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María

Observo a la hermosa alondra describir vuelos acrobáticos allá arriba. La lluvia parece no molestarle, es más, creo que la disfruta. Su silueta en tonalidades azules se recorta contra el anaranjado del crepúsculo. El sol nos deja poco a poco, pero nos promete volver mañana y calentar nuestras almas brindándonos una nueva oportunidad.

La alondra -¿tendrá nombre?- detiene su vuelo posándose en una rama muy próxima a mi. Parece observarme. Los movimientos apenas perceptibles de su cabeza me hipnotizan y me inviten a mirar de nuevo hacia el café que acabo de dejar. La lluvia se hace pertinaz, pero agradable. Levanto la cara al cielo y dejo que las gotas acaricien mi rostro, resbalando por las mejillas, llegando hasta el cuello. La sensación es ma-ra-vi-llo-sa. Algunas gotas entran en mi boca y tocan mi lengua. Mis brazos a los costados con las palmas hacia arriba… ¡esperen!, la alondra me indicaba algo. Me detengo a un par de metros del ventanal. La chica hermosa que vi leyendo esta pagando la cuenta, da un último sorbo a su café.

Un relámpago me distrae, su luz me enceguece un segundo. El retumbar llega un poco después: ¡la chica ya no esta! Observo a la izquierda, ahora a la derecha. La veo alejarse por la acera llena de charcos. Pasa sobre ellos despreocupada. Alguien del café sale corriendo, trae un libro; ¡lo dejo la chica! Me apresuro a decirle que yo se por donde se fue, así que la alcanzare y se lo entregare. Acepta gustoso. Me dirijo velozmente hacia donde la vi. Parece que doblo en la esquina, ¿o no? ¡Maldición! Me apresuro, pues además tendre la oportunidad de preguntarle su nombre.

Suena el celular, el libro resbala de mis manos, y otro rayo corta la oscuridad.

Apenas atrapo el libro antes de que caiga en un charco, apago el celular -¡que molesto!- y oigo el retumbar poderoso que estremece mi entorno. Vaya lluvia, estoy empapado. Pero; ¿Dónde esta ella? ¡Que rápido se mueve! ¿O yo soy muy lento? Creo es lo segundo, ha sido una constante en mi vida, reflexiono un momento. No tiene porque seguir siendo así. La chica “aparece” una cuadra adelante. Sigue caminando feliz en medio de la lluvia. Quiero volar hacia ella, pero no es posible… ¿verdad? Bueno si puedo con la imaginación, ¿ella podrá? Un camión transita velozmente y al pasar sobre un charco me baña. ¿Me irrita? No. Me da risa, estoy hecho un asco para presentarme ante ella.

Otra vez no la veo, estoy de mala suerte. Tendré que regresar al café y decirles que no la encontré. Camino cabizbajo y triste. Que burro. Si no me hubiera distraído con mis cavilaciones... Ya bajo una marquesina, saco el libro de mis ropas y abro la tapa; ¡Hay un nombre! Me aproximo a la débil luz de un faro, y leo… María.

Que bonito nombre.

Oigo el canto de la hermosa alondra. Graciosamente me observa y mueve su cabeza con alegría. Me indica un punto frente a mí. Una mirada me escruta divertida. Es María, que bajo la lluvia sonríe de una manera deliciosa. Ilumina la noche, hace cálidas las gotas que resbalan por mi rostro. Me quedo paralizado unos segundos –que bobo- ella camina en mi dirección, reacciono y acorto la distancia.

- Gracias – dice con melodiosa voz.

- ¿Que-e?- respondo mientras la veo a los ojos.

- Vi todas las peripecias que hacías por alcanzarme, y me pareció divertido confundirte – dice a la vez que estira el brazo para recibir el libro.

En el último instante lo retengo.

- ¿Ahora eres tu el que quiere jugar? – vuelve a esbozar su hermosa sonrisa y finge forcejear para quitármelo.

- Si. Así es. El juego es muy sencillo. Te haré dos preguntas, al responderlas, el libro estará otra vez contigo- digo y le muestro mi mejor sonrisa.

Da un paso hacia atrás divertida, y cruzando los brazos acota:

- Esta bien. Dispara.

Me agrada la manera en que lo dice entre seria y sarcástica.

- Bueno, la primera; ¿Me lo prestas cuando lo termines?- hago mi cara más suplicante.

Sonrie de buena gana y contesta:

- Puedes llevártelo - la lluvia arrecia. Parece no importarle. Gruesas gotas escurren de su cabello, y me doy cuenta de lo poco caballeroso que soy al tenerla allí parada.

Dudo un segundo. La segunda pregunta ya no es adecuada. Observo directo a sus bellos ojos. Veo un alma transparente. Pero... falta algo.

¿Dirigiré a eso mi última pregunta?

Lo voy a pensar un poco más.




al pie del volcán Xinantécatl
toluca, méxico
marzo 2015



ray…



Texto agregado el 05-03-2015, y leído por 560 visitantes. (31 votos)


Lectores Opinan
2015-07-03 01:15:21 Linda historia de amor. Y la lluvia como cómplice. 5***** Clorinda
2015-05-03 00:47:15 Una historia llena de romanticismo, con profusión de detalles, de descripciones bellas de la muchacha, utilizas un lenguaje directo lleno de sensualidad entre los dos personajes. María, nombre usual pero no por ello carente de encanto. Sí, eres un artista de las letras, del lenguaje, mi admiración desde aquí. ;) luna-tatuada
2015-04-14 16:40:22 Tenemos, los mismos tiempos en estas experiencia de escribir amigo del alma.. desde el rancho de lata_Taller: mis cinco Pentagramas_5_ Juan_Poeta
2015-04-11 20:09:52 No había leído éste Yar. Esos finales abiertos para que el lector termine e e acuerdo a su imaginación. Es muy bueno. Un abrazo. umbrio
2015-04-05 01:02:43 Y…bajo la lluvia de mi tiempo sigo esperando a ella, a María; aquella María que YAR mitifico en mi mente. esclavo_moderno
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