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Inicio / Cuenteros Locales / tsk / Ramiro Lacalle, papa.

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Desde aquella atalaya( un divisadero de estúpidos) aquel día, aguzando un tanto la vista, se divisaba el mar. No era frecuente; sólo se percibía en días extraordinariamente claros como aquel. Imaginó entonces Ramiro el colosal espectáculo que debían formar las olas contra el acantilado y le dio también tiempo a pensar en las dificultades y afanes de los pescadores en aquel día claro- como se dijo- pero agitado.
Pensó Ramiro en la suerte que habría corrido de haber nacido unos cuantos kilómetros más allá de donde naciera.
Posiblemente en lugar de destripaterrones habría sido marinero o pescador. Le hacía especial ilusión haber sido esto último. La verdad era que detestaba tanto su oficio que le hubiera gustado hacer cualquier otra cosa: incluso hasta ser papa. Se imaginaba Ramiro de jefe de la cristiandad con su hábito blanco y despachándose pantagruélicas cenas. Que lo llevaran y trajeran, únicamente preocupado… Y ahí se paraba: cuáles eran las preocupaciones de un papa ( se preguntaba). Preparar la bendición “urbi et orbi”, cada año y poco más- se respondía. Si él fuera papa- en un arranque de sinceridad consigo mismo- tendría un huerto en El Vaticano. Entre trago y trago a una bota que tendría dispuesta cerca, lo cavaría. Sería un cura moderno- también pensó. Un cura de los tiempos corrientes (sin celibato); un cura comprometido con los problemas de este mundo, más que con los arcanos celestiales. Según se cuenta, Cristo dijo- un tanto alambicadamente- que los ricos lo tenían difícil a la hora de entrar en el reino de los cielos. Había que cambiar el catecismo y olvidar el asunto( pues no convenía a la feligresía- mayoritariamente adinerada).

Cuando- según un cálculo de posibilidades poco optimista; bien es verdad- salió elegido Ramiro tras la fumata blanca de aquel año( la teoría- que se hizo práctica- dice que cualquier bautizado puede aspirar al cetro de Pedro), no pudo menos el muchacho que sorprenderse). Él, que se creía un pobre diablo, había estado presente en las mentes de los capellanes del capelo cardenalicio purpurados.
Lo primero que hizo Ramiro Lacalle al llegar al Vaticano fue otear por los rincones donde instalar el huerto. Pronto se lo llevaron al ídem a nuestro amigo. Aquella jefatura era bastante ficticia, teniendo más de aparente que de real.
No siendo ni siquiera dueño de su tiempo Ramiro Lacalle- Bonifacio nono, para el siglo- pronto le tomó ojeriza al cargo. Tanto fue así que volviose al pueblo.
Hoy cuenta a sus nietos (que asisten asombrados, con la boca abierta, a la noticia) que no es un abuelo cualquiera; que un día, ya bastante lejano- dice-, sembraba tomates en Roma.

Texto agregado el 26-12-2014, y leído por 51 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
2014-12-26 14:43:20 Un Papa bastante ~agricola~.Por que no ?.Un Abrazo.Venturoso 2.015. gafer
 
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