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Inicio / Cuenteros Locales / Carmen-Valdes / Desde mi prisión (IV) / Sombras en la noche

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Sombras en la noche

Llegué al pueblo de madrugada, las sensaciones eran extrañas, los perros que salían a mi encuentro, no me ladraban, se acercaban a mí moviendo la cola y luego me seguían por un rato a corta distancia, en silencio. Me acerqué con precaución al callejón que daba al sito trasero del que fue mi hogar por tantos años, me apegué a las paredes para no ser vista, me encontraba casi desnuda, había robado una frazada de un patio kilómetros atrás para hacerme una especie de túnica, entré a mi casa por la puerta trasera después de saltar la vieja pared.

Todo estaba igual, sin duda mi familia se habría ocupado del lugar en mi ausencia, observé mis cambios en el espejo del dormitorio, en esencia seguía siendo yo, sólo que el color de mi cabello y de mi piel eran oscuros y físicamente me sentía y me veía más fuerte, me puse mis ropas que me quedaban muy estrechas con la intención de partir de inmediato, el espíritu había sido claro no debía detenerme por mucho tiempo en ningún lugar y me trasladaría siempre de noche, por el día descansaría a la luz del sol, para recuperar y aumentar mi energía.

Pero entonces pensé en mis tíos que vivían de junto y en mis primos, pero los saqué rápidamente de mi cabeza, aunque les dijera todo lo vivido no me reconocerían. Busqué los ahorros que me había dejado la abuela a su muerte, estaban en el escondite de la pared donde ella los guardaba, nunca había querido tocarlos hasta ahora. Algo extraño pasó dentro de mí al mirar la vieja casa, ver los muebles, las fotos en las paredes, la cocina de mi abuela, su sillón, dudé que pudiera haber en mí una vengadora o como quisiera llamarme el espíritu de la caverna, a pesar del sufrimiento del encierro, del odio que me había nacido por los que trataron de matarme, del terror y la soledad, algo en el fondo de mi me pedía algo más, me exigía algo más, sentía que no conocía toda la verdad.

Puse agua a hervir para tomar algo caliente, preparé la bañera y me sumergí en ella con un tazón de hierbas que bebí lentamente, decidí entonces que pasaría un par de noches en la casa antes de partir. Mi mente y mi cuerpo lo necesitaban. Había perdido conciencia del tiempo transcurrido en cautiverio, ¿un año quizás? Dormiría en el día y me prepararía para mi viaje de noche, la sombra gris dijo que me acompañaría.

Mi sueño fue intranquilo, había perdido costumbre del abrigo de una cama, me desperté a medio día con un hambre feroz, revisé la despensa y encontré un poco de harina, correría el riesgo, amasaría algo de pan. Me senté en el piso frente al horno admirando la maravilla del hogar. Entonces percibí mis manos y una frase del aquel espíritu oscuro se me vino a la mente, “aléjate del agua, el sol es tu fuerza”, corrí al dormitorio y me enfrenté al espejo y supe que me había engañado.

Mi aspecto después de sumergirme en el agua, se había fortificado, tuve la sensación incluso que mis músculos estaban más fuertes, tomé una decisión entonces, con la huincha de medir de la abuela, registré mi altura, el grosor de mis brazos, cintura y de mis piernas y mientras llenaba la bañera, comí algo de pan y bebí otra taza de hierbas. Preparé una mochila con cosas de viaje, envolví el pan sobrante y lo guardé. Encontré el único calzado que me servía, unas botas militares que habían pertenecido a mi abuelo, dejé todo listo y me sumergí hasta la cabeza, entonces obtuve mi primera respuesta: si el agua era mi hábitat, no era el sol lo que me había permitido vivir y cambiar, sino el agua, podía respirar bajo ella, la sensación de placentero poder me inundó completamente.

Algo me hizo abrir bruscamente los ojos y vi que se abalanzaban sobre mí cuatro sombras funestas, que al igual que la primera vez en la caverna, me provocaron total inmovilidad y sus gruñidos o alaridos no lo sé, resonaban claros en mi mente. Pero esta vez su lenguaje era amenazador, su violencia invadió mi cuerpo y me exigían obediencia, me mostraban mi primer objetivo, debía asesinarlo esa noche, antes del amanecer. Sentí como mi cuerpo era sacado del agua y expulsado hacia la entrada trasera donde había depositado mis pertrechos.

Supe en ese momento que la noche era su morada y en un acto reflejo de autodefensa mis manos proyectaron el calor y la luz que les hizo aullar alejándoles. Volvieron sobre mí con más fuerza, pero esta vez estaba preparada, mi cuerpo entero, no sólo mis manos, proyectaron una fuerza de luz que iluminó todo expulsándolos al menos por esa noche. Permanecí despierta sumergida en la bañera, el agua renovaba mis fuerzas. De madrugada buscaría a mi objetivo sin duda él me daría respuestas.

Texto agregado el 27-05-2013, y leído por 153 visitantes. (5 votos)


Lectores Opinan
2013-05-29 23:41:11 continua el misterio un abzo sendero
2013-05-29 18:44:42 Qué genialidad nos estas preparando esto se pone peliagudo, me encantan las sorpresas en los escritos. ***** Besos lagunita
2013-05-29 03:55:51 ...Se pone cada vez mejor, te sigo y te felicito por tu trabajo... Abracito para ti!! gsap
2013-05-28 01:16:05 Continúo leyendo esto, ya no puedo parar hasta saber como ser resuelve todo... gui
2013-05-28 01:01:14 esta bueno, hay que esperar el proximo capitulo, que no se demore. jaeltete
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