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Inicio / Cuenteros Locales / Julia_flora / Fatum

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1
Apareció, cuando había dirigido mis años a esa destrucción inevitable, vio en mi lo que hacia rato los civiles habían dejado de buscar.

Guadalupe fue el puente que ambos cruzamos para encontrarnos y no fue fácil dejarme encontrar, pero cuando él logrò hacerlo ya era tarde para volver atrás.

Ahora estoy extrañándolo porque no he vuelto a verlo, tal vez se olvidó de que debía verme; tal vez lo que prometió no era verdad y lo extraño, iría corriendo a decírselo pero algún sentimiento inestable me lo impide.

Huyendo de esa destrucción él me la ofreció en sus manos, ¿en sus actos tal vez?... consumió lo que ya había sido consumido, corrompió lo que por última vez debía ser corrompido y bueno, los límites se pasan a veces, cuando estamos podridos de la realidad inmunda que estos días nos ofrecen; casi siempre diría.

La gente puede ser, con esa exasperación que los distingue, lo más asqueroso e irritable del fucking mundo, mi familia es experta a la hora de crear cóleras en mi interior. Me pase la vida o bien dicho, me gasté la existencia tratando de encontrar nuevos mundos para salirme mil veces y los mundos llegaron, pero raramente tenían rostros y pensamientos propios. Y sin embargo, la vida fue un puñado de días amontonados, chocándose entre si, haber cuáles tenían el agrado de expandirse o “asomarse” primeramente.

Esos días fueron como aquéllos mundos con rostros y pensamientos propios pero fueron mundos apartes, conectados a través del hambre existencial y el dolor; fruto perverso y ambiguo. Mundos dispuestos a existir a toda costa, ¡y claro que costó! Costó vida, ¿y felicidad?

Él era una fruta por madurar, no iba a desprenderse tan fácil de las tibias raíces del árbol de la vida ni tampoco iba a desprenderse tan fácil de mí si es que de esa forma yo lo deseara, con sus apenas 19 años me había mentido diciéndome que tenía algo así de 20 edades. Su contradicción constante me irritaba pero no sé cuándo fue que empecé a quererlo y olvidé esas equivocaciones, ya que supuse que el tiempo lo arreglaría todo.

No me entregué por completa a él y sin embargo, me ofrecí en pedazos, a los cuáles mi querido amado accedió. “Mi Querido Amado” se llamaba M, su tez morena, sus ojos palpitantes y atentos, su piel suave y tibia, a merced de todos los Infiernos disponibles. ¡Y sus labios!, carnosos y penetrantes.

Si, los labios (¿y por qué no la Lengua?), aún frescos de amor, correrían el riesgo de vomitar por encima de esas reglas ortodoxas (que sólo sirven para crear disturbio e ignorancia en la sociedad), para saciar su sed y la voluntad en las carnes.

¡Hubiéramos perdido el alma! por probar uno de los placeres más exquisitos y redentores, el placer de adentrarnos uno con el otro, de mezclarnos hasta perder nuestra forma humana. ¿Por qué, entonces, no cometer esa dulce locura?



2
A partir de ese momento (tiempo de conocimiento) percibí que iríamos al reino de las tinieblas pero comprendí, tardíamente, que esta vida se deshizo de nosotros escupiéndonos en ella, ¡y qué alivio fue encontrarlo!

A pesar de todo siempre hay heridas por curar y no fue un tiempo bueno, una desazón para ambos, porque sólo necesitábamos amarnos para ser "felices" (y hablo de felicidad como si tuviera claro este concepto, maldita ilusa)

¡Y no!, no es fácil amar a alguien después de que el encierro se encarga de alimentar con locura y perezas esas madrugadas que pensas que son las últimas, ¡que ya no más!

Y siguieron madrugadas limpias que tendían de un hilo pervirtiendo ese descanso nocturno pero la ilusa volvió a estropearlas, a mancharlas con la mugre de aquel infierno exterior y la bondad, la escasa bondad que habitaba en ellas se quebró y exilió a otra parte, como un alma que deserta de su templo; porque reniega de él y es una carga imposible de llevar.

Abrirme y mostrarle el alma, ¿a quién? a M…, pero él no la vio, tal vez la intensidad de su juventud fue un paño negro que cegó sus ojos.

A partir de su presencia se vaciaron muchos ríos en mi cabeza, empecé a dudar de mis modos de actuar en historias pasadas, logré entender a ese otro mundo, hoy ya lejos,: Juan Pablo a quién lastimé sin remordimiento alguno. Ahora y a estas horas que lo pienso, tal vez es la propia juventud la que se impone ante M… y lo hace lastimarme, puede asemejarse a la misma que absorbió quien les habla para apartarse del recurrente Juan Pablo, ¡y claro que lo amé! Pero no supe cuidarlo y demostrárselo, ¡estúpida juventud!

El destino, las dudas, el amor, ¿la vergüenza?, la distancia, la interacción con otros mundos costando el pellejo de colapsar y entrar en descomposición. De esto y más se trataba vivir y a cambio de no sentir dolor, movida por la inconsciencia, se incorporaron flores y sustancias químicas en mi organismo… ¡qué tiempo! Más y más azul.

Los amigos fueron mi mejor mundo, sus “rostros y pensamientos propios” invadieron mi refugio hasta sentirme identificada con ellos, pero me sobrepasó la melancolía. El aislamiento retornó de la peor forma, ya no los entendía y supongo que ellos pensaron lo mismo cuando dejaron de albergarme en sus almas y alegaron locura a mi método de supervivencia.

Seguramente y con una claridad astuta, estoy mezclando demasiadas palabras y conceptos en una sola sensación; comenzaré contando algo de esos amigos que alguna vez existieron y otros que quedaron enterrados en mi conciencia, y por suerte que ya no atormentan.

Las balas reservadas son las que contienen pólvora en gramos de recuerdos, una sola bastaría para transportar mi memoria hacia tiempos conocidos y a la vez irremediablemente vacíos, paisajes de tempestades y suicidios.

¿Por qué no llegar hasta el extremo entonces? si por experiencia lo digo, nos merecemos ese coraje y por si acaso, esa honestidad con nosotros mismos.




3
Los amigos, la necesidad de vivir intensamente y sin culpa, los meses que valoré escribir y morir lentamente para sentirme real, la languidez de la vida y la precocidad de la muerte. ¿Cuánto de real o de imaginario existía en mí?, ¿acaso cuánta destrucción podían construir las palabras?

A Carolina la conocí cuando había decidido explorar su interior, pero ¡ojo! si lo logramos podemos desaparecer en ese preciso instante. Bueno, Caro no desapareció y yo tampoco, en cambio, tuvimos que bancarnos malestares, desafíos y más castigos aún, aumentando la entrañes en las personas y las experiencias vívidas. Sin embargo, algo se aprende, hasta que llega la hora de decir “adiós”, “hasta pronto” o “ándate a la c…… de tu madre”, igual si nos levantamos con el pie izquierdo pasa mucho tiempo hasta que llega esa hora.

Esta extraña conocida se hizo cargo de su homosexualidad socialmente reprimida, valoré su amistad porque de alguna forma las dos buscábamos lo mismo: existir de corrido y sin mayúsculas, sin prejuicios y con el poder de decisión sobre nuestras manos, porque como personas somos individualmente únicas, con deseos y temores propios, porque las etiquetas sociales no deben permanecer y sin embargo, nos destruyen y corrompen como seres.

Escapar fue el verbo que me direccionó a Carolina, su violencia emocional, esa disconformidad social y la libertad absorbida, despertaron en mí ese sano vicio de la curiosidad.

Los años que acontecieron a la amistad con Carolina y valga la redundancia, fueron simples y desorbitados, me asombraba la mediocridad con que se desprendían las personas de su esencia, los ideales no eran claros y excepto el aborrecimiento, todo desapareció.

Collage de la depravación humana, no más modales, preocupaciones ni culpas ajenas, demasiada era la carga con la cruz por llevar.

Según la doctrina católica, cada persona antes de conllevar un exilio en el estómago materno, debe elegir una cruz en el Edén o dónde misericordiosamente sea, ahí el interesado “obligado” (porque no tiene otra opción) encontrará un amplio catálogo de cruces: limpias, sucias, bañadas en oro, de madera, podridas, relucientes, invisibles, grandes, pequeñas, etc. Determinado por su grado de avaricia elegirá la que le corresponda, de ahí en más y a partir de su elección dependerá la vida que lleve en ese planeta llamado “tierra” y si el contenido será pesado o liviano, si lo aplastará o logrará llevarlo con entereza. Paralelamente esta descripción se asemeja al Fatum.

Otra espina o fuego en mis entrañas, mi talón de Aquiles, fue lo que socialmente se denominaría impulso único camino visible, el cuál accedió para que actuara desconsideradamente con las personas: personas crueles, regaladas a la estupidez del mundo, insignificantes, cobardes, acaso de extrema maldad alegando extrema sinceridad en su confusión, o simplemente seres de buen corazón que no tenían porqué chocarse conmigo y por si preguntan, dejaron rastros, abrieron tajos y dieron paso al derrame para empapar mi interior; cortaron y quemaron lo que después del hambre las ratas infecciosas desecharían.

Francamente todos necesitamos una salida en este desagüe de misericordias y desechos, esos desechos vienen de la conciencia y más si la misericordia no sale del culo, sale de las palabras o sus actos.



4
Carolina, ella tan desinteresada de las flores que crecían a su alrededor, encontró la satisfacción en su sexo, en introducir sus dedos y sumergirse en el placer, en sus fantasías y deseos más repulsivos. Por ese entonces, andaba desparramando sus hormonas por todo el pueblo, le brillaban las pupilas al ver una mujer en paños menores, que ganas de tirarles y desgarrarles…sus ropas.

Mientras tanto en el mes de Enero, un mar de fuego y en horas adecuadas bronceaba los cuerpos y daba pie a los pueblerinos para irse a Necochea o a alguna playa cercana, yo ponía la yerba a secarse al sol, me metía en la pelopincho y así pasaba mis vacaciones juarenses. Sin más finalidad que la de observar la felicidad ajena, para recluirme en el cuarto o yirar como una extraña en esas calles de cemento.

Pocas veces vi a Caro por ese tiempo, fue certera la distancia ahora que lo pienso, porque para ella y las supuestas amistades, su narradora era un “bardo”. Sin sorpresas me alejé lentamente de los demás, como quién va a su entierro, y como quién desde siempre espera el metal en las venas o el puñal por la espalda.

Ya no, no tenía de qué llorar, no lamentaría nada pero tampoco por nada del mundo desearía que el tiempo regresara hacia atrás, al contrario, esto debía terminar pronto.

Los libros y la melancolía, ¡que extraordinario combo para llevar al otro mundo!

Gente mediocre y enfermiza, náuseas me daban las personas y ya no tenía porqué vender el alma al diablo ni darles mis huesos a los perros. Sin embargo, el amor fue menos que menos, a M le había perdido el rastro hacia meses y por contradictorio que parezca no me importaba. Si al final, toda esa especie estaba moldeada de la misma manera, con la hazaña y deficiencia de un psicópata (¿Dios?); amarillentos vómitos (el de los enfermos), sangres vaginales, estiércol fermentado, narices irritadas por el blanco día y más clavos, MÁS AGUJEROS. Pero lo más retorcido de esa deformada estructura, era cuando todo aquéllo se juntaba y se disecaba, ¿quién sabe dónde?; desprendiendo el más horrible de los olores, en sus grasosas y esqueléticas carnes, ¡el de la desesperación!

Qué enjambre de suciedades, estos sentimientos no eran buenos y tampoco digo que me hacían bien, ¡pero eran reales!, ¡por sobre todas las cosas, eran febrilmente reales!

A partir de un festín de reflexiones volví a las plazas y parques, sin más objetivo que el de salir de mi casa, porque ya no me aguantaba nada, no entendía qué diablos era existir, sólo una cruel palabra para quiénes no habían comprendido su significado.

No me asemejaba a los humanos porque felizmente y por voluntad propia había decidido escapar, mandando al diablo todo lo inestable que había desequilibrado mi cabeza y a causa no sé de qué volvieron los libros, acompañados de la escritura y su indiferencia.

¡Qué feliz me sentía!, aún sabiendo que mis conexiones sociales estaban destruidas y tenía nostalgia, ¡del tiempo que ya no volvería!; pero esta vida era así y no iba a cambiar su rumbo porque una infeliz se sintiera insatisfecha.

No tenía a nadie, la familia hipócrita y los amigos rebajándose a la estupidez y placeres terrenales, ¡qué tristes y mediocres parecían! ¿Y el alma? ¿El camino de regreso? ¿La esencia en las pequeñas cosas? ¿La limpieza interna? ¡No!, ellos no sabían nada de eso, no tenían intenciones de encontrarse.

Admito que a mi personalidad había que llevarla con cuidado, mi inestabilidad con las personas y mi alrededor en sí, no era normal porque supe ver la vida de otra forma, porque me lastimaron y bueno, nunca dejaron de hacerlo, porque necesitaba adentrarme en mis entrañas antes que mezclarme entre esa gente diferente a mí, superficial y conformistas, fácilmente manipulables.

La miseria del mundo se me había impregnado hacia rato, después del accidente, sí, el accidente que sufrí con M…, apenas dos semanas de conocernos, (demasiado llegué a conocerlo); y demostró ser un canalla, miserable e insensible.

Nada nuevo, nos estampamos contra un árbol, a lo cual él se golpeó la cabeza y yo me desfiguré la mitad del rostro, ¡que caña! Más de dos semanas con la cara inflamada, derrame, sangre y dolores externos que dieron paso al malestar interno en el cuál me encuentro ahora. No es necesario describir cuánto mal me hicieron y cuán maliciosas pudieron ser las personas que debían de consolarme y cuidarme.

Me entristecieron los acontecimientos que siguieron y a nadie le importó mi desolación. ¡Qué superficiales! Unos me rebajaban diciéndome en el horrible estado en el que me encontraba, ya hubiera querido verlos en la misma situación, ¡malditos idiotas!

Me absorbí en la más larga melancolía, M no estaba a mi lado porque decidió irse de vacaciones a la playa con un amigo y dos tilingas reventadas, no le importó que lo necesitara, sólo me reflejo en la desfigurada carne lo bien que la iba a pasar; ¿eso es amor? Lo dudo.

Por esos trances en que me sumía, alejándome del mundo, en donde la soledad era el único refugio habitable, no dude en que lo mejor que debía hacer era dejarlo, terminar con la relación, si acaso así podía denominarla, me aliviaría apenas lo necesario, pero sería lo primero por hacer.

Era inevitable huirle a la tormenta que se avecinaba.



5
¿Ignacio?, con su languidez y precaución mecánica supo atribuirle colores a los patéticos días que padecieron la enfermedad del naufragio, él dulcemente pálido, decente según sus costumbres, erróneamente imperfecto y estéril ante los sentimientos, era más sensible y humano que el resto de los imbéciles andantes y a su vez era menos peligroso que M.

Vivía como le había tocado, sacando sus debilidades para atribuirles fortaleza, a través de irónicas charlas y un humor agradable.

Entre sus seres queridos se encontraba Fermín, y ¡qué gracioso era verlos interactuar!, al animal lo hablaba y reprendía como a un chico y claro, el canino entendía el idioma de su chiflado dueño.

Era tan espontaneó, ¡tan real! Y no debería traer a esta historia a Nacho, (así lo llamaba su solitaria narradora), pero sería lo que no quiero ser, sería una mentirosa si alego olvido a su rostro.

No me sentía parte de su felicidad, ¡sí, de la suya! Y estoy hablando nuevamente de M, en esos momentos no me atrevía a mirarlo por miedo a que descubriera lo que me pasaba, tenía ese don de intuir todo rápidamente. Fue su energía la que me absorbió y me debilitó. Fue un amor con excesos e impulsivo, lo admito pero estoy segura, de que esos accidentes que terminaban lastimándonos física y psicológicamente nos acercaban aún más. Porque era lindo estar juntos, era lindo besarlo y sentirlo parte mía, me gustaba hacerlo disfrutar y amarlo, ¡amarlo con honestidad e indecencia! (¿Por qué nos empeñamos en defender lo indefendible?)

El bajón, ¡el bajón de los días grises y las drogas! Malditas sustancias, ya no tenía intenciones de salvarme, más rápido hubiera sido el placer si me hubiera matado cuando tuve la oportunidad.

Recuerdo ese último viernes de estabilidad, nos habíamos juntado con unos amigos para una destrucción grupal, ellos: Carolina, Candela, Nahuel y Luciano, fuimos los únicos que quedamos en el pueblo, pedazo de infierno, ya que los demás, incluido M se habían marchado a una ciudad vecina para pasar tres días de descontrol y campamento.

¿Qué más esperaba?... supongo que un comienzo, pero los comienzos forzados no ayudan y sin embargo, son necesarios. La necesidad proviene de la desesperación, y esa desesperación es una torre de naipes que se desvanece convulsivamente para dar paso al vacío absoluto.

Viví, seguí insistiendo en vivir, el rostro había tomado su forma original y las cicatrices eran sólo internas.

Sabía que el tiempo perdido era irrecuperable, también sabía que las personas hacían sus vidas viendo pasar hechos atroces ante sus ojos sin hacer absolutamente nada, sabía que la educación era un papel de mucha influencia en la sociedad. La Educación de las personas de esa hablo, la que debería de servirles para el resto de sus vidas como una herramienta de lucidez y lucha, porque con la Educación también se lucha, con ella se incluye nuevamente a los marginados a la sociedad, también se enseña, se germina el conocimiento en las absorbentes mentes de esos niños que serán el futuro olvidado.

No había mucho de persistente en aquellos días, todo lo que había querido y necesitado alguna vez era lo que más aborrecía, era demasiado diferente a los demás, a lo que había creído que tenía que ser.

Los momentos de este presente eran ausencias y penas vejadas por el mecer de la nostalgia, necesitaba de muy poco para vivir. Las personas que había conocido se asemejaba a los fantasmas del pasado, ¡pobres gentes! jamás les ofrecí garantía sobre mis actos hacia ellos.

Merecido acecho, para una mente asediada por el resplandor de sus recuerdos.

Texto agregado el 08-07-2016, y leído por 139 visitantes. (11 votos)


Lectores Opinan
2016-08-14 06:43:02 Cómo decirte que esto me ha parecido lo más genial que he leído de ti...bueno adjunto otros escritos, pero este está tremendamente merecedor de los mejores elogios, la manera en que narras, tus personajes están muy definidos... Me encanta la forma en que manejas los varios acontecimientos, pareces libre en como te surgen uno a uno. marcellasant
2016-07-10 04:21:31 Muy buen escrito. Sin desmerecer acabo de leer ciertos conceptos de una profundidad sorprendente. Me gusta leer tambien los textos largos, pues casi siempre contienen historias o desarrollos de puntos de vista sobre situaciones o la vida misma. Me explayaré por LDV. Un aplauso. El_Quinto_jinete
2016-07-09 11:35:49 Pese a lo extenso un texto que atrapa y agrada. Solo me hizo ruido ese "fucking" como si el castella no tuviera sustitutos seroma2
2016-07-09 06:45:58 encantadora amiga, un abrazo apretado...***** blasebo
2016-07-08 21:44:52 Estoy de acuerdo completamente con el comentario de Tunorte . Además un texto que invita quieras o no a la reflexión. elpinero
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