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Inicio / Cuenteros Locales / atolonypico / Vida ultraterrena.

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Uno.

Una cosa tenía que hacer en todo el año: preparar un relato para un concurso literario local. Pues bien, esta es la hora que se me ha pasado el plazo. Un año entero, con sus trescientos sesenta y cinco días y unas seis horas menos algunos segundos y se me olvidó concurrir al premio.
Voy a contar la historia en otro relato. Debe de ser San Blas pues he visto cigüeñas por la ventana volando. Sin embargo, el tiempo, ahora, está empezando a ser feo de verdad. Es decir, están empezando a venir por el invierno real, pues hasta ahora no ha empezado a hacer frío, raramente claro.
Las cigüeñas me han recordado la fugacidad del tiempo. Hace tres años, dentro de poco, se suicidó María. Mi vida parece una película francesa convencional. Se me mueren alrededor las gentes. Yo lo veo como un empeño por dejarme solo, como si uno tuviera que lidiar una corrida y la cuadrilla esperara que me luciera privándome de compañía. También puede ser que contagie depresión. Aunque fuera esto último, yo no voy diciéndole a la gente que se me acerque. Podía escribir un relato sobre ello. Todo es narrable en este mundo. Voy a hacer literatura de vanguardia. Dejaré el escrito como viene mientras tomo una ducha fría, a ver los cambios que se operan después.
Sigo escribiendo igual: las duchas no tienen que ver en literatura. El agua fría no incide en la narrativa: otra duda resuelta. Lo que sí parece definitivo es el influjo de los psicotrópicos en lo referido. En general el arte está preñado de sustancias extrañas. Lo que no sabemos si es mejor pues en el ara del arte hay muchos sacrificados. Yo recuerdo entre ellos a María que pintaba como los mismos ángeles, pero a costa de las depresiones a que le conducía el alcohol. Prefiero pintar no tan bien, pues a la postre, qué es un nombre eternizado- y eso en el mejor de los casos- por su obra, si no se ha vivido bien.
Pues bien, a mí se me había pasado el plazo del concurso. Quizá el propio plazo de la vida también. Sin embargo, como no fumaba porros ni bebía otra cosa que agua y leche, no me encerrizaba en proceso abismal alguno. Quería ganarme una eternidad en tierra y a tal fin había ideado un método que habría de rentar sus réditos o no me llamaba yo Juan. No se trataba, por tanto, de persistir a través de la obra.
Había que crear un alma gemela que siguiera mi existencia cuando a mí me trasladaran al solar de los callados en ataúd. Un hijo secreto, estaba claro, era el método, el elixir de la inmortalidad, el medio para hacer eterna el alma. A través de un ser clónico se arrastraban los espíritus más antiguos. Y aunque no me consta el inventor del procedimiento seguro que se le ha ocurrido a alguien antes que a mí. Un hijo secreto, claro. Estaba tan claro desde el principio que me parece extraño que no se me haya representado la idea antes.
A través de él se puede crear una mentalidad clónica y en el momento de expirar hacerse eterno en otro no sé si sin o con autoconsciencia. Yo diría que cuando se dice que la muerte es el final se quiere decir que termina la autoconsciencia, pero solamente esto. Que hay transmigración de almas. Otros dirán que si termina la autoconsciencia no hay traspaso alguno por mucho que se quiera afinar.
Y ahí entra mi teoría. Cuando muera lo sabré. Cuando muera sabré si seré o no eterno. Que se mudará mi espíritu al clon parece sabido, pero mi memoria, me temo, no será la suya. Que cada cual ha visto unas cosas por mucho que se puedan calcar las maneras de pensar. Posiblemente, en consecuencia, cuando muera se apagó la televisión. Quizá mis últimos momentos no sean de desesperación pero otra cosa tampoco. A lo mejor me invade la satisfacción por pensar que mi forma de pensar, mi legado, no se pierde en el hijo secreto, pero posiblemente nada más allá.
Hay que ser realistas, el exitus es definitivo.

Dos.
Queda bonito pensar lo contrario; de hecho es una idea muy sugestiva; tanto que ha supuesto un antes y un después en nuestra historia, pero me temo que no deja de ser una patraña. E incluso tan grande que lejos de confortar introduce una angustia vital innecesaria, una tortura refinada amén de un asalto a la razón que ha hipotecado la vida de los creyentes y de sus coetáneos. Para que vean la importancia de la literatura, pues no se trata más que de literatura.
Quizá alguien hace ya mucho tiempo olvidó algo- como mi postulación al premio literario- y le salió de pasada esta historia, entre las sombras que proyectaban sus cuerpos a la luz del fuego dentro de una cueva. No es difícil imaginarlo. En el fondo posiblemente la teoría de la vida ultraterrena no sea más que el producto en el animal humano de un exceso de autoconsciencia.

Texto agregado el 06-02-2015, y leído por 82 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
2015-02-06 22:53:47 Me impactaron algunas frases, muy interesantes y para meditar un buen rato sobre ellas. anlin
 
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