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Inicio / Cuenteros Locales / jcn / El cazador de fantasía

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La vida real tal vez no sea capaz de imaginar pero de todo en éste mundo lo menos pensado puede pasar, hasta de pronto la verdad al frente de los ojos puede estar.
El cazador de fantasía es un escritor de los suburbios qué siempre lleva un cuaderno para cazar cualquier fantasía qué por su imaginación pueda pasar, se manifiestan al azar.
Era una noche lluviosa y el escritor se encamino por un oscuro callejón para resguardarse de la lluvia oscura y escribir ya qué el destino le dejo ver siete embrollos qué le expandieron la imaginación, desolado, sin dinero con un encendedor en su bolsillo ansioso y compulsivo encendió un maligno medio cigarrillo qué encontró al lado de un basurero donde las ratas buscan qué comer, encuentra un mocho de vela qué encendió para alumbrar esa fría oscuridad y poder ver las letras y su historia de fantasía escribir: es un gigante de nombre Arquímedes de la tierra de la llama flamante; son llanuras donde mil aventuras suceden de noche y de día.
El gigante no tiene ojos, sus sentidos vibran en su cerebro para dejar leer el calor de la fantasía y poderlas atrapar en su saco sin fondo qué lleva siempre acuestas, lleva en su mano derecha medio árbol de cedro, usa sandalias y su vestimenta es de dragón, su morada es una caverna donde resguarda el oro de letras, esto se encuentra dentro de las montañas secretas.
¿Dónde estará la fantasía qué ha atrapado hasta hora Arquímedes? Nadie sabe. Arquímedes cazo un animal para comerlo, enciende la fogata y de pronto ve volar belyugons; son como los humanos pero ellos tienen alas en vez de manos, sus células parecen cristales de hielo y sus ojos son incandescentes.
El gigante parece lerdo al andar pero es tan ágil qué es muy difícil del escapar, él con su cedro crea truenos qué derriba los belyugons y caen al suelo atonta das, cobran conciencia e intentan escapar pero al saco van a parar. Arquímedes vuelve a la fogata para poder comer lo cazado y luego volvió a cazar, en está ocasión fue a dar al saco filubes; bestias qué saltan y cuándo lo hacen desaparecen y reaparecen cien metros adelante pero nunca para atrás. Esas bestias son peludas, andan rectos pero si quieren corren en cuatro patas, su rostro no se ve pero el gigante muy claro les puede ver cuándo se ocultan entre agujeros en el espacio qué pueden crear para escapar pero al saco sin fondo son sorprendidos.
El gigante en las noches vuelve a su caverna para vaciar su saco y sólo salen letras forjadas en oro. La noche es cuándo la fantasía más hermosa atrae, las esferilocas; esferas qué resplandecen y revotan, tienen antenitas, son de color blanco y cuándo sienten el peligro se ponen de color azul y rojo, pueden reventar pero el gigante sabe como las puede atrapar, cuándo las antenitas destellan tres veces el gigante neutraliza su energía atrapándolas sin medida. Los guichos, guichos son pequeños duendes de piedra cubiertos por musgo, pueden cambiar su aspecto como una corteza de árbol para poder despistar al gigante pero éste con dulces les distrae, inevitable se mueven y son descubiertos entre la bruma, son fáciles de cazar ya qué el dulce dentro del saco lo siguen los duendes sin pensar.
El gigante de nuevo vacía el saco y de nuevo otra montaña de letras destella con los primeros rayos del sol qué por agujeros se inmiscuyen misteriosos. El viejo lerber un desconocido, un hombre como cualquiera; su barba es dorada y usa un turbante, vive a las afueras de la tierra de la llama flamante, no sabe por que desaparecen las montañas encantadas cada vez qué una fantasía es atrapada, los entes de nubes le dijeron qué se marchara por que el gigante hasta el fin con su saco te perseguirá y sólo terminara cuándo toda la fantasía atrape y no deje nada para fantasear.
El viejo decidió buscar donde el gigante retiene la fantasía; emprendió el viaje entre campo abierto, tal vez no tenga oportunidad por que el viento todo al gigante se lo hace saber, cuando el viejo parpadeo el gigante le atrapó, gruñía mientras otras fantasías atrapaba para llevarlos a su morada, cuándo llego el saco no vacío, lo dejo a un lado para ir a beber al manantial, el viejo salio del saco, asombrado por ver montañas de letras de oro qué son acariciadas por los rayos del sol qué reflejaron las letras en su corazón, la tierra tembló y las montañas de letras explotaron por los cielos, las letras esparcidas ante la mirada atónita del gigante qué observa como la fantasía qué retenía los cielos con su magia enaltecía, las montañas encantadas volvían y surgían, el gigante sonreía, nunca dejará de cazar la fantasía ya qué de ello depende su vida, la fantasía no extermina sólo se vuelven faces mágicas de la vida.
Al escritor en el callejón de nuevo le brillo el alba, la vela nunca consumió su cera y ve unos mendiga buscando entre la basura alimento para el espíritu mientras otros mendigos buscan alimento artificial qué cada día les degradará más. El escritor cansado buscara donde descansar por que dormir es su vida descuidar.

J.c.n-30-1-2014

Texto agregado el 07-01-2015, y leído por 100 visitantes. (0 votos)


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