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Por Jazbel Kamsky

PINGÜINOCHO

Érase una vez, una mañana de sábado muy especial, en un local comunal adornado para la ocasión con coloridos globos y una larga mesa llena de golosinas. Mario, un hombre delgado de tez cobriza, con algunas canas en su cabellera que delataban sus casi cincuenta años de edad, y una barba prominente, alistaba sus marionetas para dar una función de títeres celebrando el cumpleaños de una pequeña niña a quienes sus padres le festejaban sus cinco años de edad y la llamaban dulcemente… Juliana.

El titiritero al ver a Juliana, una preciosa niña de rulos caídos, y expresivos ojos de color verde claro, por breves minutos hizo de pronto memoria, recapitulando un instante de su vida en donde su única hija de nombre Beatriz era una inocente niña aún. Recordó entonces las carcajadas de su pequeña hija al despertarla por las mañanas con su marioneta favorita: “el señor huevo frito”, quien con una voz aguda le decía: --¡despierta princesa come yemas!, ¡despierta princesa! Soy el señor huevo frito quien todas las mañanas termino bailando de felicidad en tu pancita-- Y haciendo el ademan de bailar, concluía finalmente despertándola con un delicioso cosquilleo en su pequeño abdomen. Mario, volviendo al presente, secó con sus manos algunas lágrimas que se deslizaron por sus mejillas.

Su hija Beatriz, actualmente era arquitecta y vivía en Alemania, casada con un lugareño y con dos bellos hijos a los cuales Mario nunca llegó a conocer. Pues, en esa época de su vida, quedó viudo, su esposa Regina falleció en un accidente de tránsito, y se sumergió en una gran tristeza. Adquirió entonces el vicio del alcohol, vivía en la miseria, y lejos de cumplir con su función de padre dejaba a su hija al cuidado de sus abuelos. Beatriz, mientras crecía, se daba cuenta del problema de alcoholismo de su padre y poco a poco se alejó de él. Avergonzada de tener un padre alcohólico decidió estudiar Arquitectura en Alemania, huyendo de los recuerdos de aquel hombre quien le dio la vida.

Mario, al volver la mirada al local comunal, observó que éste se encontraba repleto de niños pequeños que corrían despavoridos de un lado a otro. De pronto, haciendo una señal al sonidista, levantando el pulgar con la mano derecha, en señal de un “Ok, empecemos”, cogió el micrófono, y dirigiéndose al público en general, invitó a los pequeños a sentarse en una gran alfombra multicolores puesta en el suelo frente al teatrillo armado en medio del local, exclamando: --¡Tomen asiento niños y niñas que una increíble aventura está por empezar!, los más pequeñitos siéntense en compañía de sus papis, no sean tímidos, ¡Tomen asiento en la gran alfombra mágica!... ¡Estamos listos ya para despegar a una gran aventura sinigual!--.

El hombre de los títeres, tomando entre sus manos una marioneta con forma de gaviota, de pechuga prominente, y lentes de sol puestos, quien era conocida en el espectáculo como la Señora Pechuga, con una voz gruesa y pausada empezó preguntando: --¿Dónde está Juliana que no la veo, alguien me puede decir donde está Juliana?— y los pequeños levantando sus bracitos gritaban todos alborotados por responder: -- Yo sé, yo sé, yo, yo, yo…--, la gaviota pechugona continuó diciendo: --¡Aja, allí estás!, un fuerte aplauso para Juliana por su cumpleaños…--, y un sonoro aplauso hizo eco en todo el local.

El hombre detrás del teatrillo continuó al terminar los aplausos con la marioneta de la Señora Pechuga puesta en mano, contando la mágica historia... Érase una vez, en un lugar muy pero muy lejano, en donde hacía mucho, mucho frío, tanto frío que incluso el gran oso polar usaba un suéter de lana como abrigo, el hogar donde vivía un pequeño pingüino travieso, un elegante pingüinito que había nacido con una característica muy particular, un pico naranja de gran tamaño; el más grande de todos los picos de la aldea pingüino, por ese motivo sus papitos decidieron ponerle de nombre “Pingüinocho”.

En la escuela sus compañeros se burlaban del pequeño Pingüinocho por lo distraído que era, siempre que la Maestra Pingüino les preguntaba por sumas, el pequeño Pingüinocho se encontraba con la mirada perdida, y respondía a la pregunta de cuánto es dos más tres, con un: --Sí he tomado mi desayuno señorita, comí pescado fresco--, sus compañeros al oírlo compartían sonrisas traviesas entre ellos.

En una oportunidad, la Maestra le preguntó a los pequeños pingüinos: --¿Qué quieren ser de grandes cuando crezcan?--, uno de ellos respondió que quería ser cantante como su padre, otro con emoción dijo que sería un gran pingüino pescador, pero cuando le preguntaron a Pingüinocho, se quedó pensativo y mirando sus alas de pingüino le respondió a la Maestra que soñaba con ser un gran pingüino volador. Sus compañeros se quedaron en silencio asombrados por su respuesta, el más pequeño al final de la fila terminó rompiendo el silencio imperante diciendo: --Nosotros los pingüinos no podemos volar señorita--. Pingüinocho, demostrando seguridad en su afirmación continuó diciendo: --Entonces, porqué las gaviotas que al igual que nosotros tienen alas pueden volar, y si hasta los pelicanos que tienen un gran pico como el mío pueden volar; porqué yo no--, la Maestra Pingüino no supo que responderle en el momento, de pronto la campana de salida terminó con la clase.

Sin embargo, Pingüinocho, lejos de ser desalentado en su afán de convertirse en un gran pingüino volador, practicaba todos los días. Desde lo alto de un risco se resbalaba hacia el mar, en el trayecto mientras alzaba vuelo antes de impactar en el agua, gritaba de emoción: --¡puedo volar, miren puedo volar!--, y de pronto un chapuzón lo hacía darse cuenta que el aprender a volar no sería nada fácil. Todos los días practicaba por cerca de dos horas en el risco, imitando a las gaviotas, abría sus alas y sentía la brisa del viento en su rostro, pero no podía mantenerse en vuelo.

Una joven gaviota una vez se le acercó y le preguntó: --¿Qué intentas hacer?--, Pingüinocho le respondió: --quiero aprender a volar para ser cuando crezca un gran pingüino volador--, la pequeña gaviota lejos de burlarse de él le ofreció enseñarle a volar. Después de varios días de práctica, en una mañana en la que el viento soplaba como nunca, al lanzarse del risco y abrir sus alas como su amiga la joven gaviota le había enseñado, empezó a elevarse en el cielo y se mantuvo así por unos minutos; increíblemente había aprendido a volar.

Al día siguiente, Pingüinocho, al estar en el risco, se percató que sus compañeritos se sumergían en las aguas donde él acostumbraba darse chapuzones. De pronto observó que un come picos rondaba dichas aguas. Un hambriento tiburón blanco de grandes colmillos amenazaba con comerse a uno de sus compañeros. Pingüinocho, empezó a gritar: --¡salgan del agua, salgan del agua, un come picos!--, uno de sus compañeros pingüinos respondió al oírlo que gritaba desde lo alto del risco: --¡un come queeee…!--, y al voltear la cabeza se dio cuenta que se encontraba en las mismas aguas que un terrible tiburón blanco come picos. Invadido por el miedo, nadó a la orilla con todas sus fuerzas, luego le siguieron algunos de sus compañeros, pero uno de ellos, el más pequeño, se quedó nadando en lo más profundo de las aguas, sin oír las advertencias.

El gran tiburón come picos volteó la mirada hacia su distraída presa y a gran velocidad se dirigió hacia él pequeño pingüino. En ese preciso instante, Pingüinocho tomó la decisión de lanzarse del risco y salvar a su pequeño compañero pingüino. Para suerte de él, la brisa del viento empezó a soplar muy fuerte, y logró mantenerse en vuelo, cogió al pequeño pingüino distraído de los hombros con las patas, y defendiéndose dándole fuertes picotazos en la cabeza al gran tiburón blanco le recriminó: --Te enseñaré a respetar a los pingüinos--. Luego, se alejó volando del terrible come picos y se dispuso aterrizar sano y salvo en la arena. Sus compañeros en la orilla vieron la valiente escena, y de la emoción comenzaron a cantar vivas a Pinguinocho.

Al finalizar la función, Mario se acercó a Juliana y le preguntó sobre que parte de la aventura de Pingüinocho le había gustado más, pero lejos de responderle, la pequeña lo miró con extrañeza. --Que sucede, no puedes entenderme-- le replicó Mario a la pequeña. En eso, Alex, el hermano mayor de Juliana intervino en la conversación y le hizo una increíble confesión al hombre de las marionetas: --Discúlpeme por no decirle antes, pero mi pequeña hermana Juliana es sordomuda--.

Alex, continuó al hacerle algunas señas a Juliana, y recibir de igual manera una respuesta de ella en lenguaje de señas, comentándole a Mario que la escena que más le gustó a su hermanita fue aquella donde Pingüinocho lejos de dejarse vencer por los comentarios de sus compañeros, siguió esforzándose en aprender a volar. Su hermano agregó además que la aventura de Pingüinocho se identificaba con la historia de esfuerzo de su hermana, porque lejos de dejarse vencer por las opiniones de los demás, ella aprendió a comunicarse de una manera diferente. Mario, al oírlo, sintió como sus ojos se humedecían de la emoción, en eso la pequeña con sus manitas le tomó de sus barbas y le regaló un afectuoso beso en la mejilla.

Por la tarde, ya en su domicilio, sentado en un viejo sofá, Mario estuvo recordando la emoción embargada al enterarse de que la función de títeres era para una preciosa niña sordomuda. En ese preciso momento, sonó sorpresivamente el teléfono, bruscamente cogió el auricular y se lo puso al oído, escuchó de pronto una aguda voz de mujer que le decía: --Papá, papá, eres tú papá--, quebrando su voz de emoción por la nostalgia, Mario respondió: --Beatriz, hija—.

--Te quiero mucho papá, perdóname por favor por decidir alejarme de ti, perdóname—Replicó Beatriz, embargada de profunda tristeza. Mario, imitando la voz aguda del señor huevo frito, le respondió cariñosamente: --¡No estés triste, princesa come yemas!, ¡no estés triste! Que soy el señor huevo frito quien todos los días termino bailando de felicidad en tu pancita--, y a partir de ese momento una bella historia de unión familiar continuó escribiéndose en el “Gran Libro” de la vida.

Texto agregado el 21-05-2014, y leído por 213 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
2014-05-21 13:47:54 me gusto! rentass
 
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