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Inicio / Cuenteros Locales / jcn / Valle de miel

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Valles qué áridos volvieron a reverdecer, valles de placer con gran amor qué renació con el nuevo sol.
Juankadon provino del sol, es un dios de soledad el cual sus sentimientos plasma en cada estrella sin cesar. Cada año baja a la tierra una fenomenal estrella qué guía a valles prohibidos por seres malignos qué desorientan tras cada noche y día.
Juankadon tiene su reino luciente en una colina la cual es una pirámide tridimensional qué gira en un eje para seguir al sol y a la luna.
El reino sublime de junkadon fue ocupado un día por la diosa jalindiyinas; su cabello es lacio, de color negro como el manto del universo, a los lados de su cabello lleva una e villa en forma de estrella qué recoge su cabello, sus pupilas son resplandecientes como la luna, piel trigueña, alta con contextura gruesa, su vestido blanco es de seda.
Ese reino está en la gran cúspide qué abraza los cielos azules. Los dos dioses perdieron conciencia y comenzaron a desangrar la posteridad, comenzaron a recolectar oro e imágenes de sí mismos para venerarse como los seres supremos qué son. Perdieron el humilde amor, las frutas jugosas comenzaron a desperdiciar, el conocimiento del alma dejaron a un lado, el fulgor de los valles alrededor dejaron de admirar, sólo sus imágenes de oro cada vez más llenaban su entorno y los libros celestiales comenzaron a dejar atrás, los introdujeron en un cubo y los enterraron para qué no estorbaran más y poder disponer del espacio, calcinando sus almas al azar.
En una mañana fría se levantaron y de los cielos azules se encontraron destronados, los nubarrones se posicionaron, los truenos brutalmente se manifestaron haciendo todo acongojar. Ellos son divinos en su amor y prepotentes creyeron qué nada les iba a suceder, pero los rayos poderosos e incesantes con todo su poder se desataron, juankadon y jalindiyinas dioses por primera vez temieron y se escondieron, se volvieron mortales, cada rayo destruida su fenomenal y celestial palacio con sus imágenes de oro qué por última vez brillaron, en limalla se lo devoraron los desiertos, su reino terminó por derrumbarse, desterrados les toco marchar.
Su legendaria vida no quieren dejar atrás, triste juankadon sabe qué penaran porque dejaron sus mentes perder entre lo podrido de lo terrenal.
De esa colina bajaron en medio de un inclemente temporal de lluvia con vientos huracanados qué manifestaban la furia de los dioses ancestrales.
La noche en su eterno andar les sorprendió, tanto les estremeció qué realmente conocieron el temor, abrazados se aferraron tan fuerte qué sintieron sus palpitares el cual les tranquilizó y el sueño les abrigo ya qué debajo de unos pinos encontraron un lecho qué les resguardo de la lluvia y del frío de la noche.
El cantar incesante de los pájaros le despertaron, es tan celestial y armonioso qué les hizo fluir lágrimas de sus seres sintiendo la desolación pero qué en cada canto y flor colorida se reencontraron con su ser amado; fueron sorprendidos cuando la tierra tembló cobrando vida los pinos más altos los cuales hicieron correr despavoridos a los dos dioses qué tomados de las manos encontraron una zona desértica, un letrero hallaron el cual dice: el dulce amor descubrirá el valle de miel qué hace tanta falta al ser.
De pronto en una ráfaga de viento aquel letrero llevo tan lejos hasta perderse de vista. Juankadon y jalindiyinas continuaron caminando, tan sedientos se sintieron qué el cielo observaron y para redimir su reino a los cielos exclamaron perdón.
No entienden cuando una tormenta de arena a la vista no les dio opción, se aferraron el uno al otro de nuevo; aquella tormenta les sobrepaso, ni les toco, un ferviente beso manifestaron con sus labios resecos, sus miradas les enternecieron. Desierto, cactus veían tras cada paso, rocas por todos lados hasta qué un oasis avistaron, sorprendidos allí los dos juntos corrieron, no miraron atrás, cada uno quería de cualquier nacimiento de agua beber, todo desapareció cuando un parpadeo efímero sus ojos ansiosos descubrieron qué era una terrible ilusión, desconsolados el refugio perfecto de nuevo lo hallaron en sus corazones.
El horizonte inclemente casi les hacia declinar y calcinado su valor vieron una selva qué les abría una puerta inmensa, yacía perdida. Al llegar a la selva se detuvieron, sus ojos fijos el uno en el otro el rotundo amor re descubrieron, abejas por todos lados volaban alrededor de sus panales llenos de miel, el agua cristalina baja libre por la montaña; los dioses se inclinan mientras surge de nuevo el amor el cual en un espiral de tierra se levanta y les envuelve, los horizontes de varios colores delito; arriba un color azul intenso mientras se observa las nubes las cuales son pinceladas del sol qué adornan las sublimes nubes anaranjadas qué presagian desde el reino de los cielos la reconciliación de los dioses con la eternidad.
Han sido bien recibidos por el valle de miel ante sus pruebas, primera y última oportunidad la cual aprovechara y al valle de miel la humildad veneraran. Los dioses caminaron más allá del extenso trigal y vieron su nuevo reino qué el macrocosmos les proveyó. Es hermoso y cristalino qué contiene la energía del nuevo sol y la luna juntos para irradiar en los infinitos cielos el amor qué ha vuelto.

j.c.n-29-12-2013

Texto agregado el 22-09-2014, y leído por 135 visitantes. (0 votos)


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