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Inicio / Cuenteros Locales / Carmen-Valdes / Desde mi prisión (VIII) / Soledad – Ira - Venganza

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Soledad / Ira / Venganza

Llegamos al atardecer del tercer día, no nos siguieron. Los perros negros, corrían ansiosos de libertad, sin embargo yo languidecía a cada momento, en el fondo de mi sentía nuevamente una rabia que crecía unida a un terrible sentimiento de soledad, cuando parábamos a descansar mi familia se acurrucaba junto a mí, me reconocían, me recordaban, supongo que debía estar conforme con eso, no habían muerto horriblemente como los otros del clan, torturados por los malditos experimentos, pero a pesar de que había matado a esa mujer que al parecer era la líder, no era suficiente, mi odio y mi venganza habían cambiado de rumbo y no me sentía satisfecha.

No quedaba nadie como yo, estaba destinada a proteger al resto y aunque sabía que lo haría, sentía que mi vida no tenía ningún sentido, miré la cueva con un dolor que nunca me imaginé que podía sentir. Las sombras negras me rodeaban atraídas por la fuerza de mi amargura, se mantenían cerca de mí, alimentando mis lúgubres pensamientos, me mostraban imágenes de sufrimiento, me impregnaban con sus propios rencores.

La sombra gris era la única diferente, no me había dado cuenta hasta ahora, ella guiaba, razonaba, no transmitía emociones, cuando se acercaba a mí, las otras se quedaban distantes, como esperando lo que ella dijera, le pregunté por qué, pero no me dio respuestas, solo dijo que debíamos hacer dos cosas importantes, la primera ahora, antes de partir hacia nuestro hogar en las montañas, algo que debíamos haber hecho y no pudimos por la premura de la fuga. La otra misión, no me la explicó. Solo me dijo que volvería pronto y que preparara mis cuchillos y que alimentara mi fuerza, que en el camino de regreso a la ciudad me explicaría algunas cosas, entonces desapareció.

Los días pasaron lentos y amargamente tristes para mí, solo me alegraba un rato cuando podíamos cazar y bañarnos en la cascada. Los perros más jóvenes habían aprendido a corretear y a jugar, luchaban como lo que eran ahora: animales, olvidando su origen humano, sólo mi familia parecía estar consciente de lo que habían sido y de la tristeza que eso me provocaba.

Unos días después, no sé cuántos, ya el tiempo no me interesaba, producto de las funestas sombras que me llenaban la mente con su odio y sufrimiento, pensé en retomar la marcha, me sentía abandonada, pero entonces la sombra gris volvió.

Le dio instrucciones a mi hermano para que esperan solo cinco días y ella y yo volvimos a la ciudad, íbamos de noche, pero la ansiedad me consumía, ella me explicó con detalles que los cuerpos en la fosa común estaba en las afueras, pero aún quedaban diez perros encerrados que debíamos rescatar y no podíamos abandonarlos. Robé una motocicleta y ropa nueva, nunca había subido a una de esas cosas, pero después de unos kilómetros la dominaba a la perfección.

Nos acercamos al lugar que ahora estaba casi en ruinas, ya antes era un edificio viejo, pero al ver la mitad en el suelo comprendí con claridad de lo que yo era capaz, dejé escondida la motocicleta y amparada por la oscuridad de la noche, entré por la parte en ruinas, la sombra me guiaba en todo momento. Su orden era clara y precisa no podía dejar vestigios de nuestra existencia, ni de mi pueblo, ni de la mutación, los que allí trabajaban esos que se llamaban a sí mismos científicos, deberían desaparecer, no solo morir, desaparecer. Sentí la furia crecer en mí, la adrenalina hacía crecer mil calor corporal, me sentía como una bomba a punto de detonar, pero primero liberaría a los míos…

Me acerqué a la otra ala del edificio que aún estaba en pie, forcé una puerta y bajé las escaleras hasta otro sótano mucho más pequeño que el anterior; había dos celdas y en el centro camillas y estantes, vi cinco hombres, me pegué a una pared, los vi trabajar, tenían a tres de mis hermanos atados y le inyectaban en ese momento a uno de ellos, la rabia no me dejó esperar pero sabía que no podía hacer notar mi llegada, debía asegurarme que no quedara nadie vivo. Me acerqué en silencio conteniendo mi furia y les corté la garganta uno por uno, no sentía remordimiento, sólo ira y deseos de venganza, corté las ataduras de los que estaban en las camillas y abrí las celdas, eran los diez que faltaban, uno de ellos un cachorro, comenzó a aullar lleno de miedo, la sombra gris apareció en ese momento y lo calmó.

Los dejé con ella y subí las escaleras en silencio, la sombra me dijo que había más en los pisos de arriba, que terminara con todos y quemara el edificio. Me convertí en un fuerza silenciosa y mortífera, recorrí cada piso, no tuvieron tiempo de defenderse, estaban empacando todo y por lo que escuche dopaban a los perros para cambiarse de instalación por la mañana, eso me dio la seguridad que estaban todos ahí, pero faltaba uno, la sombra me lo había mostrado en mi mente, era el jefe de la mujer que había matado en la primera incursión, entonces lo vi que corría con una pequeña maleta casi llegando a la calle, salté a través del vidrio de un ventanal y le agarré por el cuello, me miraba despavorido, pero no me importó, lo arrastré adentro y en el medio del salón principal lo maté. Abrí la maleta para ver lo que llevaba, estaba llena de tubitos con sangre, la sangre de mi raza. La llevé conmigo, comprendí que no debía dejarla.

Bajé en busca de los perros, la sombra los había guiado a la boca del túnel, aplique una onda de calor y abrí para que entraran, los dejé avanzar lo suficiente y a pesar del agotamiento, mi poder era una fuerza poderosa, comencé a reír furiosa todavía y levanté mis manos sintiendo como el calor brotaba de todo mi cuerpo, quemé el lugar hasta los cimientos, solo me quedé tranquila hasta que las llamas brotaban por cada rincón y se unían entre ellas formando una gran antorcha, sólo entonces entré en el túnel y corrí con los perros siguiéndome, al igual que la vez anterior, mi calor los renovaba, corrían veloces a la libertad.

Texto agregado el 04-06-2013, y leído por 130 visitantes. (8 votos)


Lectores Opinan
2013-06-12 22:02:09 ...Realmente estás inspirada, voy a leer el final... Te felicito, un abrazo. gsap
2013-06-11 18:49:14 Sigue como debe ser. Muy bueno ***** lagunita
2013-06-06 03:25:14 Como heroe de Marvel. Cinco aullidos continuos yar
2013-06-05 15:30:28 Seguimos la historia carmen... saludos sendero
2013-06-04 23:15:17 Hermosa narrativa plena de elegancia y sutiliza. elisatab
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