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Inicio / Cuenteros Locales / IGnus / La Tumba

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Es esta una historia pequeña; no una pequeña historia. Porque se trata de cosas pequeñas, que por su inferior tamaño, casi nadie tiene en cuenta.

Esta historia transcurre en el antiguo Egipto. El Egipto de las pirámides, cuando los grandes monumentos aún estaban en proyecto, los hombres vivían en continua lucha, y la humanidad sufría cambios vertiginosos día a día.

En esa época de tremenda violencia, y espectacular genialidad, vivía un hombre llamado Infir; Sí, simplemente Infir.

Nuestro amigo tenía un oficio pequeño, pero gigante en sí mismo: Era uno de los encargados de realizar representaciones ilustradas de los faraones en las pirámides. En fin, era un artista que pintaba los muros que tan misteriosos nos parecen ahora. Estaba muy orgulloso de su trabajo, y cuando le preguntaban qué hacía, él siempre respondía: "Hago un pequeño trabajo que sirve para construir gigantescos monumentos".

Cierto día, Infir se encontraba como siempre, junto a su muro, pintando, cuando la hija del gran faraón, la bella Exelsia, quiso entrar a ver el progreso de la construcción. Ella venía acompañada de múltiples esclavas que limpiaban su camino y la apantallaban manteniéndola fresca, (hace mucho calor en el desierto); También la seguía todo un séquito de personas que solamente estaban ahí por si acaso ella necesitara algo que sus esclavas no pudieran darle. A este grupo, se unía el Maestro Constructor, que era el hombre encargado de la construcción de la pirámide en todos sus detalles. Era quien llevaba adelante el proyecto, y quien tenía bajo su responsabilidad crear la mejor tumba para su faraón.

Exelsia caminaba lentamente; nunca necesitaba estar apurada, ya que todo se movía a su alrededor. No tenía ninguna necesidad que no fuera satisfecha inmediatamente, y vivía exactamente como lo que era: la hija de un semidios.

Infir se desentendió del asunto, y continuó con su trabajo, hasta que alguien le llamara la atención; había aprendido que no era conveniente hablar con los monarcas, a menos que éstos te hablen a ti, ya que nunca se sabe cuando podías despertar su ira.

Exelsia observaba atentamente las pinturas. Su padre era un gran faraón, y merecía ser representado en forma bella; maximizando sus virtudes, en batalla y en el arte de gobernar. Algún día ella también tendría su lugar en la pirámide, pero confiaba en que faltara mucho para ese día...

- ¿Cómo te llamas, Maestro Pintor?

- Mi nombre es Infir, Señora mía.

- Infir; estoy muy satisfecha con tu trabajo, has representado con justicia a mi padre.

- Gracias, Señora.

Y esa fue toda la conversación que tuvo con ella. Era demasiado, a decir verdad; en otras ocasiones, sólo se limitaba a observar, y luego, hablando con sus asesores, les indicaba las cosas que no le habían gustado. Infir estaba de muy buen humor. No solamente le había hablado a él directamente, también había elogiado su trabajo.

Exelsia continuaba mirando las pinturas, a lo largo de todas las paredes. La tumba de su padre era majestuosa, digna de ser el lugar donde su espíritu fuera depositado para su pase a la otra vida. En compañía de Isis, él navegaría en el Nilo de la muerte, Hasta su destino final junto a Osiris, en el gran valle de todos los muertos. Todos sus esclavos depositarían alimentos para el viaje, así como todas las cosas que el faraón necesitaría en su vida en el más allá. También varios de ellos se quedarían con él, para servirlo en su muerte, así como lo habían hecho en vida; estos esclavos eran, en general, sepultados vivos en la cámara contigua a la del faraón.

-¡Dejadme sola! -ordenó Exelsia. -Iros todos de aquí, y les ordeno no volver a esta cámara nuevamente, hasta la muerte de mi padre. -Y todas las personas abandonaron la cámara. Infir era el último en salir, pero Exelsia lo detuvo.

- Tu no te vayas; quiero que hagas una pintura solo para mis ojos, y para los de mi padre cuando muera.

Exelsia estaba dándole a Infir las indicaciones de cómo debía ser la pintura, cuando sucedió lo inesperado. Lo inédito siempre sucede en circunstancias imprevistas; y esta era una de ellas. Una enorme piedra, que estaba a la entrada de la gigantesca cámara, se movió por si sola, y obturó la puerta, dejando a Infir y a Exelsia encerrados a oscuras en la cámara del sarcófago.

Infir comprendió enseguida las circunstancias. Exelsia había ordenado a todos que se fueran y la dejaran sola. No volverían, so pena de alterar los nervios de su señora, (lo que les podría acarrear la muerte); así que ellos estaban encerrados, sin posibilidades de ayuda externa; por lo menos hasta que muera el faraón...



Infir estaba caminando a gatas por la cámara. El recordaba haber dejado un poco de yesca junto a sus tinturas... y había un poco de alquitrán cerca del centro de la habitación... también un par de maderos apoyados en la pared norte... Y unos tejidos de lino...

Era un tanto difícil concentrarse. La oscuridad jugaba un papel importante, pero mucho más desquiciante era el griterío que estaba profiriendo Exelsia...

- ¡Te ordeno en nombre de mi padre que me saques de aquí inmediatamente!. ¡Horus te castigará! -¡Sácame de aquí AHORA!

Infir no prestaba atención a los gritos de Exelsia; más bien los utilizaba para ubicarse dentro de la habitación. Recordaba perfectamente dónde estaba ella parada antes de que se oscureciera todo, y sus gritos le servían de referencia para encontrar todos los elementos que necesitaba.

Exelsia calló de repente, cuando vió una chispa a su derecha. Luego otra, y otra. Entonces apareció un fuego, tímido primero, pero se avivó rápidamente en las manos expertas de Infir. Él sostenía una antorcha, que había logrado construir con los elementos a su alrededor.

Un poco más tranquila, Exelsia dijo:

- Ahora me sacarás de aquí, y veré que se te recompense como mereces.

- Mi señora, no creo que eso sea posible por el momento. La piedra de la entrada solamente puede ser movida por más de cinco hombres, y nadie vendrá a ayudarnos; a menos que su padre note su ausencia... y en su estado, no creo que esto sea probable.

- Entonces tú me sacarás de aquí. O haré que te cuelguen de los dedos de los pies, en el medio del desierto.

- Señora mía: Nada me haría más feliz que salir de esta cámara, pero debe usted esperar a que algo se me ocurra.

Luego de esas palabras, reinó el silencio. Exelsia se sentía muy decepcionada. Era la primera vez en su vida que alguien le decía la palabra "no"; ¡Y tenía que ser un simple artesano!.

Mientras tanto, Infir pensaba:

- Con el aire que tenemos aquí podemos vivir alrededor de cuatro días... pero necesitaremos agua; y si es posible comida... Las paredes son de piedra, la puerta también. Pero las paredes son un poco más delgadas que la puerta...

Infir comenzó a trabajar. Primero recolectó varios de los recipientes que había junto al lugar donde iría el Faraón. Ninguno contenía ni agua ni comida. Es lógico, se dijo Infir, no colocarían el alimento hasta que el faraón muera, porque el alimento se echa a perder luego de un tiempo. Así que buscó otra solución. El poseía varios jarros llenos de tintura para las paredes. Y la tintura estaba hecha con agua. Pero, ¿cómo haría para extraer el pigmento?. Entonces se le ocurrió una idea. Tomó uno de los recipientes de barro que estaban junto al altar, y utilizando su espátula de bronce, le practicó un agujero en la parte inferior. Luego tomó algunos de los papiros que estaban sobre el altar, y formó una capa uniforme sobre el fondo del recipiente. A continuación, recogió arena del suelo para lograr llenar el recipiente hasta la mitad. Exelsia miraba su trabajo como hechizada. Nunca había visto a nadie hacer lo que hacía Infir; y no se imaginaba cual podría ser el propósito de semejante artilugio.

Infir colocó el recipiente sobre un pequeño pedestal; luego puso debajo un jarrón de oro; y tomando uno de sus tarros de tintura, arrojó el contenido al interior de su invento. Lentamente, el agua fue hundiéndose en la arena, pasando a través de ella, y dejando una mancha muy negra en su superficie. Entonces, tímidamente una gota de agua cristalina se asomó por el agujero en la parte inferior... ¡Estaba funcionando!. La necesidad de agua estaba solucionada por el momento; Infir tenía suficiente agua como para que ambos sobrevivan por cuatro días... El problema podía ser el alimento, pero ya pensaría en algo. Por lo pronto pensaría en alguna manera de salir.

Mientras tanto, Exelsia no había parado de caminar, de un lado a otro, como una fiera enjaulada. Así era exactamente como se sentía; se sentía enjaulada a la fuerza en un lugar donde no quería estar. Ella ni siquiera había pensado todavía en la posibilidad de morir... Simplemente esa palabra no estaba en sus pensamientos respecto de ella. Era algo que les pasaba a todos, sí, pero a ella le faltaba mucho todavía...

Infir se puso de pie, y caminó hacia sus herramientas junto al muro.

Tenía un pequeño cincel con el que realizaba suaves grabados en el muro para realzar algunos colores. Podría servir. También había visto que junto a una de las paredes, alguien había olvidado un mazo. Bueno, tenía todo lo necesario. Ahora solo era cuestión de picar la pared... con un cincel de bronce y un mazo de madera... Pero Infir tenía mucha paciencia... la necesitaría.

Sin mucha demora, comenzó su trabajo. La pared era muy dura, pero podía ser agujereada lentamente... Lamentaba tener que arruinar su trabajo. Le gustaba mucho cómo había quedado... Pero, no había otro medio...

Tiempo después, Exelsia profirió un grito de horror. Infir corrió a su lado, pensando que ella había visto algo terrible. Cual no fue su sorpresa al descubrir de qué se trataba. Era solo una pequeña hormiga.

- Mátala, ahora mismo. No quiero verla, me da asco ese insecto.

Infir estuvo a punto de cumplir con los deseos de Exelsia, cuando de repente se detuvo.

- ¿Por qué no la has matado todavía?. ¿Acaso le temes?.

- Mi señora, este pobre animal no nos ha hecho ningún daño. ¿Por qué hemos de matarlo?; No es necesario, y no lo haré.

Infir se sentía muy bien después de sus últimas palabras. Se había hecho respetar por la hija del faraón... Ella no dijo nada... Infir sentía un poco de euforia, a causa de su satisfacción. Tanto que no miró con atención antes de golpear la pared... Y una parte de la misma se derrumbó estrepitosamente sobre él...



... Exelsia no atinó a comprender lo que había sucedido hasta que se disipó un poco el polvo. Entonces vió que Infir estaba inconsciente, parcialmente cubierto por enormes trozos de pared. Por supuesto, la pared era tan gruesa que todavía faltaba mucho para llegar al otro lado.

Exelsia se acercó con cautela a Infir. Lo observó largo rato. No podía determinar si estaba vivo. No sabía cómo hacerlo. Nunca había visto a alguien herido (no tan de cerca), y estaba a la vez fascinada, intrigada y terriblemente asustada.

Había comprendido algo: Infir no podría continuar con la pared, y probablemente ellos murieran allí. Esta sensación, le produjo mucho dolor en el estómago, y un fuerte mareo. Tuvo que sentarse nuevamente.

Exelsia se detuvo un momento a pensar. Ella era la Hija del faraón; pero... ¿Qué era en realidad?: Era solo una chiquilla asustada. No había querido demostrarlo delante de Infir, porque ella debía mantener una imagen, más allá de su persona. Pero ahora todo era diferente... Infir estaba casi sepultado en piedra, ella estaba sola, y tenía mucho miedo.

Intentó hacer algo. Se puso de pie, y caminó hacia donde estaba Infir.

- ¡Despierta!.

- ........

- ¡Despierta, te lo ordeno!.

- ......

Comprendió que no funcionaría; así que comenzó a zamarrear a Infir para intentar despertarlo: él no se despertó.

Entonces intentó mover algunas de las piedras, y comprobó enseguida que eran demasiado pesadas para ella. Pudo quitar algunas, las más pequeñas, pero quedaban muchas... era imposible.

Entonces, decayó por completo su moral... también su imagen, y su porte...

Exelsia, tan frágil, era realmente una niña asustada. Y entonces, la Hija del Faraón, lloró.

Exelsia lloraba, y muchísimas lágrimas rodaban por sus mejillas. Ella había soñado tantas cosas...

Siempre le gustó el Nilo. Tenía un encanto especial que era muy difícil de describir. Le gustaba sentarse a la orilla, cuando nadie podía verla. Su mente divagaba entre sueños de grandeza, y de otro tipo... Ella veía a su Amor bajando por el Nilo. Era un hermoso príncipe, que tenía tanta belleza como audacia, tanta arrogancia como generosidad... Era su Amor Imposible, bajando por el río en una gigantesca barca, para demostrar su poderío, y para que todo el mundo vea que venía a por ella... Pero eran sólo sueños. Ahora estaba encerrada en una cripta, con un artesano inconsciente, tal vez muerto. Estaba encerrada e iba a morir allí. Su altivez la condujo a esa situación... ella era la culpable. Infir... era un buen hombre. Había intentado todo el tiempo hacer algo para que tengan una oportunidad... y ella no le había ayudado en nada... Se sentía tan mal...

Sus lágrimas habían comenzado a caer al suelo; pero ella no lo notaba. Estaba en otro lugar. Seguía soñando... Hasta le había gustado un poco Infir... era tan práctico, tan inteligente, un artista, tan... interesante...

Ella no notaba que sus lágrimas caían al piso. Hasta que escuchó una pequeña voz:

- ¡Oye!, ¡ten cuidado con esas lágrimas, estamos trabajando aquí!

Exelsia creyó estar alucinando. Tal vez la falta de aire... o sus dioses estaban probando su integridad, para saber si era digna...

- ¿Quién ha hablado?.

- Fui yo. Me llamo Fostus, y tú has querido matarme.

Exelsia no comprendía nada. Hasta que se le ocurrió mirar hacia abajo...

Estuvo a punto de desmayarse ante lo que vio.

Una pequeña hormiga le estaba hablando. Y eso no era todo. Cientos, no, miles de hormigas estaban removiendo lentamente las piedras que estaban sobre Infir... era demasiado.

Exelsia perdió el sentido, pero volvió a recobrarlo poco a poco. Ella tenía una mente muy abierta, y era capaz de soportar que una hormiga le hable...

- ¿Por qué dices que quiero matarte?

- No dije que quieres, dije "quisiste"; si todavía lo pensara no estaría aquí hablando contigo.

- ¿Qué están haciendo con Infir?. ¿Piensan comérselo?.

- Estos humanos... siempre temen lo que no conocen, y por las dudas lo destruyen. No, no pensamos comerlo. Él me ayudó una vez, cuando tú querías matarme. Ahora le devolvemos el favor. Ustedes deberían aprender más de nuestra sociedad. Si alguno de nosotros necesita algo, TODOS colaboramos. Así, cuando mi amigo Infir necesitó nuestra ayuda, todos nosotros le ayudamos. Es muy fácil para nosotros mover esas enormes rocas; ya que somos realmente muchos. Una hormiga puede levantar un pequeño peso, pero miles de hormigas, eso es otra cosa...

Fostus estaba ordenando a las hormigas que venían llegando, era un trabajo colosal, pero lo cumplían tan sincronizadamente como si todas compartieran el pensamiento. Era grandioso ver a tantos seres organizados con un mismo objetivo, y Exelsia sintió un poco de envidia. Los humanos no eran capaces de algo así. (Pese a todas las dudas hoy en día acerca de cómo fueron construidas las pirámides, Exelsia sabía muy bien que las grandes rocas fueron elevadas mediante complicados cabrestantes, montados sobre estructuras de ladrillos más pequeños, que rodeaban la pirámide, y que fueron retiradas al finalizarla. No era un trabajo de equipo, más bien era una idea genial).

Exelsia pensaba: ¿Me ayudará Fostus a salir de aquí, o estará enojado conmigo porque quise matarlo, y me usarán como cena después del trabajo?.

A ella le era realmente difícil deshacerse de años de formación rígida en el arte de gobernar. Los faraones no deben ser muy sensibles, si así fuera, el pueblo se levantaría y todo sería un caos... Ya sucedió eso en otras ocasiones.

A pesar de todo, Exelsia estaba muy conmovida por la solidaridad de Fostus. Las hormigas ya habían desenterrado a Infir, y ahora estaban "masticando", (es una forma de expresarlo), unos vegetales, y los depositaban sobre las heridas de Infir, a modo de cataplasma. Las heridas cicatrizaban rápidamente.

Poco tiempo después, Infir volvió en sí. Al verse rodeado de tantos insectos, no atinaba a moverse. Temía aplastar alguno por equivocación.

Entonces Fostus habló:

- Querido Infir, ya estás libre. Este fue un modo de agradecer tu ayuda en otra ocasión...

- ¡Vaya!, ¡Pero si puedes hablar!. Es maravilloso. Ehh... ¡Gracias!.

- No te preocupes, Infir, ha sido un gusto para nosotros poder brindarte ayuda.

Las hormigas se retiraron tan silenciosamente como habían llegado.

Exelsia estaba callada. Eso era raro en ella. Siempre tenía la costumbre de hablar; sobre todo cuando interrumpía otra conversación entre personas "de otra clase"; porque ella era la hija del faraón, y su palabra se superponía a la de cualquiera...

Pero estaba callada. Infir se puso de pie, y le dijo:

- ¿Estás bien?.

- Si, muy bien. Tal vez un poco asustada...

Y una enorme lágrima asomó sobre la comisura de su hermoso ojo derecho...

Luego otra, y otra, y Exelsia lloró otra vez. Lloraba de vergüenza, porque una simple y pequeña hormiga le enseñó una valiosa lección sobre la vida, algo que ella nunca había tenido en cuenta; y también lloraba de felicidad porque Infir estaba bien... Algo estaba cambiando en su corazón, y ella ya no tenía miedo de demostrar sus emociones.

Infir, se acercó lentamente hasta donde ella estaba. Se sentó junto a Exelsia, y pasando un brazo sobre sus hombros la acunó, y la contuvo, y le dijo que no llorara, que todo saldría bien, que saldrían de ese oscuro lugar, y que ella sería nuevamente esa persona tan hermosa e importante... Realmente creía en lo que decía, pero sobre todas las cosas, había comprendido a Exelsia, su forma de vida y su falta de Amor. Pero Exelsia ya no quería ser más la hija del faraón, solamente quería que Infir la abrace, y sentir nuevamente en su corazón el calor provocado por los latidos del corazón de él. Ella estaba enamorada. Lo supo desde que vió a Infir pintando la primera vez, pero su exterior no se había atrevido a dejar salir ese sentimiento, hasta ahora. Él era tan... ¡bueno!.

Mientras tanto, Infir le decía que terminaría de romper la pared, que faltaba poco, que saldrían pronto...

Exelsia comenzó a dormirse lentamente. Como a una niña, (justamente eso era), el llanto y las emociones que soportó, la agotaron y su cuerpo estaba intentando recobrarse. Se durmió apoyando la cabeza suavemente sobre el hombro de Infir.

Infir, luego de unos instantes, depositó lentamente a Exelsia junto a una pared. ¡Era tan hermosa!. Así, dormida, le parecía un ángel que se había quedado dormido sin querer...

Infir dejó de soñar. Tenía un trabajo por delante, y lo llevaría a cabo.

Esperaba terminar antes de que Exelsia despierte, para darle la sorpresa...

Al nuevo amanecer, Infir había abierto un boquete lo suficientemente grande como para que pasen los dos. Pero cuál no sería su decepción al ver que todavía estaban en la pirámide. La pared daba a un largo pasillo. Infir no sabía a donde podría conducir; las pirámides contienen grandes laberintos de pasillos en su interior. Algunos eran usados para colocar diferentes decoraciones, como el famoso "pasadizo del tiempo"; otros simplemente no conducían a ningún lugar. Estos últimos estaban hechos de esa manera en forma intencional, para hacer desistir a los ladrones de tumbas. Luego de perderse en una pirámide, era un milagro poder salir.

Infir estaba decepcionado. No creía que pudieran salir nunca de la pirámide. Era muy fácil perderse en ese lugar, y no sabía dónde estaba.

En ese momento, Exelsia se acercó hasta él. Ella estaba frotándose los ojos, luego de un merecido descanso. Exelsia se apoyó sobre Infir para ver mejor, y dijo:

- ¿Qué esperamos?. Salgamos de aquí.

Infir tuvo que explicarle la situación. Contra todas las cosas que había supuesto, Exelsia no se enojó. Al contrario, lo miró con ojos dulces y encendidos y le dijo:

- Ahora es mi turno de ayudarte a ti. Agradezco a los dioses por darme esta oportunidad de demostrar que también puedo ayudar a los demás.

Y diciendo esto, atravesó el hueco, y comenzó a caminar muy segura por el pasillo. Infir la siguió apresuradamente.

- Aquí se dónde estoy. Mi padre me hizo aprender de memoria cada pasillo de esta pirámide cuando era niña. Si alguna vez me perdía jugando, sabría cómo regresar... tenemos una larga caminata por delante, pero... ¡saldremos!.

Infir estaba contento. Por fin volverían a ver la luz del sol. Pero a la vez sentía mucha melancolía. Le gustaba Exelsia, y el tiempo que pasó con ella, a pesar de las circunstancias, sería algo que no cambiaría por nada.

Caminaban en silencio, cuando de repente, Exelsia se detuvo en medio del camino. Infir creyó que estaría perdida, pero la sonrisa en su rostro y sus ojos iluminados le dijeron que eso no era cierto...

- ¡Infir!. He decidido cambiar. Seré diferente a partir de ahora. He aprendido la lección; he aprendido que me he perdido de muchas cosas por ser tan altanera y altiva. No conocía el Amor, ni la Solidaridad, ni la Amistad, ni la Alegría Verdadera. Jamás había llorado de felicidad, y te confieso que lloraba ayer porque estaba feliz de que estuvieras vivo... Si no hago ahora lo que pienso hacer, no lo haré nunca. Así que...

Y bruscamente, se acercó a Infir y lo besó. En los labios.

Infir estaba sorprendido. Pero tomó a Exelsia por la cintura, y correspondió al beso. Era tan suave, tan etérea, tan hermosa...

Después de un rato... (Un largo rato, amigos lectores), Infir y Exelsia siguieron caminando. Tomados de la mano...

Y así fue como salieron de la pirámide. Y también así fue como la gente se sorprendió al verlos salir tomados de la mano.

Esta es la historia de cómo la hija del faraón se casó con un simple artesano. Pero además, lo más importante, es la historia de cómo algo tan pequeño como una simple hormiga puede cambiar el pensamiento de los seres humanos sensibles. Es la historia de cómo una persona descubrió el Amor, a través de los sabios consejos de un ser que creyó insignificante, pero que resultó ser inmensamente grande, en su sabiduría.

Texto agregado el 24-11-2015, y leído por 125 visitantes. (5 votos)


Lectores Opinan
2015-11-27 22:51:37 Se te fue de las manos, IGnus. Un poco más de concentración. O más tiempo en reposo; para revisarlo y corregir las fallas. S/e tiene tu sello: una colorida fluidez narrativa. Excelente no obstante. Pato-Guacalas
2015-11-25 13:59:28 Sabes muy bien cómo hacerlo. Interesante obtener agua de es manera, tal vez lo intente. Me encantan las hormigas tienen una fuerza y organización increíble. Me fascinó. marcellasant
2015-11-24 15:49:28 Estamos los dos en Egipto, donde quedamos? no hay enemigo pequeño, ni amigo, por descontado. Me encantó. elisatab
 
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