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Inicio / Cuenteros Locales / bamaka / De regreso a casa

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Quizá una de las más lánguidas e infaustas escenas, que el ser humano percibe por medio de sus sentidos, y más aún para los actores principales de la obra, nadie, absolutamente nadie en su sano juicio pretendería calzar sus mocasines, cargar con semejante peso de sus indumentarias, y sentir lo que ellos sienten con todos sus sentidos. No obstante, en el momento inesperado, y en el lugar incierto, ojalá nunca fuese así…, recibirá la infausta noticia, porque el parsimonioso tiempo, en silencio y clandestinamente, cual envidioso intruso hace su trabajo, e irrumpe de la nada, cual aguafiestas, se apodera provocando un profundo silencio, que congela el movimiento y desdibuja las sonrisas, y como un profundo suspiro que brota desde las entrañas de la tierra se apodera, y contagia a los espíritus más osados.


A tientas, de manera sigilosa merodea tangencialmente la escena, observando por el cerrojo de la puerta, sintiendo un escalofrío que lentamente se apodera de su ser, y desde su trinchera, intentará transmitir y graficar el estado de las cosas, cómo luce el escenario, cómo actúan e interactúan los mortales personajes, bajo esa tenue lumbre, que desciende y asciende al mismo tiempo, como pretendiendo hacer alianza con lo otro. En fin, los mortales hacen uso del ingenio y los rituales, cual simbólicas ceremonias atenúan el transe del que traspasa esa otra dimensión, y conforme el mismo tiempo pasa, la vida seguirá su curso y hay que seguir respirando, y reanudar esa rutina, trepándose a ese círculo infinito que te trae y te regresa, precisamente al mismo lugar del que partiste.

Al día siguiente, sacan fuerza de flaqueza, y hacen de tripas corazón, somnolientos, cual fantasmas se enfilan, y en interminable procesión recorren las calles de la ciudad que le vio nacer, las calles y avenidas de su infancia, donde tuvo sus primeros amoríos, sus andantes ilusiones y sombríos fantasmas que la acompañaban cada día. Mecida en andas, se despide de los lugares y recovecos de la gran ciudad, como para no olvidar el camino de regreso. El día luce nublado, el cielo a punto de llorar, y a la escena la engalana esa solemne marcha, a lo lejos los perros aúllan inconsolablemente, repentinamente los gritos, llantos y sollozos se apoderan de la escena, haciendo más tardo el recorrido, y más larga la agonía.

La romería es recibida por el melancólico tañer de campana vieja, que lentamente se va apoderando del oído, cual interminable letanía de oraciones, rezos, pensamientos y suspiros indescifrables, la retina de los ojos percibe un boom de colorido, de flores, aureolas y adornos que hacen que ese lugar sea menos sombrío y más acogedor. La procesión al unísono avanza dos pasos, y al mismo tiempo retrocede tres, las almas se reniegan a hacer entrega a una de las suyas, cual estira y encoge al dudar ante el abismo, se arma ese regateo, pretendiendo algún tipo de canje o trueque, a cambio del regreso a casa en su anterior estado.

El momento culmen, el más doloroso e indeseado, llega sin quererlo y sin pedirlo, lentamente de los hombros de esos hombres, desciende ese armatoste artificial, cuyo contenido es incuantificable, nadie quiere perderla para siempre, se resisten a creer que ella ya no es de este mundo…, algunos se acercan para verla, y al mismo tiempo se alejan quizá para que en su memoria quede grabado ese rostro que no les es ajeno, que tiene vida y movimiento. Algunos la despiden con un beso, con una caricia, o un pensamiento, un deseo, o una plegaria.

El tiempo apremia, y la vida fluye, y ni modo pesadamente desciende ese armatoste a las entrañas de la tierra, los sepultureros hacen su trabajo, ya acostumbrados a hacer lo que la gente no quisiera ver. Sucesivamente van dejando caer al precipicio, pétalos de rosas, arreglos florales, joyas y símbolos de estrecha filiación, el cura encomienda y da el banderazo de salida a un alma más que se cansa de vivir, y todos al unísono se resignan a perderla para siempre, albergando en su corazón esa esperanza del encuentro.

El silencio vuelve, los sollozos anhelantes caen sobre el césped, y un sinfín de almas ambulantes, hacen una pausa, y miran como cada vez más, el espacio se va ensanchando y el impertinente tic tac los aleja aún más, y los va haciendo más ajenos y más extraños. Repentinamente, el canoso sepulturero saca de la manga esa placa fría de marfil, sin contemplaciones la coloca y la sella sobre la tumba de Hilda Helena Saravia Constantino, que a lo lejos mi curiosa vista alcanzó a deletrear las palabras de última voluntad: “En este momento hace de muerta, y de verdad que bien lo hace”, me dije para sí, que poca creatividad, sin embargo, comprendo que Hilda y su familia tomaban vacaciones cada año, y uno de sus destinos favoritos fue Paris, sea también una conmemoración al actor de los actores.

Aferrarse a ese puñado de tierra, enterrar las uñas, y como crío patalear y hacer berrinche reclamando a quién sabe quién, es normal y comprensible, en circunstancias como estas. La tarde va avanzando, y el cielo luce cada vez más negro, a punto de llorar, no queda más que darle esa infinita despedida, para que nunca sea para siempre, y mantener en suspenso esa filiación, viéndola volar del brazo del viento formando trazos y dibujos en el cielo.

El retorno a casa se hace cuesta arriba, un calvario, larga agonía, como quien se aferra a desprenderse de una parte de sí, cual verdugo te arranca el corazón, y se siente en el ambiente, en el silencio, en el espacio vacío imposible de llenar.

Este tipo de acontecimientos y experiencias, independientemente del tipo de creencias, fe o devoción es algo doloroso, nunca quisiéramos que pasara, a nadie se le desea, ojalá fuésemos inmortales.

Texto agregado el 30-09-2013, y leído por 116 visitantes. (4 votos)


Lectores Opinan
2013-10-05 04:09:32 Una ves escribi sobre un entierro y recuerdo que dije en alusión al momento (todos van menos uno, todos regresan - tal el caso de tu personaje . me deslumbro tu narrativa rayando lo perfecto en una evocación y detalles que enriquecen su contenido, un placer encontrarte en esta pagina de amigos- GRACIAS POR TU ENORME ESCRITO QUE ME LLENO DE BELLAS SENSACIONES AL LEERTE UN ABRAZO rolandofa
2013-10-01 22:07:34 Tu relato tiene mucho fundamento filosófico de lo que son los principios de hogar bien enseñados. Me gustan las descripciones para decorar tu historia. Realmente, enriqueces el texto con cada una de ellas. Felicitaciones. De altura tu escrito. SOFIAMA
2013-09-30 15:27:31 Excelente redacción, profundo contenido. ZEPOL
2013-09-30 12:59:38 Una narración que siendo dolorosa es un sedante su lectura y te llama a reflexionar sobre muchas cosas en la vida. Uno de ellos: el regreso a casa. elpinero
 
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