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Inicio / Cuenteros Locales / joeblisouto / La empleada 1

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Que agotada estoy. El cuerpo es un milagro… Le das y das y cuando para, se para para siempre… Cómo es que llegué a esto… Siempre quise hacer algo útil… Pero no servir de lavandera, de ir de casa en casa y limpiar ventanas y camas y todo la porquería que dejan los señores… No es que discrimine el trabajo, pero al ver a esas jovencitas todas bien vestidas y bien pintadas, me da envidia sana… Ahora estoy vieja y ya nadie me mira… Una mujer que es vieja tan solo sirve para otro viejo o para escuchar las tontería de los jóvenes… Uno va y viene a las agencias de empleos y ve a toda la serranía sentadas como esperando el basurero… Y luego salen con las señoras, soñando encontrar un buen trabajo que no les dura hasta que se aburren… Un tiempo estuve trabajando de costurera y cómo me dolía la espalda, la cintura y mas… Tuvo que venir ese negro que me pinto cosas tan lindas que me llevó a un cielo bello y lleno de alegría y fiesta… Ese negro fue mi perdición… Me regó de dos hijos y cuando todo estaba frito, se largó para siempre… No lo he vuelto a ver ni le he buscado… No tengo cara para ver ojos que no me quieren… Y allí están mis zambos… ya tienen mas de quince años y ya están por las calles… No imagino sus futuros, espero que sea mejor que el mío que la paso limpiando cuartos y acompañando ancianos… Del amor, ya no queda mas nada que recuerdos… Tengo hijos que no veo… Paran jugando a la pelota y juntándose con chicos peores que ellos… Yo le hablo pero ¿qué muchacho escucha?... Ellos ya saben mas que todos… En fin… Les pongo su plato de comida y les pago sus estudios y les lavo las ropas… Mas no puedo… Ellos ya verán, como lo hice yo que nunca conocí a mi padre… Tan solo recuerdo a mis hermanas y ese feo recuerdo de mi madre echada en una cama llena de cartones, riéndose de nada… Loca, está loca, decían los vecinos… Luego, allí estaba, riéndose de sí misma, arrancándose los cabellos ante mis ojos… Y una tarde, murió ante mis ojos… Me le acerqué y quise saber si dormía… Dormía pero para siempre… Se la llevaron y nunca mas volví a verla… Ni siquiera recuerdo en que cementerio la pusieron… Se la llevaron en una caja de madera barata y nada mas… Quedaron todos mis doce hermanos y juntos de la mano nos miramos… ¿Y ahora qué?... Aún recuerdo sus ojos de mis hermanos que a medida que pasaba el tiempo, nos separaban hasta quedar solas, solas para siempre… A mí me dejaron en una casa de una señora que cuidaba los perros de la dueña… Desde aquella vez, nunca mas he dejado de trabajar… Y tenía nueve años… Y ahora, con sesenta, aún sigo en lo mismo… Una sola vez he tenido vacaciones, y fue la única vez que me enfermé… Le temo al descanso…
Hace poco, no mas de dos meses o mas quizá… ya uno de vieja olvida los días… Bueno, hace un tiempo atrás murió el viejo mas lindo que he conocido… Siempre me regalaba algo… Un dibujo, un poema, un libro, una manzana… Era bueno el viejo y todos se aprovechaban de él… Para que mentir, yo también… Pero era bueno ese loco… Y pensar que tenía noventa años… Aún recuerdo verle echado en su cama, muerto, y con esa sonrisa en los labios… Pero al ver sus ojos sin brillo, lloré… Creo que fue una de las pocas veces en que he llorado por alguien… Uno necesita de afecto, es como mis hijos… Les lavo sus ropas y ellos se sienten bien… Les cocino y sonríen… En fin, cosas simples que les alimenta el corazón… El viejo se murió y se llevó una parte linda de mi corazón… Le quería bastante, pero no como hombre sino, como amigo… Aunque había veces en que sus palabras se metían en mis entrañas como las manos de mi ex marido… Y yo sentía que me tocaba hasta el alma… En fin, se nos fue… Y nos dejó esas manchas y esas letras que colocaba en sus paredes… Recuerdo que muchas veces le robaban sus cosas… pero nunca sus libros… Esos libros que yo limpiaba uno por uno, y que jamás leí… Debe ser bueno eso de leer porque vuelve bueno a las personas, pero no a todas… A unos cuantos como ese viejo… Espero que ahora que esté con el supremo, le tenga muchos libros en sus manos… Es que, cómo le gustaban sus libros… Era un viejo loco, pero un loco lindo… Y cuando recitaba, cómo me hacía reír… Era todo un caso, pero uno aprende a no esperar nada de la vida, como yo que con mis sesenta años, ya no espero nada… Ni siquiera un beso del viejo…

Texto agregado el 28-08-2013, y leído por 126 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
2013-08-28 08:32:36 Estupenda narrativa- Me encantó- elpinero
 
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