La Página de los Cuentos
Tu comunidad de cuentos en Internet
[ Ingresa
|
Regístrate ]

Menu
Home
Noticias
Foro
Mesa Azul
Eventos
Enlaces
Temas
Búsqueda

Cuenteros
Locales
Invitados


Inicio / Cuenteros Locales / sheisan / ...

 Imprimir  Recomendar
  [C:551533]

Texto en revisión de cuentero Elbulon


EL INTRUSO.


Una de las cosas que más me irritan, justo antes de salir, es perder objetos dentro de mi casa, sobre todo las llaves, la billetera o los documentos. Me hacen perder minutos preciosos que después debo recuperar corriendo cual desquiciado por las calle para alcanzar el autobús. En varias oportunidades, me ha pasado el tener que irme casa sin alguno de estos preciados objetos, y sufrir sus nefastas consecuencias. Sin embargo, últimamente no es esto lo que más me preocupaba, ya que con el tiempo he aprendido a prevenir los hechos y los he minimizado al máximo, sino que he descubierto que me está o fallando la memoria, o directamente tengo un intruso en casa el cual insistentemente me cambia las cosas de lugar. Me inclino por la primera de las hipótesis, la más lógica, la más acorde a mi edad y la que no contradice mi historial de objetos perdidos en mi hogar.

Todo comenzó no mucho tiempo atrás, con desapariciones insignificantes, como vasos, cacerolas o simples artículos de limpieza que aún no he podido localizar a ciencia cierta. Quizás los he tirado y no lo recuerde, o quizás los he perdido y punto, Todo el mundo pierde calcetines, mi excentricidad es mayor; ¡Pierdo cacerolas, vasos, y mi lista incluye toda clase de objetos! Es mejor mirarlo jocosamente —me digo— pero en el caso de que sea mi memoria, lo más acertado es que consulte a un médico. Aunque no todo parece tan sencillo. Han sucedido otros hechos inexplicables que abonan la segunda teoría; la del intruso.

Para comprobarlo, me armé un plan de acción consistente en realizar un inventario de objetos, muebles y adornos antes de salir a la calle. Lo llevé a cabo sacando fotos de todas las habitaciones, armarios y cajones. Lo hice antes de un viaje corto que tuve en el comienzo de la primavera. Las conclusiones fueron determinantes. Cuando retorné encontré todo fuera de lugar, cambiado a propósito por alguien que evidentemente tenía mis llaves, conocía mi departamento por dentro y estaba buscando algo. Lo llamativo del caso es que no me habían robado nada, el hecho parecía suscribirse a una rara maniobra intimidatoria sin una causa aparente.

Lo primero fue descartar a mis vecinos, la mayoría ancianas incapaces de violar una propiedad y menos de tener una copia de mis cerraduras. Ese sería el punto de partida de mi investigación. ¿Cómo se apropiaron de mis llaves, sabiendo además que yo moraba en esta propiedad hacía solamente seis meses? ¿Cómo sabían mis movimientos, mis horarios, mis costumbres?

Evidentemente, el intruso me conocía y además era un experto y sabía cómo abrir mi puerta, pero ¿Quién? y ¿Por qué??.

Necesitaba dilucidar estas interrogantes, ¡Debía atraparlo! Con ese fin idee un sistema de cámaras que instalé en algunas habitaciones, las más concurridas. Estas cámaras eran muy pequeñas y estaban conectadas a mi computadora. Una en mi dormitorio y otra en el living de frente al pasillo de entrada. Antes de usarlas las probé un domingo a la tarde y las calibré para lograr la mayor nitidez posible. Las imágenes eran un poco difusas pero funcionaban a la perfección.

Al día siguiente las conecté antes de partir, no sin antes cerciorarme de que estuvieran grabando. Incluso dejé algunas luces encendidas por si el intruso ingresaba por la tarde, luego saqué fotos de los cajones y roperos y me marché ansioso de lo que podría encontrar a mí regreso.

Ese lunes fue más complicado de lo común, volví muy tarde. Al abrir la puerta me sentí como si estuviera entrando a una casa ajena. Deduje a simple vista que estaba todo en orden, los muebles, la cama, ropero y demás; las cámaras seguían grabando, me pude ver reflejado en una de ellas cuando me acerqué a desconectarla. Luego me dirigí a la computadora para revisar el día entero de grabación. Eran muchas horas, opté por pasarla en cámara rápida. Justo a la mitad de la grabación me quedé estupefacto, a través de la cámara del living, se vislumbraba una silueta ingresando en mi casa, no pude distinguir su cara, pero lo vi revolviendo cajones y armarios, seguí la secuencia a la cámara de mi dormitorio y en ella se observaba como registraba mis cajones, claramente buscando algo. Ahora tenía la prueba irrefutable de su presencia, la demostración de mi teoría; pensé en acudir a la policía, pero… ¿Para denunciar qué cosa, si no había ningún faltante?

Desistí de inmediato en pedir ayuda para resolver este misterio. No tenía una identificación del sospechoso, haría un papelón en la comisaria, pensarían que estaba loco o algo por el estilo. Revisé minuciosamente cajones y armarios, estaban revueltos pero no faltaba nada, o mejor dicho, casi nada, porque después descubrí que había un faltante y era nada menos que un cuchillo de plata que había comprado en un pueblo del interior. El cuchillo lo había dejado dentro de un cajón por si tenía que usarlo como arma de defensa. No tenía mucho filo, pero así y todo era una tranquilidad saber que estaba allí. ¿Esto era lo que buscaba el hombre, todo este movimiento por un simple cuchillo?

Sabía que el intruso ahora poseía un arma y esto era peligroso. Se me ocurrió poner más cerrojos a la puerta, una segunda llave que pensé era la solución. Con eso logré que se alejara, al menos, por un tiempo, pero este se redujo cuando el misterioso hombre descifró la combinación y la cámara lo registró nuevamente, ya no hurgando mis cosas, sino que se le veía de un lado para el otro hablando en solitario o con alguien a quien nunca pude ver bien. Ahora eran dos las personas que vulneraban mi hogar, ¡Eso era imperdonable!. Se los advertía a veces discutiendo, pero el sonido de mi equipo no me permitió distinguir el contenido de la conversación.

A lo largo del tiempo esta historia del intruso derivó en una rutina que me resultó a veces hasta divertida; esperaba ansioso terminar mi jornada en la oficina para volver a casa a ver en qué andaría la historia del intruso y su misteriosa compañera, porque era mujer, al menos así se podía percibía en las imágenes. Hasta que un día, esas conversaciones se transformaron en acaloradas discusiones de las que yo sin querer me hacía partícipe. Lamentablemente las discusiones comenzaron a terminar en violencia, lo que me puso en alerta de que algo muy peligroso estaba pasando frente a mis narices. No podía permitir que aquello continuase y menos en mi propia casa.

Los insultos y cachetazos pasaban desapercibidos para los vecinos pero no para mí; los gritos de ella eran muy agudos y desgarradores, solo les ponía fin el intruso tapándole la boca y atándola sobre la cama con una cuerda que creí reconocer. Los abusos ocurrían con ella atada a mi cama, siempre a la misma hora. Decidí ponerle fin a esta tortura llamando a la policía pero no fue necesario, ya que aquella misma tarde cuando entré a mi casa y encendí la computadora vi que el intruso mató a la mujer con el cuchillo de plata y descartó el cuerpo sin que nadie, ni siquiera los vecinos se enterasen de nada.

Evidentemente se trataba del trabajo de un verdadero profesional, así lo demostraban los hechos.

Se produjo un largo silencio en mi casa por mucho tiempo. Mi vida retornó a la normalidad. El intruso no había dejado ningún rastro de su paso y menos aún la mujer. Las grabaciones las volví a ver una y otra vez para intentar reconocerlos, sin poder sacar ninguna conclusión. El sonido era muy precario, apenas diferencié algunas palabras de la víctima pidiendo clemencia. No obstante, debo confesar, que eché de menos mi rutina de revisar las cámaras ya que se habían tornado en un momento muy esperado en mis noches.

El intruso desapareció pero me dejó algunas inquietas interrogantes. ¿Qué haría yo de aquí en más con las grabaciones? ¿Debería hacer la denuncia o quedarme así y convertirme en un encubridor? Porque tampoco podía caer en la inocencia de creer que yo no tenía algo de responsabilidad; los hechos ocurrieron en mi casa, en mi propia cama y sin forzar mi cerradura. Alguien en algún momento se aparecerá preguntando por el paradero de la mujer. Yo lo sabía y tenía que estar preparado para ese momento.

Aquel temido momento no se hizo esperar. A los pocos días sonó mi timbre un sábado a la mañana. Recuerdo que hacía mucho frío y estaba muy nublado. Una vecina se quejaba de que no andaba la calefacción y debí levantarme temprano pues dos técnicos revisarían las instalaciones. Al poco rato de llegar ellos, apareció un oficial de policía preguntando acerca del paradero de una mujer desaparecida, que según sus contactos había estado en mi casa. Yo negué en todo momento conocerla, lo cual era cierto, pero supuse, según la breve descripción física, que podría tratarse de la mujer del intruso. El policía traía una orden de allanamiento al que accedí sin ofrecer resistencia.

Examinó toda mi casa sin encontrar nada que fuera útil a su investigación, el oficial estaba a punto de retirarse cuando un grito desgarrador se escuchó afuera interrumpiendo nuestra despedida, era la vecina. En los conductos del aire acondicionado encontraron el cuerpo de la mujer, el cuchillo y en él… mis huellas.


Final 2:

A los pocos días sonó mi timbre un sábado a la mañana. Recuerdo que hacía mucho frío y estaba muy nublado. Una vecina se quejaba de que no andaba la calefacción y debí levantarme temprano pues dos técnicos revisarían las instalaciones, habrán pasado unos 30 minutos cuando alertado por los gritos salí al exterior del edificio. En los ductos de calefacción encontraron el cuerpo de una mujer. Un escalofrío me recorrió al ver junto a su cuerpo el cuchillo de plata ensangrentado. Mi reacción no terminó allí, al escudriñar aún más con la mirada la reconocí. Vívidas imágenes vinieron a mi mente; yo, loco de celos, yo, gritándole y golpeándola, yo… matándola.

Corrí a mi departamento cogí lo básico y escapé.

Hoy vivo en otra ciudad, cambié mi apariencia, conseguí documentación falsa y tomé un puesto de guardia en un motel. Dado mi conocimiento en tecnología mejoré ampliamente el sistema de monitoreo de cámaras, el dueño no sabe qué tanto, pero la verdad fui muy invasivo. Sé que son pocos los que pueden decirlo pero yo ¡Amo mi actual trabajo!







... y Dios creó el sueño,

para descansar de nosotros,

al menos, unas horas ...



M.D


Texto agregado el 27-01-2015, y leído por 365 visitantes. (13 votos)


Lectores Opinan
2016-01-31 22:01:49 Es una forma d dormir como otra cualquiera ××××× grilo
2015-02-23 18:15:50 gracias a Dios, sino sería insoportable aguantarnos a nosotros mismos y a alguno de nuestros congéneres. camino-de-luz
2015-01-30 07:13:29 Yo creo que me estoy excediendo en horas, muy agradable, saludos. krisna22z
2015-01-29 15:57:15 debe tener pesadillas, porque siempre hay alguien despierto en este planeta cafe1na
2015-01-28 03:50:38 ..."Y líbrame de mí señor." AMIRTEO
Ver todos los comentarios...
 
Para escribir comentarios debes ingresar a la Comunidad: Login


[ Privacidad | Términos y Condiciones | Reglamento | Contacto | Equipo | Preguntas Frecuentes | Haz tu aporte! |
]