La Página de los Cuentos
Tu comunidad de cuentos en Internet
[ Ingresa
|
Regístrate ]

Menu
Home
Noticias
Foro
Mesa Azul
Eventos
Enlaces
Temas
Búsqueda

Cuenteros
Locales
Invitados


Inicio / Cuenteros Locales / IGnus / Molly

 Imprimir  Recomendar
  [C:562146]

Me encantan los días fríos.

Seguramente, algo de mi experiencia tiene que ver con eso, pero no puedo evitarlo, ni quiero. Soy un sobreviviente, y lo seré hasta el último de mis días.

La escarcha se acumula a los lados de la ruta, mientras mi automóvil recorre raudamente los pocos kilómetros que me faltan para llegar a Chippewa Falls, en Wisconsin. Esta vez estoy seguro de estar tras la pista correcta.

Sí, se lo que me dirán: "También estabas seguro en las otras veinticinco ocasiones"

Es verdad. Sin embargo esta vez un presentimiento me dice que la verdadera Molly abrirá la puerta.

Hace quince años que la busco. Sólo tenía su nombre, y una promesa sellada con el honor.

Fue el 11 de setiembre de 2001. ¿Cómo olvidarlo?

Ese día, la maldad humana se transformó en fuego, sangre y dolor, a través de un incomprensible acto terrorista que terminó con miles de vidas inocentes. Sí, yo estaba ahí.

Mi oficina estaba en el piso 87 de la Torre Norte. Esa mañana, lo recuerdo muy bien, estaba hablando por teléfono con un cliente. Poco antes de cortar la comunicación (había logrado una buena venta), sentí un temblor impresionante. Todo se movió en la oficina, incluidos mi escritorio, mi silla y yo, que fuimos desplazados unos dos metros a la derecha.

Todos nos miramos desconcertados durante unos segundos. Fue entonces que alguien gritó: "¡Fuego!", y todos comenzaron a desesperarse. No era para menos. Estábamos en el piso 87, y podíamos ver el humo proveniente de muchos pisos más abajo.

Los más veloces ganaron los ascensores, mientras los más prudentes comenzamos a bajar por las escaleras.

Yo pensaba que si el fuego estaba más abajo que nosotros, entonces sería imposible descender. No obstante, la marea humana me llevaba sin posibilidades de ejercer mi propia voluntad.

De todas formas, ir hacia arriba hubiera sido lo mismo. Tarde o temprano el fuego subiría, y terminaría por calcinar también los pisos superiores.

Cuando llegamos al piso 70, el calor era infernal. Algunas personas estaban desmayadas en las escaleras, y los que seguían descendiendo los pisaban sin miramientos. Era luchar por la propia vida, cueste lo que cueste.

Sin querer, toqué uno de los pasamanos, y tuve que retirar la mano rápidamente. Ardía.

La multitud me seguía empujando. El aire estaba viciado ya. Se podía sentir el olor del humo. Tomé mi pañuelo y lo coloqué sobre mi nariz y boca. Lamenté en ese momento no haber tomado la precaución de al menos humedecerlo, pero es como sucede siempre: "Si hubiera hecho tal cosa..."

Cuando llegamos al piso 65, hubo un desbande total. El piso completo estaba en llamas, y el fuego trepaba por las escaleras. Algunas personas que iban adelante recibieron terribles quemaduras, y sus gritos de dolor hicieron retroceder al resto.

El estado del piso era desolador. Había personas muertas desparramadas por el suelo, mientras las llamas se encargaban de devorar sus cuerpos con rapidez. El hedor era insoportable, y la falta de oxígeno era notoria.

Alguien logró cerrar la puerta que daba al piso, y las llamas se quedaron del otro lado. Algunos pasamos rápidamente, mientras a otros el temor los paralizaba.

Pude ver cómo un hombre desesperado por el calor y el miedo, encontró una ventana abierta y sin dudarlo saltó al vacío. Fue escalofriante. Era imposible que sobreviva a la caída, pero el miedo a morir calcinado era aún mayor.

Yo seguí intentando bajar. "Soy un sobreviviente", repetía para mis adentros, mientras superaba obstáculos y saltaba sobre los cadáveres de otros que no tuvieron tanta suerte.

No sé cuándo fue que me quedé completamente solo, rodeado de muerte. Mis compañeros de infortunio, que hasta poco antes descendían a mi lado, desaparecieron como por arte de magia.

Entonces fue que verdaderamente tuve miedo.

Frente a mí, había un hueco enorme, desde donde se podía ver el cielo. Las llamas calcinaban todo a mi alrededor. Me quedé petrificado, porque frente a mis ojos, pude ver algo que definitivamente no podía estar ahí: Una turbina de avión, o más bien, lo que quedaba de ella.

Esa visión me descolocó completamente. Era imposible.

Por eso fue que no pude ver a tiempo el trozo de pared que se derrumbó sobre mí. Afortunadamente no era muy pesada, pero atrapó mi pierna, provocándome un lacerante dolor.

Los verdaderos ángeles, son aquellos que aparecen en tu vida en los momentos en que crees que ya no tienes esperanzas. Entonces llegan ellos, te tocan con sus inmaculadas alas, y te salvan de las peores situaciones. Lo irónico es que generalmente no asemejan ángeles, pero lo son.

Mi ángel se llamaba Harry (lo supe un rato después), tendría unos cuarenta años y apareció en el momento preciso, con su capa roja y su casco para ayudarme a salir de los escombros. El bombero me cubrió con la capa, y me ayudó a caminar nuevamente hacia las escaleras.

—Gracias.

—No pierdas tiempo en agradecer. ¡Tenemos que salir de aquí!

—Me llamo Tom. Mucho gusto.

—Harry —dijo el bombero, estrechando mi mano.

Como pude, corrí con él por las escaleras hacia abajo. A partir de donde estábamos, el calor iba disminuyendo. Habíamos superado la parte más ardiente del edificio.

Sólo faltaban seis pisos, cuando escuchamos varias explosiones sucesivas.

—Esto se acaba —alertó Harry—Corre lo más rápido que puedas.

No habíamos recorrido dos pisos, cuando una gran parte del techo se derrumbó sobre nosotros. Salí indemne, pero mi nuevo amigo quedó atrapado por los escombros.

—Déjame ayudarte —dije, mientras el bombero jadeaba de dolor.

—¡No! ¡No pierdas tiempo! ¡Corre! Abajo están mis compañeros. Pide ayuda, ellos tienen herramientas para sacarme.

Me di vuelta, y Harry me llamó nuevamente:

—¡Espera!... Dile a Molly que la amo.

Asentí con la cabeza, y salí corriendo como alma que lleva el diablo.

Aquellas palabras del bombero resonaban en mi cabeza. Lo sentí casi como una despedida. Como si él en realidad supiera que no iba a salir con vida.

Cuando llegué a la planta baja, me encontré con un grupo de bomberos con el mismo uniforme que Harry, y supe inmediatamente que eran sus compañeros. Rápidamente los puse al tanto de lo sucedido, y seis de ellos comenzaron a correr por las escaleras, en búsqueda de su amigo.

Apenas había dado diez pasos fuera del edificio, cuando un enorme temblor sacudió la Tierra.

—¡Corran! —Gritó un oficial de policía, y todos comenzamos a correr sin mirar a donde.

Un rugido parecía tronar en mis entrañas. El ruido era ensordecedor. A los pocos segundos, una nube de polvo cubrió absolutamente todo a mi alrededor. Cerré los ojos instintivamente, y a tientas continué caminando hacia adelante.

Detrás de mí, la Torre Norte del Word Trade Center acababa de derrumbarse, sepultando a Harry, a todos sus compañeros, y a miles de personas más en una inmensa tumba compuesta por toneladas de escombros.

Pasaron varias semanas hasta que logré recuperarme de las heridas en mi pierna, sin embargo la herida en mi alma permanecerá hasta el fin de mis días. Y en medio de todo ese dolor, el rostro de Harry se me aparece nuevamente, diciendo: "Dile a Molly que la amo".

Lo tomé como algo personal. No tenía otra opción. Debía encontrar a Molly, y transmitirle el mensaje que mi salvador me había confiado. Era una cuestión de honor. Se lo debía.

Lo primero que hice fue concurrir al departamento de bomberos. Todos los compañeros de Harry habían muerto en el derrumbe, por lo que era muy difícil averiguar algún dato sobre la tal Molly. Lo único que pudieron decirme en el departamento, luego de observar muchas fotografías de los bomberos muertos (para identificar a Harry) , fue que su nombre completo era Harry Stevenson, y pertenecía al departamento desde cinco años antes. No tenía esposa, aunque nadie pudo decirme si tenía alguna novia.

Así que me dediqué a buscar a Molly, imaginando que podría ser alguna novia, ya que Harry no era casado.

Pasé los últimos quince años tratando de encontrar datos acerca de ella. Era difícil. Demoré mucho en encontrar algunos amigos de mi salvador, ya que daba la impresión de que su vida transcurría en el cuartel.

Visité a veinticinco mujeres llamadas Molly, y ninguna de ellas conocía a Harry. Había obtenido sus datos a través de diferentes contactos, y a pesar de que nada decía que podrían tener alguna relación, siempre valía la pena intentar. Después de todo, estaba viviendo tiempo extra gracias al bombero, y le debía al menos ese esfuerzo.

Sin embargo, con la última sucedió algo curioso y diferente. Ella sí había conocido al bombero. Dijo que sólo había pasado una noche con él, pero estaba segura de que él no la recordaba en lo absoluto.

—Lamento no poder ayudarle.

Ya me retiraba, cuando ella volvió por mí.

—Escuche. Yo creo saber a quién se refería Harry. Tome esta dirección. Pero le pido por favor que jamás me mencione. A ella no le gustará saber que yo le he enviado.

—Su secreto permanecerá a salvo conmigo —aseguré.—Puede confiar en mí.

Así fue que me encaminé a Chippewa Falls, con el presentimiento en mi corazón de que esta vez sí me encontraba en el camino correcto hacia la mujer que robó el corazón de Harry Stevenson, así como su última voluntad.

La casa era pequeña. Una cabaña de madera que evidenciaba una necesidad de pintura nueva. No obstante, las ventanas estaban adornadas por unas hermosas flores, que cubrían por completo también el porche.

Golpeé la puerta con expectativa. Mi corazón latía desbocado.

Una chica de aproximadamente veinte años acudió a abrir.

—Perdona. Estoy buscando a una mujer llamada Molly. ¿Tal vez tu madre está en casa?

La chica me observó con cierta desconfianza. Por un instante olvidé que soy un completo extraño para ella, y ni siquiera me había presentado, así que corregí mi error lo mejor que pude:

—Perdón. Mi nombre es Tom Ravier. Soy un... amigo de Harry Stevenson, un bombero de New York. ¿Por casualidad te suena ese nombre?

La chica, que momentos antes mostraba un bellísimo rostro, cambió radicalmente su expresión. Parecía haber visto a un fantasma.

—¿Cómo me encontró usted? ¿Cómo conoce a Harry Stevenson?

Me di cuenta de que de alguna manera, ella era la Molly que estaba buscando. ¡Pero era imposible! Esta chica apenas tendría veinte años. ¡Al momento del atentado ella tendría sólo cinco!

Sólo necesité un instante para comprender la situación. Tuve ganas de golpear mi frente con mi palma abierta por ser tan estúpido.

—Él era tu padre. ¿Verdad?

Ella asintió con la cabeza, aún sin poder reaccionar.

Entonces, la Molly que me dio la dirección, era su madre. De esa relación de una noche había nacido esta hermosa niña, y Harry, en sus momentos finales, cuando sabía que iba a morir, quiso dedicar un último pensamiento a lo más bello que la vida le había dado: su hija Molly.

Me sentí enormemente conmovido entonces, no sólo por el valor de quien me había salvado la vida, sino por el enorme corazón que demostró tener, y el amor que él sentía por esta niña que ahora me miraba con ojos rojos, a punto de llorar.

Le expliqué entonces mi historia. Le relaté los hechos sucedidos en la Torre Norte, y cómo su padre se había comportado como un verdadero héroe, al salvarme la vida. También le expliqué que su último pensamiento estuvo dedicado a ella, y allí fue donde la niña rompió en llanto.

Y yo también lloré, mientras intentaba contenerla. Al fin había culminado mi búsqueda, y había cumplido el deseo de Harry. Sólo faltaba una cosa:

—Harry me pidió que te dijera que te ama.

Entonces, el mundo volvió a su cauce, y quince años de dolor se esfumaron para convertirse en esa pequeña palabra que lo decía todo: amor.

Texto agregado el 09-11-2015, y leído por 106 visitantes. (4 votos)


Lectores Opinan
2015-11-20 18:41:39 Oh, amigo, tienes el toque. El sociego, la lucidez y la intuición sostenida para construir con gusto una hermosa historia. Parece fácil, pero no lo es. Pato-Guacalas
2015-11-11 19:50:32 Humanidad profunda, perseverancia en el verdadero sentido de la palabra, es lo que refleja este hermoso relato. Es un deleite leerte IGnus. marcellasant
 
Para escribir comentarios debes ingresar a la Comunidad: Login


[ Privacidad | Términos y Condiciones | Reglamento | Contacto | Equipo | Preguntas Frecuentes | Haz tu aporte! |
]