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Inicio / Cuenteros Locales / Antonio89 / Rencarnación.

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Un día me desperté un tanto taciturno, traté de abrir los ojos para despabilarme, sin embargo, no lo logré por completo. En mi mermoria vagamente dabe vueltas y vueltas un recuerdo, más bien un sueño extrañisimo.

Me veia como una mujer de unos cincuenta años, de tez clara, ojos negro azabache, (tristes y desolados una pena inconmensurable florecía de ellos) De nariz aligueña, cabellos que caían desordenadamente en sus hombros, su rostro estaba sucio, malogrado, el cuerpo como la de una muñeca de cristal, si la tocabas se rompia.

Era de clase baja, vivía en un campo con cerdos, gallinas y ovejas a su lado. Tenía dos hijos pequeños que no superaban la decena, un marido que la golpeaba con brutalidad cada vez que llegaba completamente borracho después de una noche de juerga con los amigotes.

No podía recordar aunque trataba en que época de la historia estaba inmersa esta pobre y desdichada mujer. De pronto, una visión como un haz de luz inundó mi mente.

¡Habrán la puerta en nombre de la revolución! gritaban unos soldados. La mujer solo atino a abrazar a sus hijos, estos sollozaban estrepitosamente, no había nadie en casa que pudiera socorrerla. A los pocos segundos después la puerta fue hecha añicos y un grupo de soldados irrumpió con violencia. El capitán del grupo hablo: Nos han informado que usted y su marido están en contra de las reformas de nuestro gran lider Robespierre y la revolución.

La mujer contesto azorada: Es mentira, una calumnia yo estoy con él y su gobierno, el capitán la interrumpe y añade: No tenemos tiempo que perder tendrá que venir con nosotros. Uno de los soldados la toma por los hombros y otro acarrea a los niños a la salida. Mis hijos no por lo que más quiera, suplica con lágrimas en los ojos.

De improviso su actitud cambia y una ira refulge en sus luminarias y un ardor le tiñe el rostro de rojo. Golpea a su captor en la nariz y va en rescate de sus hijos. El capitán la intercepta y abofetea en la mejilla izquierda, cae de bruces al piso.

Los acontecimientos pasaron velozmente, a los cinco minutos tanto ella como sus hijos habían sido fusilados a las a fueras de su hogar. Una muerte injusta producida por un mal entendido que jamás sería delucidado.

Ya más despierto caí en conclusión que no era un sueño, por el contrario era una vida pasada, todo fue muy vivido como para ser meras elocubraciones nocturnas de una mente en extremo imaginativa. Ahí comprendí el porque de mi actitud rebelde y mi nula tolerancia a la desigualdad. No pude más que sonreír, todas las cosas tenía su razón de ser.

Texto agregado el 15-12-2015, y leído por 197 visitantes. (4 votos)


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