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Inicio / Cuenteros Locales / tsk / Primeras impresiones de un Infante.

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Cuando lo descubrí no caí en la cuenta de que tal circunstancia era sólo una casualidad y, por tanto, no me sentí afortunado; como si aquello fuera algo que nos viniera por méritos propios. Era guay que acudiesen tantas visitas a casa y que se nos agasajara con regalos y se nos tratara con tanta deferencia. Luego, un día, vi que aquella casa tenía algo de claustro. Fue de la manera más inopinada; jugando al balón con mis hermanas, la pelota, tras salir disparada, acertó a colarse por un intersticio que dejaba la valla metálica. Por aquellos tiempos buscaban al "lute". Un hombre malo fue el concepto que extraje de todas las informaciones que venían aflorando. Otro día vi que, como junto a los vallados, las personas que entraban en casa eran de los oficios más dispares lo que no encajaba en mi idea de lo que debía ser una familia normal. Posteriormente fui informado de que mi padre era el Rey, y lo más sorprendente aún, de que yo era su Príncipe.
No obstante, el dato que me hizo pensar que aquello no era corriente fue el que me proporcionó la vista del ropero de mi padre, pues no era posible que uno pudiera ser Almirante de la Armada y capitán general de los Ejércitos así por arte de birlibirloque. O, al menos, eso deducía de todos aquellos trajes impolutos que mi padre iba alternando. Otra cosa curiosa: muchos días salía- mi padre- a trabajar y otros se quedaba en casa en el despacho, lo que me hacía pensar, en los primeros tiempos, que tenía un remolón por progenitor. Al final, atando cabos, supe que era hijo de una persona singular pues yo, a través del intersticio de la valla del jardín, no veía a las gentes tan ceremoniosas como lo eran con mi padre puertas adentro. Cuando descubrí que mi padre era la persona más importante del país otro hecho me puso sobre la pista de que aquello no era, al menos parcialmente, irrefutable.
No podía conciliar el sueño y bajé a la cocina, como tantas veces hacía, a beber un vaso de leche, pero antes de entrar por la puerta batiente, oí un rumor de voces que me puso sobre aviso. En la penumbra de la habitación contigua y a través de la puerta se veía a mi padre con un albornoz raído y unas zapatillas de felpa medio acongojado ante la airada reina, es decir, mi madre, que le recriminaba no sé qué asunto en el que al parecer andaba involucrada una doncella. En ese momento supe que ser un rey también podía ser una cosa bastante normal.

Texto agregado el 25-07-2014, y leído por 65 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
2014-07-25 20:33:11 El Rey tambien tiene su corazoncito.Un Abrazo. gafer
 
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