La Página de los Cuentos
Tu comunidad de cuentos en Internet
[ Ingresa
|
Regístrate ]

Menu
Home
Noticias
Foro
Mesa Azul
Eventos
Enlaces
Temas
Búsqueda

Cuenteros
Locales
Invitados


Inicio / Cuenteros Locales / BarImperio / El Hotel Amsterdam

 Imprimir  Recomendar
  [C:564863]

Todo sucedió en aquella increíble noche del año 2007.
Nevaba mucho en Mar del Plata.
Yo había recalado en el Hotel Amsterdam durante las horas de la tarde. Me gustaba mucho aquel hotel y siempre que llegaba a la ciudad lo utilizaba. Estaba a un costado del centro de la ciudad y también cerca de la playa. Era un edificio diseñado originalmente para residencia de algún personaje adinerado pero luego los avatares de la vida lo convirtieron en hotel.
No era demasiado lujoso, es cierto, pero yo siempre he mantenido una cuestión personal con respecto al lujo. Cualquier lugar luminoso y aseado para mí resulta suficiente, no necesito más. Y sufro cuando debo pernoctar en esos hoteles de cinco estrellas porque la ostentación me hiere y no puedo evitarlo.
Lo cierto es que el Hotel Amsterdam tenía un hermoso jardín en su parte posterior, lleno de rosales y de algunos jazmines diamela que en verano perfumaban todo el predio. Su dueña era una extraña mujer que gustaba de jugar al Scrabel con los pasajeros. Su nombre era Marisa Drina y había llegado al país desde los Balcanes a fines de la década del ochenta. Nunca supe (ni se lo pregunté) si había nacido en Serbia o en Croacia. Lo cierto es que era muy social y una noche no pude evitar jugar –y perder- con ella al Scrabel.
Tenía, y aparentaba, unos cuarenta años de edad. Era delgada, de unos ojos increíblemente azules y de pelo corto y muy lacio.
Yo pasaba por el hotel, en general, una vez al mes y ella, al verme llegar, me esperaba con una sonrisa. Pronto me enseñó los lugares ocultos del jardín donde guardaba unos pequeños recipientes con almíbar. Los usaba para atraer picaflores. Y los picaflores llegaban en gran número, no solo para nimbar las flores de los rosales sino para aletear junto a los pequeños potes de agua y azúcar que Marisa colocaba en todas partes.
Una vez me dijo, con su cautivante acento extranjero:
–Usted es un hombre muy triste.
Y a mí no me hizo demasiada gracia la afirmación.
–Tan solo soy un viajante –repliqué–. Mi oficio es viajar de un lugar a otro.
Y todo sucedió en aquella increíble noche del año 2007.
Nevaba mucho junto al mar.
Yo llegué en plena nevada desde la ciudad de Balcarce. Estacioné mi automóvil en la entrada, bajé con mi pequeña maleta y le pedí al conserje una habitación.
En invierno los hoteles están desiertos en Mar del Plata pero el frío es muy riguroso.
Bebí un café bien cargado en el bar del hotel y me senté cerca de los leños del hogar para descansar y mirar nevar a través de la ventana. Sabía que un café tan fuerte iba a impedirme dormir. Por eso me quedé allí, dejando pasar el tiempo sin sentido, como solemos hacer los seres humanos.
Cerca de las doce de la noche Marisa llegó y tocó mi hombro. Yo la miré con una cierta incredulidad porque no entendía muy bien lo que pasaba.
–Ven conmigo al jardín –me dijo– Hoy es el solsticio y te va a gustar mucho.
Y entonces me fui con ella a los fondos del hotel y comenzó un fabuloso espectáculo de pájaros aleteando entre la nieve y rodeando a Marisa por todas partes. Volaban y revoloteaban en el aire, no sólo los picaflores, sino también muchas otras aves que yo jamás había visto en mi vida. Todo eso me conmovió mucho.
Así estuvo pasando un largo rato que no sé calcular porque perdí la noción del tiempo ante un espectáculo tan inesperado. Luego los pájaros se alejaron y Marisa me llevó hacia un costado. La miré y noté que tenía el pelo y las cejas cubiertas por la nieve y que además estaba muy hermosa.
– ¿Qué es lo que pasó? –le dije. ¿Cómo pueden los pájaros volar de noche entre la nieve?
Y ella sonrió y me dijo:
–Tú no eres un hombre triste. Tú eres un hombre desamparado.
Y yo entonces dejé que sucedieran las cosas. Estuvimos juntos esa noche sin hacernos demasiadas preguntas el uno al otro. Y al otro día, como soy un viajante, me fui a seguir desandando por los caminos del país.
Y aunque sigo viajando, ya no he vuelto a pasar por el Hotel Amsterdam.
Todo ha sido tan maravilloso: Marisa, la noche, el solsticio, la nieve y los pájaros que en verdad tengo miedo de regresar y no volver a vivir algo semejante
Eso pasó en el invierno del 2007. Cuando nevaba en Mar del Plata.
El recuerdo de Marisa, mientras tanto, me sigue acompañando a todas partes.

Texto agregado el 26-01-2016, y leído por 221 visitantes. (16 votos)


Lectores Opinan
2016-06-23 23:15:38 Muy bien narrado me gusto , me imaginaba lo que iba a pasar cuando marisa cambio la frase de triste por desamparado en esa circunstancia. Felicitaciones. Decidido
2016-02-12 11:56:32 ***** tuki
2016-02-10 13:55:05 Todo ha sido tan maravilloso, cómo maravillosa es tu historia. Encantada de leerla de nuevo. Un re abrazo. SOFIAMA
2016-01-28 10:01:20 Bonita narración. Cuenton
2016-01-28 01:06:14 Es verdad que esta bien contado solo me parece que la trama se basa en una mujer misteriosa y los pajaros, quizas con mas detalles podia llegar plasmar mejor el misterio, es mi humilde opinion. Pablishus
Ver todos los comentarios...
 
Para escribir comentarios debes ingresar a la Comunidad: Login


[ Privacidad | Términos y Condiciones | Reglamento | Contacto | Equipo | Preguntas Frecuentes | Haz tu aporte! |
]