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Inicio / Cuenteros Locales / miguelmarchan / Solo quería ver Whiplash

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Hace unos días compré el Blu-ray (pirata) de la película Whiplash, pero por falta de tiempo no pude verla hasta hoy. Sábado 2 de mayo a las 6:30 pm. No había nadie en mi casa, estaba enfermo de gripe y no podía salir de mi casa, todos se fueron a un cumpleaños de un primo que no había visto en meses.

Puse el disco en el Blu-ray y esperé a que lo leyera, rogué a que no se quede una pantalla negra perpetua o que aparezca esas palabras que eran como el ebola para mí: “No hay disco”. Por suerte lo leyó.

Pasó primero el logo de Sony Pictures y después cuatro tráileres, usualmente paso al menú del disco para ver la película de una vez, pero esta vez dejé los tráileres seguir, como que me daba la sensación de estar en el cine. No había ido en todo el año.

Vi tres tráileres y medio porque el “pin” del microondas me llamó. Las palomitas estaban listas. Las puse en un tazón de metal y volví. El menú del disco estaba listo. Primero cambie los idiomas, quería ver la película en el idioma original, así que puse en ingles con subtítulos en español y puse empezar película.

La película pasaba con normalidad. Por lo que decía detrás del Blu-ray era la historia de Andrew Neiman, un aspirante a baterista para una banda de Jazz. Gracias a su talento consigue entrar a una de las mejores escuelas de música del país, cuyo profesor es el estricto y perfeccionista Terence Fletcher, un profesor cuyo talento es equitativo a sus rigurosos métodos de enseñanzas. Cuando elige a Andrew para formar parte de su banda de Jazz la vida de ambos cambiarán para siempre.

Habían pasado 21 minutos, ya había descubierto la pasión de Andrew por la batería y los rigurosos métodos del profesor. Sin embargo recibí la notificación. El sonido se había apagado, la imagen seguía pero no se podía escuchar nada, y en una película donde la música es el tema principal es bastante jodido. “El sonido no cumple con las leyes de copyright (o alguna pendejada así) así que el sistema lo ha anulado). Esas palabras llegaron a mi mente y una furia asesina imparable crecía dentro de mí, quería entrar a la pantalla y patear esa maldita notificación que no me dejaba ver más de la cuarta parte de la pantalla.

Quité le Blu-ray, ya no valía la pena. Quizá sea el disco, si lo cambio podría ver la película tranquilamente. Sin ningún problema, ni ninguna estúpida notificación. Tosí un par de flemas en el pañuelo, lo boté a la basura, me puse pie y con pasos lentos de anciano me puse mi chompa y salí de la casa. La tienda donde compré esta película estaba cerca del mercado.

Llegué a la tienda a punta de caminatas y calenturas, me tomó tres veces más que de costumbre, pero por fin llegué. Seguía abierta. Me quedé mirando al vendedor, no era el mismo que me vendió la película. Era un hombre alto con shorts marrones, polo negro manga cero y un tatuaje de una calavera en su brazo derecho, no era de las personas a las que deberías molestar. Además estaba atendiendo a otros clientes.

Cuando terminó me puse los huevos en su lugar y le conté los fallos de la cinta, se mostró muy amable y aceptó cambiarme por la misma película. Mientras cambiaba de disco yo ojeaba las películas que tenía en exhibición y cuando me dio el nuevo disco en una caja diferente compré “Bastardos sin gloria”. Le pague y me fui a la casa.

Sentía que había corrido una maratón de cinco kilómetros sin parar (el camino al mercado solo eran de 10 minutos), tenía la cara roja, la frente ardiendo, la lengua seca, todos los músculos adoloridos y unas fuertes ganas de vomitar.

Las palomitas estaban chiclosas, volví a poner el disco al Blu- Ray. Vi la película de nuevo. Todo iba bien y como suelen decir, todo vuelve a empezar. Ese cuadro azul metálico que ocupaba casi toda la cara de Fletcher mientras gritaba a Andrew volvió a aparecer y el sonido volvió a apagarse.

Volvía a quitar el disco y lo tiré al piso, lo comencé a pisotear como si de una cucaracha rastrera se tratase, bueno lo pisé con las pocas fuerzas que me quedaban, luego me volví a sentir cansado y me senté en el sillón para tomar mucho aire. Un par de vasos de agua tibia después, volví a salir. Esta vez no a la misma tienda, sino a la competencia.

Era un puesto propio muy pequeño, cuyo espacio era ocupado netamente por películas. El puto paraíso. Busque entre todas las películas hasta encontrarla. Estaba entre Búsqueda implacable 3 y Primicia mortal. Lo cogí, esta vez le pedí que me lo probara, cosa que no había hecho con la otra tienda, mi confianza había desaparecido. Cuando me probó la película me dijo que se podía cambiar el idioma al español latino, con eso fue suficiente para convencerme.
Compré la película… también compré “Birdman”.

Ya había gastado toda mi energía, una brisa ligera podría tumbarme como un boxeador con su mejor derechazo.

Entré a la casa, volví a toser, esta vez mucho más fuerte, ya me preocupaba parecía que estaba a punto de expulsar sangre y trozos de pulmón.

Puse la película, me salté los tráileres, cambié de idioma al español latino y puse empezar película. Todo iba muy bien, aunque el sonido tenía menor calidad que la anterior versión pero lo soporté, sin embargo lo que no soporté son los cortes, los malditos hijos de puta de los cortes.

Mientras Andrew hablaba con un amigo en su antigua banda antes de que Fletcher lo eligiera se puso una especie de congelamientos involuntario, solo se veía la cara de Andrew antes de decir algo. Vi el tiempo que estaba mostrado en el blu- ray. Decía: 08:25, luego en menos de dos segundos cambió a 08:40. La película continuaba pero en otra escena diferente. Habían cortado 15 segundos de película. 15 MALDITOS SEGUNDO. La cuarta parte de una hoja de guion. Esto me enfurecía a niveles demenciales, en 15 segundos puedes contar un secreto, una confesión, un beso, un “Si, acepto”, tantas cosas, frases y emociones se pueden transmitir en 15 segundos y los desgraciados me lo estaba privando.

Quería quitar el disco, romperlo con un cuchillo, ponerlo en el microondas y tirarlo al jardín con si abono se tratase. Pero desistí, ya no quería salir, estaba cansado, adolorido y con una fiebre que parece no querer bajar. Con un mate caliente en la mano, continué viendo la película. Gracias a Dios los cortes no fueron muchos ni constantes, solo unos 3 de 15 segundos cada uno.

Todo iba bien, ya estaba inmerso en la película, en sus personajes, sus comportamientos, sus dilemas, sus problemas, la dirección, la edición, el montaje y, lo más importante, la música, Whiplash sonaba en mis oídos y no se iba a ir.

-¿Qué pasa? Acaso no saber leer el tempo No sabes leer mu…- Fletcher fue interrumpido por la oscuridad.

El apagón fue en todo el barrio. Quería llorar, quería golpear mi cabeza contra la pared hasta que mi cerebro pierda la mitad de sus neuronas, o muera, lo que ocurra primero. Acaso estaba condenado a no ver Whiplash el resto de mi vida. El destino se había empeñado en no dejarme disfrutar de esta película. Tal vez Dios me estaba castigando porque el año pasado le robé 10 soles a mi mamá para irme al cine. No lo sé, ni me importaba, solo quería desahogarme.

Quería romper algo. El televisor, no. El Blu-ray, no. El gato, no. La mesita de café, no. Ya sé algo sin valor. Primero encendí una de las velas de emergencia que teníamos en caso de apagón, no las habíamos usado en meses. La prendí y la puse en una botella de vidrio. Luego cogí un vaso y lo tiré al piso con todas mis fuerzas, el ruido se pudo haber escuchado en el segundo piso de mi casa, pero no me importaba. Recogí los pedazos y los tiré a la basura.

Inmediatamente me fui a dormir, todo me importaba un carajo.

Epilogo

El apagón duró dos días, en el tercero Miguel ya se sentía mucho mejor, así que fue a la primera cabina de internet que encontró. Pagó cinco horas por adelantado, se sentó en la acolchonada silla, se puso los audífonos y buscó la película online. La encontró en latino y la puso.

Finalmente, pudo verla completa. Mientras pasaban los títulos de crédito la sonrisa de Miguel crecía y crecía. Había encontrada la paz, por fina había visto Whiplash.

Texto agregado el 03-05-2015, y leído por 55 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
2015-05-29 11:57:53 Estupenda historia , pero deberías tener cuidado . Al narrarla en primera persona tal vez la lea algún miembro de la SGAE u otra entidad similar que haya en tu país y ponerte una denuncia por comprar dvds piratas :) . autumn_cedar
2015-05-04 00:39:37 5 estrellas de agrado ante esta magna lectura. Que gran manejo llevas entre el desarrollo de su gripe o resfrío y el avance de su ira gatillada por la confabulación de situaciones que le hacían zancadillas a su simple deseo de ver tranquilamente su película. Felicitaciones. jdp
2015-05-03 20:14:56 A la mayoria (Si no a todos)nos ha pasado.No he cometido suicidio,porque puede ser peligroso y hasta mortal.Ademas,he querido "Suicidar" al vendedor de la pelicula.Muy divertido.Un Abrazo. gafer
 
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