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Inicio / Cuenteros Locales / joeblisouto / Esposo alemán

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Mi padre alemán era alto y de ojos azules, pero pequeños como las uñas de un gato… no me amaba ni siquiera toleraba verme por mucho rato, por eso siempre planeaba matarle, robarle, en fin desaparecerle por siempre pues no me gustaba verle manoseando a mi madre que era su esposa y la madre de mis hermanos menores… no entiendo porque mi madre le quería… Si era remalo como los demonios y sus ojos azules como la forma de las uña de un gato, gustaba mirarme a los ojos y decirme que me odiaba por ser como era… Es decir un no hijo que vivía y que era hijo de su mujer, que era mi madre… Tantas manazas sentía saliendo de su alma sobre mi cara… Tantas palabras burlonas porque no era más que el hijo de su hermosa mujer que era mi madre… Tanto tiempo pasé que una vez quise violarme a una de mis hermanas menores, es decir que casi me vuelto un monstruo o una animal mas, así como los perros y afines… Pero no, no pude hacerlo, casi lo hago con otra de mis hermanas por parte de mi padre verdadero… En fin, le odie siempre que fui un niño y a eso de los quince años ya no le respetaba ni temía sus manazas ni su mirada azul como el cielo frio de una Europa vieja y mala y desgraciada… Porque tanta sangre ha pasado por su historia que cuenta de barbaros y bestias salvajes, llenos de toda la furia de una bestia barata… Pero no quiero recordarle mucho, ahora que ya no existe más que su foto y sus recuerdos y esos sillones tan grandes que uno puede dormir sobre él sin mucho problema… Mi madre jamás la entendí, pero qué lindas y buenas nacieron mis hermanas menores… Y ahora que ya están viejas y feas y no como cuando niñas, son mas buenas aún… Pero solo tienen amor para sus hijos… He quedado solo en un barrio extraño y donde los ojos azules de mi padre que era el esposo de mi madre, aún respiran por las sombras oscuras y frías de cada esquina oscura de aquel lugar…
Noto que los perros entienden el alemán mejor que otros idiomas… Pueda que sea cierto… Mi perro es así, medio alemán… Y sus ojos son marrones y sus orejas grandes y lo demás es como lo demás de todos los perros… He quedado solo… No he conseguido mucho en estos tiempos, pero siento que aún puedo hablar con los animales, es más, ellos me entienden… Esto lo pude conseguir porque mi infancia fue como la de ellos… Solo y muy triste, como un perro paraba de aquí para allá… Miraba como los perros hasta que una tarde pude entenderles… Luego entendí el idioma de muchos animales… Fui al zoológico y allí estaban todos los demás… Esperando la muerte… Luego pude entender todos los idiomas de los seres humanos… Alemán, francés, etc… Hasta griego y latín, pero no podía escribirlo ni hablarlo, tan solo entendía… Quizá me ayudó el silencio con que viví de la mano de la soledad… Pude entender que el silencio esta en todos los idiomas hasta en las bestias y planetas y la luna y las estrellas, en todas partes está… Y fue ella quien me hizo entender la candencia y espíritu de cada idioma, el gesto silencioso que está tras cada palabra, gesto, o entre silencios…
De todos, me agrada el idioma de los planetas… Es sutil y especial, como la risa de un bebé… Uno puede entender que allí estamos sin estarlo porque tan solo se siente con el corazón o con ese ritmo del silencio… Quizá esa sea la respuesta de todo lo viviente… Somos el reflejo de ellos sobra esta tierra… Y nos miran y cantan y bailan sin parar, para nosotros los que libamos el silencio sin saberlo…
Qué decir de mi padrastro… Era especial… Casi mudo y solitario.. Y si decía algo, eso era que la vida era una basura… Qué decirle… Somos como una vasija de barro… Y valemos cuando hay algo valioso dentro de nosotros… Si tenemos oro, valemos mucho… Y si tenemos basura, valemos menos que el mismo barro… Por ello hay que llenarnos de las cosas valiosas… De la paz sobre todo… Eso me dicen los perros y las plantas y el mar… Y los planetas que no cesan de bailar y cantar en silencio…
Una vez le pregunté a mi madre y a mi padre que era el esposo de mi madre cómo era la guerra, cómo era la gente de esos tiempos… Siempre respondía que no deseaba hablar de ello… “Es algo terrible la guerra”, decía… Luego callaba y yo le miraba desde un rincón de su pieza… Fumaba y fumaba y sus ojos parecían irse con el humo del cigarro… Pude entenderle un poco mas… Pude escucharle a través de ese silencio que amaba el tiempo de su juventud, que hizo muchos amigos, que estuvo lejos del campo de batalla, que era chofer muy joven y que aprendió a manejar sin luces por las noches… Y sus ojos se volvieron como los del murciélago… Y que de todas las mujeres amaba más a las árabes porque saben cuidar de su hombre y les aman y le satisfacen sin límite… Pude escucharle y entender que fumaba sin parar porque eso le hacía recordar lo hermoso que fue cuando se enamoró por la primera vez… Era una mujer perdida y llena de miedo… Había perdido todo en la guerra… Y sus ojos eran azules como los de él, pero no eran de la misma forma… Eran redondos y alegres… Y era blanca como blanca nieves… Y su cuerpo era espacioso y suave… Y su voz como los de una árabe… La tomó y se vino a América con ella… Y ella le dejó… Y supe que a él le gustaban los hombres más que las mujeres… Supe tantas cosas… Que mejor me callo… Era una vida llena de heridas y trataba de herir a cada persona que no amaba…
Una vez le pedí jugar el ajedrez… Me ganó siempre y extrañamente nos volvimos amigos… Me contó algo que nunca contó a nadie… Iba a hablarme sobre ello, pero le dije que ya lo sabía… Cómo es posible, me preguntó… Sonreí y le dije que el silencio dice más que las palabras y la historia… Me dijo que su madre era generosa y su padre era muy duro… Me contó que su familia era muy aburguesada y conocida en su país… Allí le dije algo que jamás olvidaría… “Vas a morir allá y tus hijos e hijas te van a amar más allá del tiempo… Y tu esposa que es mi madre te va a querer y respetar más allá del tiempo… Y yo, yo, yo… Yo seré tu amigo más allá del tiempo y el espacio”… Se levantó de su enorme sillón y fue a meterse en su cuarto… Cerró la puerta y apagó las luces… Me levanté y me fui de su casa… Nunca más le volví a ver… Y cuando murió, siempre converso con él dentro de mis más tristes sueños… Hablamos y yo le digo que todo está muy bien, que pronto la muerte se abrirá para todos y la vida será como cada sueño que tuvimos y tendremos… Y nuestro despertar será como lo hace el alborear de cada mañana… Pero no siempre bajo la misma vasija de barro… No siempre, no…

Texto agregado el 10-02-2014, y leído por 96 visitantes. (0 votos)


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