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Inicio / Cuenteros Locales / Lizita84 / Erase una vez...

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Hay historias de amor que lejos de parecer un cuento de hadas parecen una pesadilla de película de terror de bajo presupuesto, descoloridas y tristes, carentes de sentido y profundidad. Como la de Albert e Isabel, un par de victimas de sus propios instintos que se lanzaron a amar sin tomar las precauciones necesarias.

Albert, Ingeniero, 30 años, alto, delgado, simpático en medio de todo; Isabel, Administradora, 28 años, un espíritu totalmente libre, ilimitada, con un toque infantil en medio de la seriedad que mostraba en todo momento. Se conocieron porque Albert era incapaz de ingresar a la base de datos de proveedores sin bloquear todo el sistema; y una y otra vez Isabel debía autorizar el reinicio de toda la empresa. En el quinto daño el supervisor de Albert los presento, no fue amor a primera vista. Isabel realmente se sentía molesta por la aparente inutilidad de Albert y él, se mostraba frío y distante con todas las personas.

Empezaron a verse todos los días para que Albert aprendiera a usar el sistema, cada día conocían algo mas del otro, empezaron una amistad que en pocas semanas se convirtió en algo mas fuerte, mas intenso. Meses después Isabel se quedaba en casa de Albert cada fin de semana, y el lunes siguiente, frente a todos, se mostraban bruscos y poco tolerantes con el otro. Pasaron mas meses y cuando su sentimiento fue "revelado al publico", sus miedos salieron a flote, empezaron a distanciarse.

Su relación se convirtió en una conversación sin inicio ni fin por whatsapp, fotos sensuales iban y venían; pero nunca besos y abrazos, jamas caricias, jamas verse, solo palabras que se hacían cada vez mas distantes. Cada palabra de Albert hacia Isabel la heria como un puñal caliente penetrando la piel, el musculo y llegando hasta los huesos.

Entonces Isabel conoció a Andres, él era fuego abrazador que la quemaba entre sus brazos, decidió perderse en sus caricias y en sus apasionados besos, planearon una boda con apenas un par de meses de conocerse y se casaron un año después de haberse visto por primera vez.

Mientras tanto, Albert vigilaba calladamente a Isabel, la veía desde lejos y empezó a crecer en él un sentimiento, viscoso y maloliente (como todos los malos sentimientos que nos suelen invadir); él tenia que lograr tenerla de nuevo, no era capaz de sentir nada sin ella en su vida; pero la había lastimado tanto, que ella ni volteaba a verlo.

Días después del matrimonio de Isabel y Andrés se encontró una nota en el escritorio de Albert: "Nunca te busqué, pero jamás dejé de amarte y aún lo hago. Solo tu sabes donde. Encuéntrate conmigo...". Albert desapareció sin dejar rastros. Sus cuentas bancarias estaban cerradas, su apartamento vendido, sus carros destrozados totalmente, su celular desconectado, solo esa nota quedaba de él.

Cuando Isabel leyó la nota bajo la cabeza, arrugó la hoja y la tiró al piso, durante semanas estuvo callada y abstraída en sus pensamientos, Andrés la llenaba de detalles y ella simplemente sonreía un poco y volvía a distanciarse. Hasta el día de San Valentin; estuvo sonriente y llena de vida, como nunca antes la habían visto.

Esa noche Andrés encontró una nota en su escritorio: "Una vez mas irrumpes en mi mente, como un virus de Internet que se instala sigiloso en el disco duro para aparecer en el momento mas inoportuno, reptas por mi mente, te adueñas de mis pensamientos y me haces lanzarme una vez mas al vacío. Solo que esta vez funcionó el antivirus..."

Desde entonces han pasado varios años, Andrés e Isabel tienen un pequeño al que llamaron Santiago. Isabel sonríe todo el tiempo, sus ojos se han llenado de brillo y ama cada día un poco mas a Andrés, están planeando su segundo hijo.

De Albert solo se sabe que escribe versos de amor perdido y los reparte a los transeúntes de la plaza de San Pedro en Venecia, cada verso lo sella con un "sigo esperándote Isabel".

Texto agregado el 15-01-2016, y leído por 65 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
2016-01-20 21:08:36 Que afortunado Albert de poder escribir versos de amor en la plaza San Pedro y que desafortunado... asì es la fortuna. pataderana_
2016-01-17 17:41:21 Hay tantas historias de amor calladas. Tantas vidas que con presencia o no se entrelazan para siempre. Un abrazo sheisan
 
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