó durante la noche en su amada Samanta Gunterherberth y en su belleza inmaculada y en sus ojos merecedores de grandes teorías científicas y en cómo sus divinas facciones habían cambiado y se habían transformado en algo extraño y heterogéneo y al día siguiente cuando ella llego a verlo más tarde de lo habitual tenía un lado de la cabeza más grande que el otro, de forma que casi le caída de lado a causa del peso del lado. Aurelio Tardefresca la mira y tenemos que hablar y ella dime y el aunque no lo quieras reconocer has cambiado y eso ha afectado nuestra relación, y también le dijo ya no eres como eras y ella le dijo muchas cosas mientras Aurelio Tardefresca notaba como su amada Samanta Gunterherberth era un cuerpo en transformación y sus ojos antes maravillosos se derramaban sobre sus huesudas mejillas y su torso se curvaba de forma inconcebible sobre sus bulbosas piernas. Y le dijo finalmente Aurelio Tardefresca que ya no la amaría pues había cambiado mucho y lamentó la pérdida de su amada, y para disminuir la pena que lo acogía dio un paseo en el parque, siempre transitado por aquellas criaturas bulbosas y desproporcionadas que habitan en todos los rincones del planeta.

Texto agregado el 19-07-2016, y leído por 24 visitantes. (0 votos)


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